Ejército de reserva industrial

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Del motor del crecimiento y el ejército de reserva de parados

Vivimos en una gran paradoja, ¿cómo puede haber recesión sobre una bolsa de pobreza cada día más inflada? ¿Acaso la bolsa de pobreza, en un mundo pletórico de recursos, no debería ser un motor de creación de riqueza, si millones de pobres pudieran consumir?

Para que haya crecimiento económico y social deben darse tres condiciones: la primera, nuevas innovaciones científico-técnicas, la segunda, consumo popular y nacional y la tercera, lucha de clases o cuando menos, en versión moderada, defensa de la mejora y ampliación del poder adquisitivo de los trabajadores. Y los trabajadores, contra los intentos ideológicos e interclasistas de confundirlos con la clase media para desmovilizarlos, no serán nunca clase media porque carecen de la propiedad de los medios de producción ya que sólo poseen su fuerza propia de trabajo. Esa que es imprescindible para crear riqueza.

Pues bien, con estos tres elementos: innovaciones tecnológicas, consumo popular y lucha por elevar el poder adquisitivo, se construye el motor de la economía. En España, sin embargo, estos tres elementos están no sólo paralizados sino, lo que aún es peor, bloqueados, porque la derecha no quiere y la izquierda no sabe cómo crear riqueza.

A la derecha le ha venido como anillo al dedo la actual situación de recesión por dos razones: porque está recapitalizando el capital privado- nunca debimos olvidar que la democracia, que establece la coexistencia de clases antagónicas sobre la protección de la propiedad privada de los medios de producción, es un sistema de explotación económica- y porque mantiene un ejército de reserva de parados gracias al cual presiona sobre los obreros activos para que éstos acepten, como cordero que va al matadero, rebajas en sus nóminas, en su calidad de vida y en el ejercicio de sus derechos individuales.

Se oye en ambientes de parados y de activos que están dispuestos a asumir rebajas salariales, a trabajar más horas y a renunciar a sus vacaciones con tal de conservar su puesto de trabajo o de arrebatar al que trabaja el suyo por menor coste. Están enfrentando a los trabajadores contra los trabajadores. Y nos limitamos a contemplarlo como si estuviéramos en el Coliseo romano. En otro momento será necesario decir contracorriente que el trabajo lejos de dignificarnos nos embrutece, que lo que nos dignifica es la libertad, la felicidad, el placer, el ocio y la capacidad de pensar y de crear por nosotros mismos.

Se nos olvida que el capitalista en su esencia trata de obtener el máximo de beneficio con el mínimo de costes sociales y salariales. Que no existen capitalistas buenos y capitalistas malos. Se nos olvida que cuando esta brutal explotación no la ponen en práctica no es porque no esté en sus entrañas sino porque no se lo permiten el miedo a la revolución, amenaza que hoy, desaparecido el bloque comunista, que para algo sirvió, ya no sienten o la lucha obrera. El capitalismo no ha cambiado de objetivos, los aplica en función de la correlación de fuerzas socio-políticas.

En este nuevo escenario de la pos-guerra-fría en el que  estamos asistiendo a la recapitalización y realización de beneficios, la bolsa es la muestra más evidente, mientras falle la mayor: el motor del crecimiento, permaneceremos estancados y bloqueados. Ahora bien, ¿con qué impulsos podría ponerse en marcha el motor?, suponiendo que el capitalismo financiero se decidiera, para bloquear una potencial amenaza social en toda Europa, a ponerlo en marcha.

Si el motor de la economía fuera el consumo, podría ser tan sencillo, keynesianamente hablando, como elevar el poder adquisitivo de los trabajadores para que tiraran de la economía, pero ¿cómo se aumenta el poder adquisitivo en una economía capitalista sino aumentando la producción, la productividad y el número de consumidores? Luego, lo primero que habría que impulsar es la producción y la productividad para, a continuación, reduciendo la jornada laboral, la de 8 horas hace poco más de un siglo que se la marcó como objetivo la IIª Internacional, incorporar millones de parados-consumidores al proceso productivo. Este impulso, como ya ocurrió en la Primera Guerra mundial y al finalizar la Segunda, deberían darlo los gobiernos volviendo a recurrir a la planificación e intervención económica, cuyo principal enemigo hoy son quienes, gracias a la crisis y a las inmensas bolsas de pobreza que está creando, son más ricos, los partidarios del laissez-faire más salvaje contra la más tímida economía social de mercado. Estos son quienes quieren privatizarlo todo poniendo fin al Estado-Sociedad de bienestar. La crisis les viene como anillo al dedo para avanzar, desvergonzada y arrogantemente como los panzers nazis, hacia sus demoledores objetivos.

Existe, no obstante, otra alternativa que aún no siendo en sí misma una innovación tecnológica, sí puede asociar la innovación de nuevas e importantes tecnologías para reducir el coste de producción y ofrecer superior calidad, la construcción puede volver a ser el motor del crecimiento siempre que se le dé un tratamiento de vivienda social y de segunda vivienda social para millones de trabajadores europeos. Pero, también en este caso, el gobierno debe recurrir a la planificación económica y promoción nacional e internacional y arrancar esta política de viviendas como si las que existen no existieran. Obligarían a éstas a reducir sus precios y nos obligarían a cambiar de mentalidad sobre la vivienda como un valor constantemente al alza en lugar de como un lugar para vivir y después ya se revalorizará, pasados muchos años. O esto o estancamiento.

A la espera de lo que ocurra con las nuevas tecnologías energéticas, que podrían llegar a ser el motor revolucionario del crecimiento, en España el único motor de crecimiento que hemos tenido ha sido la construcción de viviendas. Es tan sencillo de probar esta afirmación como que la construcción se desplomó cuando un nivel de coste inaccesible para quienes las necesitan para vivir y no rentable para quienes especulan con ellas.

Y al desplomarse la construcción arrastra en su caída a miles de puestos de trabajo indirectamente relacionados con ella. Si no aceptamos esta dinámica de la realidad económica y social permaneceremos bloqueados y estancados hasta que las innovaciones tecnológicas de otros países, que están por ver, nos lleguen.

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