Cultura

Arte Rupestre. Cueva de Tito Bustillo y Cuevona de Ardines

 A lo largo de los años he intentado visitar las cuevas de arte paleolítico de Tito Bustillo y la Cuevona de Ardines pero bien por estar cerradas al público o al estricto sistema de visitas que necesita de cita previa, no  había podido cumplir mi objetivo de admirar estos yacimientos rupestres, patrimonio de la humanidad, que se encuentran en Ribadesella.
En esta ocasión de un nuevo viaje al Principado he tenido especial cuidado de cumplir los requisitos, necesarios por otra parte para preservar el tesoro que esta tierra esconde en el Macizo de Ardines y a la hora asignada, con la pertinente ropa de abrigo y el calzado apropiado, estaba en la edificio de recepción y entrada a las cuevas. Las entradas a Tito Bustillo y la Cuevona tienen accesos distintos. En grupo de 15 personas y acompañados por un guía especialista hemos cruzado el umbral bajo la cornisa pétrea que lo mimetiza. Esta entrada recorre un túnel  artificial excavado para facilitar el acceso de los visitantes, tiene unos 50 metros y es el extremo opuesto a la entrada original que como consecuencia de un derrumbe  está cegada. A través de la débil iluminación, que en opinión del guía es incluso excesiva, penetramos en un mundo en la que oscuridad esta cuajada de sorpresas. Es tanta la penumbra que los ojos sólo atienden a los propios pasos. El suelo mojado y resbaladizo, con incierto perfil, no permite un tropezón o un descuido. La duración de la visita obliga a una cierta prisa pero quien puede dejar libre a su imaginación es capaz de  resolverlo. Las sorpresas van apareciendo a la luz de la linterna de Miguel, el guía; primero el Entronque con un bien visible caballo violeta, luego el nítido sonido del agua que discurre bajo el suelo y que es la corriente del río San Miguel. Al final, el Panel Principal, una de las cumbres del Rupestre. Este conjunto presenta pinturas superpuestas sobre otras más antiguas. Hablamos de un periodo que va desde el Gravetense al Magdaleniense, entre 30.000 y 10.000 años A.C. y el cromatismo cambiante en función de los periodos  confiere a este conjunto de casi un centenar de figuras la excelencia por su espectacularidad entre el resto de yacimientos de la Cornisa Cantábrica.
La cueva tiene una única galería de 700 metros, en la que se abren salas anexas. La visita no recorre estas salas por su dificultad de acceso ya que algunas sólo pueden cobijar dos o tres personas. A destacar el Camarín de las Vulvas, llamado así por las representaciones esquemáticas del órgano sexual femenino y los Conjuntos de la Galería Larga, con la Mano en Negativo, la Galería de los Bisontes, la de los Antropomorfos y los grabados de distintas especies animales.
Durante 45 minutos se nos ha dejado intuir el secreto de la vida. Los artistas del Paleolítico fueron capaces de definir con unos trazos sabios y genuinos su afán de superación como especie. Esto es, la evolución. Con la supervivencia caminaba parejo el arte, quizá expresión espiritual para calmar a sus fantasmas y a sus miedos; quizá como rito para honrar a la Madre Tierra. Los artistas que pintaron estos recónditos rincones demostraron que la idea de la belleza no se diferencia de la que sienten los artistas modernos. Su herencia trasciende el tiempo.
La otra cueva, La Cuevona de Ardines, la visitamos por la tarde. Para llegar a ella se ascienden 300 escalones pero no hace falta decir que merece la pena. En esta cueva no se han encontrado pinturas; recientemente fueron descubiertos vestigios, simples líneas paralelas incisas en la roca pero la magnitud de la gran cámara le otorga por si misma la categoría de obra maestra de la Naturaleza. Al contrario de lo que se supone los pobladores del período Paleolítico no habitaban en cuevas. Eran nómadas, cazadores y recolectores y aprovechaban los abrigos naturales al aire libre. Sin embargo la Cuevona sí que fue habitada por el simple motivo que en la bóveda de la cámara existe una abertura que deja entrar el sol, facilitando la habitabilidad. En nuestra visita un poderoso haz de luz descendía como un potente foco dando a la cueva un aspecto mágico e irreal. Se cree que por ese enorme boquete podía precipitarse algún cérvido ya que en una zona apartada se han encontrado un pozo con numerosos huesos y conchas de moluscos marinos. El basurero, como lo llamaríamos ahora. La gente primitiva nos demuestra que no lo era tanto a la vista de las costumbres constatadas.
Para cerrar esta inolvidable experiencia, acudimos al Centro de Arte Rupestre “Tito Bustillo”.
La cueva de Tito Bustillo es uno de los conjuntos rupestres más importantes del Arte Paleolítico. La dificultad que presenta la visita de varios de sus conjuntos artísticos y la necesidad de conservar el excepcional patrimonio que contiene motivaron la apertura del Centro de Arte Rupestre de Tito Bustillo.
A lo largo del recorrido por la exposición permanente, los visitantes podrán conocer cuándo se produjo el descubrimiento de la cueva, su valor geológico, quiénes la habitaron y cómo son las muestras de arte rupestre que conserva en su interior.
Muy interesante y necesaria visita que hace comprender la importancia de estos tesoros de nuestro pasado
 
 

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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