Reflexiones (III)

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Si tuviera que definir a la verdad; diría que es un gran monumento carente de escritura, y sin nada que lo defina, y todos nuestros pensamientos son un pequeño brillo de la luz de una lejana estrella, donde  el tiempo se deforma, y solo se reflejan dudosas sombras que se mezclan unas contra otras, deformando la apreciación de aquel monumento.

No todo lo que diga es cierto, es solo la manifestación de lo que yo siento.

Así están los corazones de los románticos; rotos y sin manera de poder curarlos, giran en círculos viciosos completamente desesperanzadores una y otra vez, inquietos y nerviosos lucen, aferrados al anhelo, a la esperanza efímera, tejiendo sueños de escenarios esplendidos que les permiten volar a los cielos más altos y más hermosos, para luego estrellarse violentamente contra el más árido de todos los suelos.

No soporto al ser humano, y por ende a mi mismo, sin embargo soy capaz de apreciar el dolor que vive en cada uno de nosotros, sobre todo cuando sabemos convertirlo en esa belleza sublime, que nos hace olvidarnos aunque sea por un instante lo que realmente somos.

La creación de la política, es el resultado de nuestra degradación como especie.

La satisfacción es efímera, el deseo es eterno.

El dolor es soportable, de lo contrario no sería dolor se llamaría muerte.

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