El laboratorio griego

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Hitler conquistó el poder, entre otras cosas, porque fue el único que garantizó lo que más precisaba el pueblo alemán, orgullo. El país había capitulado tras la Primera Guerra Mundial pactando unas condiciones imposibles que la hipotecarían prácticamente durante todo un siglo. Con el Tratado de Versalles, el derrotado pueblo alemán, asumía algo más que un descenso de categoría en el concierto mundial; formalizaba su «humillación» ante el mundo. Loco pero astuto, Hitler rompió todo aquello porque supo devolver el orgullo al pueblo.

El laboratorio griegoEl bipartidismo ha quebrado en Grecia. 50 diputados extras regalan los dioses al vencedor, para garantizar un alternancia eterna entre conservadores y socialdemócratas y ni aún así, ha sido posible mantener en pie el Sistema. La socialdemocracia del PASOK se ha visto superada por la “Izquierda Unida” griega, mientras que los nuevos nazis entran fuertes dispuestos a que nadie más se ría de ellos; dispuestos a devolver el orgullo a su país. La Hélade lleva mucho tiempo sufriente y humillada. Es cierto que los propios griegos tienen una gran responsabilidad en la edificación fallida de su Estado, pero ello no esconde el tratamiento de shock que ha llevado al Coma al enfermo, sabiendo que eso es exactamente lo que sucedería. Todo se reduce a que los griegos paguen la bola de nieve de su deuda sin contar con ellos, porque de eso trata la política seria y en mayúsculas de nuestros políticos, y porque al ser varios millones de griegos, no importa demasiado cuántos queden en el camino, mientras siga existiendo una bandera y un parlamento que no arda, aislado por el ejército.

Los nazis helenos apenas han gastado en publicidad electoral. Su campaña se ha traducido en  una rebelión silente boca a boca y en visitar los barrios más castigados para repartir comida. También acompañan a los jubilados a los cajeros para que puedan sacar su dinero sin que sean asaltados por quienes ya viven en ellos. Los suicidios, «accidentes» y las muertes en extrañas circunstancias, escondidas por la Prensa, se cuentan en Grecia por decenas cada semana. Al pueblo no le queda nada, y cuando nada queda, lo único que toca es que alguien exhale con orgullo el “que se jodan ellos”. Se trata de gritar un último “Viva Méjico”. Al nazismo sociológico, se suma pues, un nazismo social (o de consecuencia capitalista). En Grecia comenzó a escribirse la historia hace 2.500 años y hará mal la socialdemocracia europea en depositar todas sus esperanzas en Hollande e ignorar a los aqueos.

Mientras el pacman mercantil va devorando los vagones del convoy europeo, la ideología parece haber quedado reducida a la última trinchera, a la defensa del mínimo bienestar. Ya sólo se discute sobre el reparto de los peces, no sobre las artes de pesca. La necesidad de una Banca Pública, el papel del BCE o asuntos más mundanos como una nueva ley hipotecaria, por ilustrar algún ejemplo, ni se mencionan. Durante mucho tiempo se habló del complejo democrático de la derecha. No sería justo dejar de señalar el empacho de una socialdemocracia que ha tratado a los bancos y a la Iglesia como pocos. O ésta comprende en bloque en Europa, que lleva años acomodada, presa del tótem y el tabú, o las resultas del laboratorio, como en las películas, pueden acabar propagando la epidemia fatal.

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