Sociopolítica

Cinco principios revolucionarios

En estos tiempos de máxima incertidumbre tanto acerca del presente como del porvenir, quienes acuden a las oficinas de empleo se ven burlados; quienes acuden a los sindiatos salen decepcionados; quienes buscan refugio en partidos políticos de la llamada izquierda encuentran división, enfrentamientos y fanatismo arcaico; y quienes acuden a las Iglesias ven que estas se quedan con sus impuestos como un avaro banquero más y dan la espalda a los que reclaman bienes, justicia e igualdad. En este mundo no solo se desmoronan la economía,y el bienestar, sino la credibilidad en todo tipo de instituciones. Y por vez primera comienza el despertar de muchos a la conciencia espiritual, no como el madero del naúfrago,sino como la sospecha de que debe existir otro camino para salir del caos en que nos hallamos, un camino espiritual capaz de transformar el mundo social y la convivencia entre personas y naciones.

Este despertar espiritual debe basarse en aspiraciones comunes a todos nosotros, a viejas aspiraciones que nunca vemos cumplidas: Libertad, igualdad, unidad, fraternidad, justicia. Estos cinco principios en su totalidad sólo han sido proclamados por el cristianismo originario, cuyas primeras comunidades los llevaron a la práctica, aun amenazados de muerte.

El cristianismo originario no es el de las instituciones eclesiásticas que utilizan el nombre de cristianas. Estas han desvirtuado, negado y pisoteado de tal modo las enseñanzas de Cristo, que las han pervertido. Con su modo de actuar contrario a las leyes divinas, la Iglesia dejó muy pronto de ser cristiana. El cristianismo originario, a diferencia del de las iglesias, es un cristianismo práctico, sencillo, sin templos, sin jerarquías, sin ataduras de ningún tipo. Es el cristianismo de la libertad y el camino del amor basado en los Diez Mandamientos y en el Sermón de la Montaña que predicó Jesús. De esos sencillos principios tomaron prestado lo que les interesó algunos movimientos sociales supuestamente revolucionarios a lo largo de la historia, pero estos hicieron lo mismo que las iglesias y fueron igualmente manipulados, invertidos fanatizados y convertidos en sectarios.

Libertad

Libertad es poder elegir. Se opone al fanatismo que impone, niega el poder elegir y ata para dominar. El enemigo de la libertad quiere dominar , atar y separar para beneficiarse de los que domina, separa y ata.

Quien es libre no resta libertad:la favorece en los otros porque aspira a que sean libres. En la libertad de los otros ve realizada su propia libertad.

El libre es altruista. No acapara nada de otros en beneficio propio: ni siquiera su atención o su tiempo. Nunca pretende imponer una idea por excelente que le parezca. Propone, sí; expone, pero no intenta arrastrar a los demás a su propio criterio. El libre no predica, no adoctrina, no entra en polémicas intelectuales ni en enfrentamientos personales con quienes piensan diferente. Dice lo que piensa si está convencido de ello, pero ni quiere vencer ni convencer, pues respeta el libre albedrío de cada uno.

A diferencia del fanático, es tolerante y lucha a diario contra sus defectos, que son sus carceleros. A diferencia del intelectual, procura vivir lo que piensa y lo que dice.

Igualdad

Igualdad es unidad, conciencia de que el otro y yo somos uno, parte del Uno divino. El que vive la igualdad busca la relación horizontal que se opone a la verticalidad jerárquica del pensamiento de las instituciones y de la vida social. Rechaza el principio de jerarquía social o religiosa y de imposición legal sobre la conciencia espiritual y no se somete a leyes que la contravengan. Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios,pero siempre que el César no quiera suplantar las leyes divinas con las propias y estas vayan contra Dios. En este caso, la insumisión es lo correcto. La idea prevalente es : el otro y yo somos uno, y nada nos separa excepto aquello que es contrario a Dios y no hemos conseguido desterrar de nuestra vida:nuestros programas del yo humano inferior.

Fraternidad

El sentimiento de igualdad en la unidad conduce al sentimiento de fraternidad, así como este lleva al de igualdad, pues en cada uno de los cinco principios están contenidos los otros.

Desde el sentimiento de fraternidad se desea al semejante todo cuanto pueda ser bueno para él, y llevando a la práctica la Regla de Oro cada uno trata a los demás como desea ser tratado. Se opone así a la ley del Ojo por Ojo y a la guerra.

El sentimiento de fraternidad es incluyente y no excluyente. Es tolerante la fraternidad, no impositiva. Es amable y respetuosa; no despectiva. Por tanto es opuesto a toda forma de explotación, abuso, coacción o violencia intelectual, moral o física.

Desde la hermandad se comparte y no se acapara, se apoya la justicia hacia el otro y no se abandona al caído.

Unidad

La misma conciencia de la fraternidad conduce al sentimiento de la Unidad: el otro y yo somos uno en el Uno, el Dios Padre-Madre. Por tanto quien vive en la conciencia de la unidad practica a la vez de un modo natural las otras cuatro virtudes, todas ellas expresión de la justicia y del amor divinos. Quien vive en el sentimiento de unidad está a favor de la naturaleza , y nunca ejerce violencia ni atenta contra el mundo animal, el vegetal o el mineral, pues en ellos se manifiestan las leyes cósmicas divinas y el principio sagrado de la vida.

Justicia

Es justo quien respeta la justicia divina expresada en los Diez Mandamientos dados a Moisés y en el Sermón de la Montaña de Jesús el Cristo, de donde emanan los cinco principios que estamos analizando, y no -como algunos piensan aún- de la Revolución Francesa, que primero los extrajo de la fuente para luego reducirlos, invertirlos y degenerarlos.

Las leyes divinas son leyes son universales, invariables y eternas, pues proceden del Eterno que es Universal, Invariable, Eterno y Justo. El Derecho nace del ego humano, que es variable, parcial,transitorio y poco proclive a la justicia.

La Justicia nada tiene que ver con el Derecho,pues el Derecho consagra la división,sustituye el concepto de fraternidad por el de ciudadanía, legaliza la opresión del fuerte y rico sobre el débil y desheredado, y por tanto legaliza la desigualdad y la injusticia. Así también niega el principio de libertad a unos para asegurar el beneficio de otros, lo que origina una cadena casi infinita de injusticias. Tampoco se detiene ante la vida, pues legaliza las penas de muerte en cuya aplicación destacan precisamente los países más poderosos, incluidos algunos de los que dicen defender los derechos humanos y sin embargo practican la tortura física, mental o emocional y organizan guerras para supuestamente defender aquellos principios.

El resultado de todo ello es injusticia acumulativa, atropellos,violencia que genera violencia de los damnificados y llena los tribunales de jueces y acusados en procesos que se suceden y son toda una industria para abogados, notarios, jueces y personal auxiliar. Así mismo se justifican por el Derecho actuaciones de las llamadas fuerzas del orden que nada tienen que ver con la justicia ni el orden divino, pero mucho con los intereses de minorías encumbradas y de instituciones que las representan y defienden. Estas minorías y estas instituciones están unidas por el deseo de tener, y promueven leyes del tener, al contrario que la Justicia divina que sirve a Dios,al Ser,  la fuente del auténtico orden y la verdadera Justicia.

 

 

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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