Emborracharse leyendo

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Regresaban de la montaña después de haber incinerado al anciano maestro y aventado sus cenizas a los cuatro puntos cardinales, y estaban sentados junto a bajo un espléndido castaño saboreando unas manzanas que les había regalado un niño, cuando Sergei se dirigió al Maestro:

– Venerable señor, ¿cómo puedes ir tan tranquilo después de lo que ha sucedido?

– ¿Y qué ha sucedido, Sergei, como para que pueda sentirme intranquilo? Un día, le preguntaron al maestro sufí Uwais, “¿De dónde sacas la energía que te anima?” “Quizás de que, cuando me despierto por las mañanas, no me siento seguro de vivir hasta la noche”. “Pero, Maestro, ¿acaso eso no lo saben todos los hombres?” “Por supuesto que lo saben, pero no todos lo viven.”

– Maestro, siempre me respondes con historias pero no me explicas su significado.

– Pásame esa manzana, Sergei.

– ¿Esta, Maestro? Pero si la iba a comer y tú tienes un cesto delante de ti.

– Es para masticarla un poco y después dártela para que te la comas.

– No entiendo.

– Ay, Sergei, ¿has visto a alguien que se emborrachara comprendiendo el significado de la palabra vino?

J. C. Gª Fajardo

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