Restaurante La Fajarda. Imaginación en el Polígono

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Existen multitud de restaurantes que están ubicados en polígonos industriales cuya actividad se centra casi en exclusiva en atender las necesidades básicas de los empleados de las empresas que los circundan, con ofertas de menús del día a precios populares y que salvo excepciones, poco aportan a la gastronomía más allá de la sencillez de unas recetas tradicionales. Se les llama “poligoneros” con cierta connotación negativa y de “batalla” pero que sin embargo cumplen con una función imprescindible: Dar de comer al que necesita hacerlo fuera de su casa por razones de trabajo y movilidad.

El Restaurante La Fajarda también está en un polígono de La Puebla de Alfindén y obviamente su actividad, que en estos días cumple ocho años, se centra en los menús de día pero ya desde su aparición, Azuzena Fajardo y su chef  Edi demostraron una inquietud en poder ofrecer unidos la calidad e imaginación con el precio de tal manera que en abierta hostilidad con el aburrimiento que planea en estos tipos de comida, aportaron detalles de buenos hosteleros que en seguida consiguieron el reconocimiento de los trabajadores y empresarios que formaban su clientela.

La crisis golpea sin piedad a empresas y trabajadores obligando a los afectados a desarrollar nuevas formulas. La Fajarda las busca aportando en sus platos el mimo de lo bien hecho y, conociendo el espíritu emprendedor de su alma mater, Azuzena, estábamos seguros de que no se quedaría quieta esperando a los fantasmas que la crisis arrastra.

Aprovechando su amistosa invitación, junto con un reducido grupo de amigos, pudimos conocer la propuesta de esta casa para los sábados  que consiste en un menú especial en el que por un precio de 12€ (todo incluido) la frescura y atrevimiento de unos platos tan sabiamente conjugados que merecerían calificación de alta cocina, nos regalan, como en una cata, sus sabores y texturas.

Después de anotar la comanda llega en seguida el vino y agua, a la vez acompañado de un aperitivo que consiste en unos aparentes “croquetones” de ibérico, las fajardicas, sutiles bolas de bacalao y unos “tigres” (mejillones rellenos de una incalificable crema que sin embargo los hacen imprescindibles en la memoria) de los de verdad. Este increíble aperitivo no apareció ayer por la intimidad de la comida. Este despliegue sin previo aviso que viene siendo habitual, predispone a dejar que elijan por ti y escuchas las recomendaciones, como se escuchaban antes en los bistrós y los mesones y por qué no decir, en las tabernas donde guisaba la abuela, y es ella que adivina mis gustos y me cuenta sobre lo bueno del pollo guisado. Como buena hostelera, sabe que las esperas con hambre son fatales y aunque los platos llegan con prontitud, no quiere dejarnos un instante sin que un bocado nos aplaque. Cuando hemos dado buena cuenta de estos fritos, que por cierto fueron los más apreciados en la pasada Feria del Vino de Montañana. aparece la comida propiamente dicha.

Si siguen leyéndome, un poco más abajo descubrirán la propuesta del menú del sábado 14 de julio y unas fotos que se dejaban hacer los platos. Las considero pruebas irrefutables de la locura de una restauradora y su equipo que se atreven a demostrar que el valor de la comida es directamente proporcional al amor al hacerla, nunca al dinero. Una locura.

MENÚ ESPECIAL SÁBADO 14 DE JULIO

PRIMEROS: Arroz caldoso con almejas y gambas.
Garbanzos con marisco.
Ensalada de patata con escabeche de atún y vinagreta de puerros.
Pencas rellenas de jamon y salsa de Boletus Edulis.
Canelones de ternera con bechamel al graten.

SEGUNDOS: Solomillo con salsa de pimienta verde y queso azul.
Merluza rellena de gambas con salsa de vermuth al Azafrán.
Pollo guisado con champiñones y salsa de Foie.

POSTRE ESPECIAL:

Torrijas de pan de leche con helado de vainilla y chocolate blanco.

INCLUYE

Vino de la casa.
Agua.
Pan.
12 €  I.V.A. incluido.



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