Sociopolítica

Dimisión del Gobierno y dos consultas urgentes

Hay tres cosas al menos que un gobierno nunca  puede hacer: ir  contra la voluntad mayoritaria, arrebatar los derechos de la ciudadanía y empobrecerla, y mentir todos los días al pueblo. Este gobierno es especialista en las tres. Por ello debería dimitir y favorecer que se lleven a cabo dos consultas pendientes y necesarias  para que este país recupere  su voluntad histórica  y sus derechos arrebatados con saña y  alevosía.

Estos  días aciagos para el país nos resultan  tan similares al  franquismo  que conviene tener en cuenta algunos  de sus puntos comunes con aquel: un gobierno autoritario, arrogante y sordo al clamor popular que recorre las calles del país; un gobierno contra el pueblo  al que responde con cargas policiales, por más justas que sean demandas tan urgentes como   trabajo, justicia, salarios dignos  para todos y sin recortes, puestas en circulación en    manifestaciones sin fin  para decir en voz alta que queremos  recuperar  el estado del bienestar con sus  derechos laborales suprimidos y conseguir pensiones y salario mínimo suficientes para vivir dignamente, sanidad y educación gratuitas, mantener puestos de trabajo y salarios a funcionarios y trabajadores  sin recorte alguno y  asistencia social a los impedidos y a sus cuidadores, declarar ilegales los desahucios y otras cosas más que se nos están  negando. Todo esto constituye un mapa  de necesidades urgentes para que el país respire aliviado tras este auténtico golpe de estado de los bancos y su gobierno en España en manos de los nietos del dictador anterior y fieles a su nefasta memoria tanto como a  los bancos alemanes y al FMI.

Todas las  medidas que se exigen por las calles abarrotadas  de funcionarios, obreros, parados, pensionistas, estudiantes, bomberos y hasta policías son de tal envergadura que precisan de un tipo de gerentes de la cosa pública bien distintos a estos que tenemos, pues al fin y al cabo ¿de dónde han salido estos que tenemos? Enseguida dirán algunos: de las urnas. De las urnas, sin duda, pero  miremos  su historia: la muerte del dictador tuvo un continuismo político en la figura del monarca actual, nombrado sucesor por el propio dictador, y aceptado por el conjunto de  las fuerzas políticas de entonces que elaboraron una  Constitución que no se cumple en lo esencial: ni el derecho al trabajo, ni en el derecho a la vivienda ni -ahora menos que nunca-  ni en el derecho a una educación y sanidad públicas, gratuitas y de calidad. Por tanto estamos soportando largamente un fraude constitucional, una tomadura de pelo a la ciudadanía a la que se le reconocen cínicamente derechos que no se le conceden, incumpliendo así algo esencial para el bienestar y la seguridad de todos, a la vez que  riéndose de la Constitución los mismos encargados de hacerla cumplir bajo solemne juramento.

Todo esto, con ser bien  grave, aún  no es todo una vez situados en el terreno de la legalidad. Porque  en este país, y por obra y desgracia de un golpe de Estado contra la República que fuera votada por nuestros  padres y abuelos y asaltada por las armas, nos fue secuestrada la voluntad popular legítimamente expresada en urnas más libres y   que  desde entonces no nos ha sido devuelta. Por tanto no puede existir en España un gobierno realmente legal mientras  no se someta de nuevo a consulta popular si el pueblo sigue queriendo la República que le fue arrebatada  por la fuerza, o  en  cambio prefiere la monarquía actual. Este es un asunto que debe ser resuelto porque se le debe devolver al pueblo  la capacidad de decidir la forma de gobernarse y porque se sospecha  con bastante fundamento que España no es monárquica, sino juancarlista, o al menos hasta que  el rey cazó elefantes y  las corruptelas tocaron alcanzaron su entorno familiar.

El segundo referéndum, y con  urgencia por la gravedad  de lo que ocurre inmediatamente  sería sin duda el que se propone desde los sectores más progresistas: consulta popular sobre si aceptamos los  recortes. Porque ¿acaso no es justa esta demanda? ¿Acaso somos responsables los ciudadanos de  que nos esté conduciendo a la ruina nacional la incompetencia de los políticos, la avaricia de los banqueros y obispos,  la desvergüenza de los corruptos, el egoísmo desmedido de los defraudadores de la Hacienda y evasores de impuestos, y otros personajes nefastos de la picaresca negra española? No, el pueblo  no es responsable de lo que  nos está cayendo encima a todos. Así que debe ser sometido a referéndum si queremos aceptar este trágala o, por el contrario, queremos  que la voluntad popular haga  recaer el peso de los recortes sobre los responsables de esta situación,  que  el pueblo deje de subvencionar a la Iglesia como se ha hecho  ya en Francia – y se le cobren impuestos-  y que haga devolver a las arcas públicas el dinero  de las ayuda bancarias , creando una banca pública con él.  Todo ello sin olvidar toda otra serie de medidas encaminadas a  resolver de una vez el fraude fiscal,  a disolver las redes mafiosas que llegan hasta las más altas instancias políticas y recuperar el dinero que han robado.

Lo justo sería   subir los impuestos a ricos, al clero, a   empresarios  y sicavs, recuperar economías sumergidas, perseguir  y recuperar para el dinero negro, y otras medidas de esta índole que lejos de estar siendo tomadas están siendo obviadas, haciendo recaer en cambio  sobre  la ciudadanía  lo que debe hacerse con aquellos que lo están esquilmando, y produciendo así  a la población española doble dolor y doble explotación.

La insensibilidad y el descrédito social de este gobierno da definitivamente la razón al grito multitudinario del NO NOS REPRESENTAN.Y siendo así, solo podemos pedir una cosa: que dimitan, que se vayan, y que sea el pueblo  el que decida lo que le conviene, ya que estos gobernantes  está enfrente en lugar de estar a nuestro lado. Que dimitan, y mañana  es tarde.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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