innovaciones y nuevas ideas en política fiscal

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He estado leyendo algunos interesantes artículos que debo comentar porque las conclusiones son interesantes, uno en Worthwhile Canadian Iniciative donde se trataba la cuestión de los impuestos, en consonancia, con el artículo de Paul Krugman visto en el país sobre las similitudes de la crisis de empleo de Estados Unidos con la crisis canadiense en la década de los 90′. Para los no entendidos, los canadienses, por cierto, al igual que en Japón, sufrieron una crisis profunda en los 90 con desempleos crónicos por encima de lo deseable -aunque nunca como España, somo caso único-.

El primer artículo trataba de encontrar la relación más favorable para incrementar los incomes del gobiernos mediantes los impuestos. La tesis se centraba en la reducción de las tasas totales, porque promueve un crecimiento económico que incrementa a su vez el número de trabajadores y, por tanto, de contribuyentes, también por el número de empresas. Sin embargo, se apunta el dato que, con la reducción de las tasas la gente pierde el incentivo de trabajar más horas porque no necesita tanto dinero, por ejemplo, para hacer frente a los pagos de la hipoteca o bien para dedicar más tiempo al ocio. Eso, a su vez, como añado yo, puede ser bueno para el incremento del empleo al no acaparar tantas horas de trabajo cada trabajador. Pero, por contra, el equilibrio no tan simple, los empresarios tienden entonces a reducir los salarios porque contratar más es más caro que pagar las “horas extra” de varios trabajadores. Hay qae calibrar pues, donde queda el equilibrio, para los trabajadores con precios más bajos pero menos sueldo y menos horas de trabajo.

En tanto a las tasas altas en los ricos existe el problema de que éstos abandonen el país o, más fácil, tributen en otros países con impuestos más reducidos como cuenta el caso de los integrantes de la banda Rolling Stones cuyos impuestos se pagan en Holanda, no en Reino Unido:

But, as the NY Times reports “over the last 20 years, according to Dutch documents, the three musicians have paid just $7.2 million in taxes on earnings of $450 million that they have channeled through Amsterdam — a tax rate of about 1.5%, well below the British rate of 40%.” There is no way that the British could lure the Rolling Stones back without providing even more generous tax treatment.

Esto, igual en España, se ve como no se ha tocado a los segmentos de la población con ingresos reales más altos por ese temor, de hecho, con el gobierno de Zapatero se redujeron los impuestos a los ricos mediante la eliminación de figuras tributarias como puede ser el impuesto del patrimonio o, por vías como las exenciones a las SICAV. Con el actual gobierno se ha incrementado de forma simbólica el IRPF de forma progresiva pero a las rentas más altas apenas se le afecta porque sus mayore ingresos no provienen de los salarios convencionales sino de los capitales, no gravados de la misma forma. Ese “agujero” siempre ha existido cuyas consecuencias redundan en que la presión fiscal vía impuestos directos afecta sobremanera a las clases medias y la progresividad se pone en entredicho o se restringe al grupo tan camaleónico de las clases medias.

Roger Senserrich ha escrito que es posible otros sistemas tributarios basados en gravar el consumo en relación a las rentas. De manera que, por ejemplo, los bienes de lujo tengan tipos impositivos de hasta el 100% y los bienes de más necesidad, básicos, muy bajos y hasta nulos; a la vez eliminar la figura del IRPF por los errores antes comentados en su eficacia. En este caso supuesto, los ricos estarían incentivados al ahorro y su consumo contribuiría adecuadamente a las arcas públicas y a la política contributiva. Ese ahorro de los ricos no es malo porque, en las empresas, podría dedicarse a la inversión y no en dividendos a los accionistas como es usual, de forma que la actividad económica es estimulada e incentivada por la política fiscal de forma sutil.

Pero con el modelo convencional de la bajada de los impuestos como el inédito propuesto por Roger, tenemos el problema de si no tenemos preparada la estructura, es decir, las condiciones básicas e imprescindibles para la creación de actividad económica como son las infraestructuras, la formación de los trabajadores, las comunicaciones, etc. La inversión es rentable y es incentivada cuando las condiciones se cumplen pero, como se señala en el WorthWhile Canadian Iniciative, podría hasta ser un suicidio político el hecho de verse forzado a desproteger los servicios públicos básicos y/o no tener posible capacidad pública de inversión en los rudimentos de la actividad económica, con lo cual ésta es ineficiente o, por el lado del deterioro de los servicios públicos, los precios de los mismos en el sector privado, más caros, mermarían la capacidad adquisiva y, en consecuencia, la ventaja de los impuestos bajos. En el caso de los impuestos por el consumo, aparece una paradoja y es: nadie estaría dispuesto a ahorrar demasiado porque comprarse artículos de lujo es demasiado caro pero consumir artículos “normales” en cantidad también es más tedioso al bolsillo; si se le añade que el balance de los ingresos estatales no es suficiente -tasa de ahorro medio alta- o se tiende a consumir muchos artículos poco gravados -bajos ingresos-, al final, el consumo de los servicios públicos retornaría a lo privado con la reducción de ese ahorro y de la “ventaja” de este tipo impositivo.

Para nada estar claro pero sí que los impuestos, muchos ahogan el consumo y la inversión pero pocos conllevan el mismo efecto, de otro modo. Las salidas están, creo yo, en la revisión de las figuras tributarias más que en el movimiento de las tradicionales como el IVA o el IRPF. Ahora, en tiempos de crisis con la deuda y de merma en los servicios públicos se comprueba como la eficacia, eficiencia y dirección o incidencia de las tasas toman un papel crucial en recuperar el Estado, el crecimiento y el bienestar, como última consecuencia.

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