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El reencuentro, de Pedro Carrasco Garijo

Última actualización: 10/04/2012 19:48
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Tuve la suerte de nacer en 1977, el día de san Antón, por más señas. Por tanto bajo el signo de Capricornio y con Saturno danzando...
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El reencuentro. Pedro Carrasco Garijo. Odisea Editorial S.21

«Salí a toda prisa de todo aquello, de aquella sopa espesa con olor a tocino rancio en la que me habían estado cocinando«. Página 10. «Si hubiera existido, seguro que no se me habría olvidado, ya que el miedo es la sensación que mejor se recuerda o, dicho de otra forma equivalente pero más dañina, la que peor se olvida«. Páginas 30-31.

 

«Mi madre siguió hablándome de espaldas haciendo sus gestiones en los fogones. Sólo noté una mayor rigidez en su anciana espalda cuando el sujeto principal de la conversación pasaba a ser mi padre. La verdad es que me era muy familiar. Mi padre siempre había sido el elemento principal insertado a escoplo en el centro gravitatorio de la familia«.Páginas 60 y 61.

 

La novela plantea la historia de un niño de pueblo del norte de España que se enfrenta a su despertar sexual marcado por los dedos que lo señalan como «marica/maricón» antes de que él sepa exactamente a qué se refiere el término.

Se desarrolla sobre la originalidad de contar lo sucedido en dos grandes bloques que son cronológicamente inversos a cómo sucedieron los hechos, esto es, primero ese niño es un hombre adulto, asentado en Nueva York, como guionista; y en la segunda parte lo veremos en el entorno escolar y familiar cuando aún no sabe ponerle nombre a su orientación sexual, aunque sí notar el carácter peyorativo, el insulto contenido en el vocablo con el que le designan sus compañeros de clases o los padres de estos. De esta forma se aborda lo que sin duda ha sido una realidad olvidada por gran parte de los «ideólogos» o teóricos de la homosexualidad.

Centrados en lo que sucedía en las grandes ciudades, punteras en la consecución de derechos y reconocimiento social, posibilidades, crecimiento, trabajo y desarrollo, los sociólogos e investigadores se han dejado atrás los pequeños o grandes dramas de una inmensa población rural con un acceso a la información limitado y una atmósfera opresiva, auténtica realidad de Gran Hermano que el anonimato de las ciudades ha permitido ignorar durante las últimas siete u ocho décadas. Por tanto les ha quedado a los narradores un terreno abonado para esas existencias atormentadas, o cuando menos difíciles, de los que fueron diferentes en entornos muy pequeños, con ideas aún más conservadoras, es decir, tradicionales, en muchos aspectos, de lo que eran en las ciudades. Por este lado El reencuentro tiene un punto de partida interesante, casi diría elogiable, pues puede que sus lectores se percaten de cuán «fácil» ha sido su vida en comparación, y sobre todo se planteen los problemas a los que aún se enfrentan los moradores de pequeñas localidades y por extensión a toda aquella inmensa parte del planeta donde el desarrollo del capitalismo occidental y su «tolerancia» aún no ha llegado (y no se sabe si llegará).

El autor, a lo largo de las páginas del libro, rinde homenaje a algunas obras, y en general a la Literatura y al bello acto de la lectura en sí. No sólo porque el protagonista escapa de su realidad cotidiana gracias a los libros, o porque se genere una camaradería entre los que prestan y regalan libros, sino porque eso es lo que da una salida en el futuro al protagonista, rechazando las acusaciones de la inutilidad e incluso de insalubridad mental que se achaca a la lectura por parte de algunos de los personajes de la obra. Y si bien el mundo del guionista que reside en la capital del mundo contemporáneo y posmoderno apenas se dibuja con unas pincelas (casi diría que se echa de menos un poco de desarrollo de la vida positiva que lleva el protagonista, reconocido, liberado, y en un entorno tolerante o al menos donde no esconde su sexualidad, y sobre todo por lo que de interesante pudiera tener esa realidad en la que se supone se desarrollo) no es menos cierto que sigue persistiendo en él un pasado que no ha conseguido sacudirse de encima, una opresión que se mantiene en su interior. El niño dolido y lleno de preguntas continúa en nuestro protagonista. Interesante incursión en un tema que puede dar mucho de sí, como es la homosexualidad en los pueblos, lo que ha sido en la España pasada y lo que, con todos los avances ocurridos, puede ser hoy. Donde faltan las fuentes documentales y los estudios (que empiezan a surgir tímidamente y a base de testimonios orales) quizá la narrativa tenga mucho que decir todavía.A pesar de todo ello se observa una narración en exceso sencilla, donde las observaciones sobre el idioma y las intromisiones (escasas) del autor, no quedan muy justificadas siendo el relato fácil, rodado. Quizá peca en exceso de obviedad, donde hubiésemos querido encontrar un análisis más profundo de la psicología de los personajes, e incluso del entorno. Es decir, una densidad y belleza narrativa como la de Fiesta al Noroeste, ya que el tema podría haber provocado momentos de igual intensidad emocional.

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Tuve la suerte de nacer en 1977, el día de san Antón, por más señas. Por tanto bajo el signo de Capricornio y con Saturno danzando alrededor. Desde muy pronto me sentí atraído por las sirenas de las palabras y garabateé hojas y libretas. Desde entonces he estudiado cosas variopintas y trabajado en profesiones extrañas y corrientes, pero siempre ha permanecido la Literatura. Publíqué en septiembre de 2004 "Epitafio del Ángel", novela corta sobre las vidas contemporáneas en punto de metamorfosis. Entre otros temas estaban la colisión generacional (incluso la cercana), la endometriosis como enfermedad maldita, los errores, y la experiencia trágica de la muerte inesperada. Desde hace algunos años he colaborado con algunos medios como las revistas "Mundo Joven" de Fundación Triángulo, "Gehitu Magazine" de la mano de Á“scar Hernández, "Eccus", "Adiós", "Iguazú" o "Generación XXI" y su continuación "Generación.Net". Entre otros lujos he tenido la ocasión de entrevistar a Luis Antonio de Villena, Octavio Aceves, Espido Freire, Juan Manuel de Prada, Nuria Rita Sebastián... y de publicar junto a fotógrafos como Eduardo Fernández. Me he decidido a participar en este proyecto por invitación de Raúl Tristán y espero poder aportar visiones gratificantes y artículos que inviten al placer de la lectura y al dolor de la reflexión.
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