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Ádolos por los suelos

Última actualización: 29/06/2012 13:12
JavierAguirre
JavierAguirre
JavierAguirre
PorJavierAguirre
(Logroño, La Rioja, 1945). Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid. Pertenece al Cuerpo Facultativo de Archiveros y Bibliotecarios del Estado. Fue...
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Tal vez sea su condición: caer del pedestal. Están demasiado a la vista y directamente expuestos a los vendavales de la vida. Despiertan admiración, a veces boba y catatónica, pero también envidia y malquerencia. No hay muchos ídolos perdurables. Fácilmente muestran su fragilidad y pierden el favor del público.

Hay ídolos efímeros por su propia naturaleza, como los artísticos y los deportivos. En cuanto los primeros dejan de aparecer en los medios, son rápidamente olvidados y sustituidos. El público idolátrico es voluble, propenso a la novedad, conceptualmente débil y emocionalmente infiel. Si se trata de los deportistas, en individual o en equipo, su estima dependerá de los resultados, no del esfuerzo para conseguirlos.

Los ejemplos se multiplican en ambos casos. Cada cual puede activar su memoria y elaborar largas listas de ídolos caídos a lo largo de los años. Es lamentable el olvido, aunque natural; lo verdaderamente trágico es el desplome del ídolo desde su pleno pedestal cuando se le descubren de repente fallos, trampas, mentiras o contradicciones difíciles de justificar.

Reconozco que  no soy muy dado a las idolatrías de ningún género. Admiro el esfuerzo más que los resultados, cuando lo primero es perceptible. Pero no apuesto en firme por nadie encumbrado por razones tan simples como haber ganado una carrera o un torneo. Están ahí, al viento del análisis, al albur de las circunstancias. A poco que se hurgue en su trayectoria, no será difícil encontrarles resquicios feos, puntos oscuros.

Aterrizaré. En los últimos tiempos me han confirmado su caída del pedestal cuatro deportistas de renombre: tres ciclistas y un tenista (o cuatro deportistos de postín: tres ciclistos y un tenisto, si atendemos a las furibundias que abogan por eliminar el machismo del lenguaje). El primero en caérseme fue Indurain, incluso antes de que la prensa y los aficionados elevaran su podio a la dimensión de altar. En las hemerotecas figuran sus declaraciones tras los primeros triunfos rechazando ideas como la de  ‘representar a España’, afirmando que pasaba de eso; la cosa olía a tufillo con trasfondo político. Alguien debió advertirle de que así no llegaría a convertirse en un ídolo nacional, y no volvió a mencionar el tema. Lástima convertir en categoría la anécdota del sitio donde uno nace. ¿Sería distinto el personaje de haber nacido mil kilómetros al norte o al sur, al este o al oeste?

El segundo y el tercer desplomes, casi a la par, han sido Armstrong y Contador, de la misma profesión, en el candelero por la sospecha de dopaje. A pesar de la precautoria máxima ‘in dubio pro reo’, su  imagen ha quedado dudosa para siempre. Ya hay periodistas intoxicadores que andan repartiendo entre los segundones los Tours que ellos ganaron.

La última caída le ha tocado a Nadal. No cabe duda de que es un buen chico, de que se esfuerza, de que controla sus impulsos, de que no rompe raquetas contra el suelo, etc. Está bien dirigido, bien aconsejado. Menos en el tema de los relojes. Si es cierto, como dicen, que le robaron un cuentatiempo de 300.000 euros, mi idolatría es imposible. ¿300.000 euros en este mundo, en estos años, por mucho dinero que uno gane en un torneo? Tema largo para el debate.

Por mi parte confieso la decepción. Creo que le hubiera bastado con algo menos, que hubiera llegado igualmente puntual a los entrenamientos y a las pistas consultando en su muñeca un reloj de… pongamos 290.000 euros.

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JavierAguirre
PorJavierAguirre
(Logroño, La Rioja, 1945). Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid. Pertenece al Cuerpo Facultativo de Archiveros y Bibliotecarios del Estado. Fue director-gerente de Ediciones Albia (grupo Espasa-Calpe), en Madrid; y director de la Biblioteca Pública del Estado y del Archivo Histórico Provincial en Teruel . En la misma ciudad desempeñó el cargo de Director Provincial de Cultura y Educación durante la primera legislatura autonómica (1983-1987). Posteriormente fue jefe del Servicio de Archivos, Bibliotecas y Museos del gobierno de Aragón. Es miembro del Instituto de Estudios Turolenses . Ha publicado más de sesenta trabajos (libros, ponencias, artículos, etc.) de carácter profesional, destacando Aprender en la Biblioteca (Zaragoza, 1982) y Bibliografía de la ‘Miscelánea Turolense ’ y de la biblioteca del Instituto de Teruel (Zaragoza, 1993), así como cinco volúmenes de Catálogos de los Archivos Municipales Turolenses (Teruel, 1982-1990), hallándose en curso de edición el sexto. Ha traducido del francés, inglés e italiano una treintena de libros de temas históricos, musicales, filosóficos y literarios que han sido publicados por Espasa-Calpe, Albia, Iberonet y Obelisco. Como narrador tiene en su haber doce obras editadas en Madrid, Barcelona, Zaragoza y Logroño, destacando El Avispero (Madrid, 1977), Tres de cuadrilla (en colaboración; Madrid, 1990), Los duendes del Matarraña (Zaragoza, 1991), La última cena (Zaragoza, 1992), Magia en la fuente de Fonz (Zaragoza, 1993), Nuevas leyendas del Monasterio de Piedra (en colaboración con José de Uña ; Zaragoza, 2000), Operación Drake (Barcelona, 2001) y A ras de cielo (Barcelona, 2001). Ha colaborado en distintos periódicos y revistas, habiendo sido columnista de los diarios zaragozanos El Día y Heraldo de Aragón . Actualmente realiza la sección de música de la revista Trébede y es corresponsal en Aragón de la revista de música clásica y alta fidelidad CD-COMPACT.
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