Sociopolítica

En un barco en peligro

 

Estamos  llegando al límite. Para los científicos mejor informados, el cambio climático está aquí y es tan irreversible como sus catastróficas consecuencias. Para amantes de las libertades, estas son restringidas a diario. Para economistas y sociólogos, la pobreza mundial no cesará de crecer, y no bastarán todas las ayudas humanitarias de gobiernos y ONG. (Porque si  nunca bastaron, menos ahora).

Y con la pobreza, crecen los conflictos personales, las guerras locales y vecinales y las migraciones de hambrientos aumentan por días.

Los médicos predicen nuevas enfermedades mientras persisten o aumentan las conocidas (como sucede con el SIDA) y rebrotan algunas que se creían  superadas (como sucede con la tuberculosis).Por otro lado, cada vez son menos efectivos los antibióticos.

Los políticos gobernantes  se hallan extremadamente presionados por los poderes del gran capital mundial y local (cada vez más próximos entre sí) y por las diferentes mafias (cada vez más próximas a los anteriores).

Esto tiene consecuencias importantes:

Una, los políticos sucumben a las presiones multinacionales, convirtiéndose en meros capataces y gestores del gran capital multinacional del armamento, la energía, las industrias químicas, farmacéuticas y de alta tecnología y la construcción. Son rehenes de los grandes grupos financieros y bancarios que -juntos a los anteriores-  pagan sus campañas electorales.

La consecuencia inmediata es una sensible disminución del papel de las ideologías y de los Parlamentos. La democracia (donde la hay) retrocede y cede terreno a estados cada vez más autoritarios y sordos a las demandas ciudadanas.

El arte y la cultura, por otro lado, también han caído en manos mercenarias, y han sido convertidos definitivamente en producto mercantil, como todo cuanto tiene algún valor para el mercado tragalotodo. Y en cuanto a la educación, ¿qué podemos añadir que no se sepa ya sobre el profundo desinterés de tantos estudiantes por aprender, y el problema de orden público en que se han convertido las  aulas en tantos países.

Y es que los jóvenes carecen de orientación, de valores éticos, de perspectivas de futuro y confianza en el porvenir, y muchos se desmoronan y acuden al trágico consuelo de drogas destructivas, porque sospechan que Esto le está reservado a minorías. En otros prevalece la apatía, el vivir al día, el no querer complicarse la vida, las ganas de divertirse exclusivamente. Leen poco o nada; piensan poco o nada;  y para ellos el sexo, los amigos, las videoconsolas, los botellones y otras drogas son la expresión de lo que se puede aspirar en este mundo. No esperan tener un trabajo digno (los contratos-basura son otro éxito del gran capital) ni se les facilita el ser independientes con la suficiente garantía laboral como para permitirse formar una familia o tener su propia vivienda (su precio inasequible, un nuevo éxito del gran capital).Sin duda esto explica bastantes de sus actitudes escapistas, aunque no se pueden justificar por ello.

El capitalismo globalizador ha triunfado en todas partes (globalización es la mundialización  del poder de los ricos), pero sus consecuencias son aterradoras también  por lo que tienen de rearme bélico, crisis económica, imposición de modelos culturales que favorecen la expansión de los ricos y la pobreza creciente. Aumenta el  desarme  moral, pero  también el rearme militar para nuevas guerras, porque la escalada bélica mundial continúa en busca de recursos energéticos y del control político-militar que  incluye genocidio en los países pobres y/o de “otra religión”. Lo primero busca arrebatarles sus tesoros, y lo segundo asegurar  la buena conciencia de estos nuevos “cruzados” medievales que cínicamente  dicen defender la democracia y luchar contra el terrorismo mientras restringen libertades y practican lo segundo.

Estamos al límite en un barco que se hunde mientras la conciencia de la mayoría de los pasajeros (nosotros), duerme. Sonámbula, anda metida en la materia, el consumismo, atrapada en las tradiciones religiosas y mundanas ausentes de valores espirituales y en las informaciones para adormecerles que se le suministran a diario por los medios.

Pero la conciencia puede despertar. ¿Cómo hacerlo después de la traición de las iglesias que se dicen cristianas y se alinean con los ricos y poderosos,  y contra el  frente organizado que mantiene el neoliberalismo en todo el Planeta?…

La conciencia solo puede despertar  mediante la práctica de las leyes espirituales. Hay muchos caminos para llegar al mismo destino, pero las leyes básicas son las mismas: los Mandamientos y la Regla de Oro: “Lo que quieres que hagan a ti hazlo tú primero a otros”, porque el verdadero sentido de la vida y lo que puede traer un gran cambio social es transformarse en alguien más noble, más desinteresado, más divino y menos  “humano -demasiado humano”. Eliminar en nosotros la negatividad nos acerca a un mundo  pacífico, bueno y habitable. Un hombre nuevo para un mundo nuevo: es este el  más preciado de los sueños para una humanidad que tiene que seguir evolucionando pese a tantos impedimentos personales y a tantos  emanados del Poder.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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