Adelante, Pedro, con juicio. Giovanni Albertocchi.

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Adelante, Pedro, con juicio. Giovanni Albertocchi.Adelante, Pedro, con juicio. Giovanni Albertocchi. Editorial Barataria.
«La magistral secuencia de la ambigüedad del gran canciller está construida sirviéndose de cursivas que <<manchan>> la página italiana con aportes en español. Para el lector español que lee el texto traducido a su propia lengua el efecto de alternancia queda anulado por la homologación lingüística a la lengua de llegada, el español».
Página 35.

«Alessandro Verri, que había acompañado a Cesare hasta París, y que de aquella experiencia esperaba bien distintas satisfacciones (<<Me sorprende el libertinaje de este país. Mil pollas harían falta>>, había escrito a su hermano), declara, desolado: <<Se acabaron los viajes con hombres de gran imaginación; sanseacabó. […] ¡Nada de filósofos, Señor mío Jesucristo, nada de filósofos!>>».
Página 60.

«El untador, en la fantasía popular, era un ser despreciable al servicio de Satanás, de la misma raza de las pobres inocentes que acababan en la hoguera bajo la acusación de comercio carnal con el Señor de las Tinieblas».
Página 64.

Una vez más Barataria demuestra su compromiso con la literatura italiana, la mejor literatura, la que se escribe con mayúsculas. Después de Historia de la columna infame de Manzoni (que será parte importante de la obra que nos ocupa), y de Habitaciones separadas de Tondelli, llega este conjunto de ensayos cuyo segundo título nos pone en la pista del contenido: Aproximaciones cordiales a la literatura italiana de los siglos XIX y XX.

El libro, va mucho más allá del interés que pueda presentar (y que presenta) para aquellos que vayan a leer las obras que se estudian, o que las hayan leído; mucho más allá de lo que pueda aportar para los estudios de Literatura comparada; y también más allá de las clases de catedráticos y docentes entusiastas de la Literatura. El libro contiene numerosas reflexiones que harán mucho por cualquier lector despierto y con ganas de mirar a otros lugares que no sean su propio ombligo e incluso a entender su propio ombligo.

La delgada línea que separa la invención de la mentira; la gran presencia de la Psiquiatría en la Literatura del siglo XX; o la importancia de la lengua que se utiliza a la hora de realizar confesiones (tema nada baladí en un país como el nuestro), centran los estudios del autor, que muestra un magnífico conocimiento de los autores sobre los que escribe y sobre la Literatura en general, haciendo además uso del malabarismo mágico que convierte en amenas reflexiones que en bocas o plumas de otros serían áridas, cuando menos.

“Nuestro personaje lanza sus mentiras como artefactos explosivos contra la credibilidad del psicoanálisis, que sale malparado. Aparece como una falsa terapia construida sobre un <<pacto narrativo>>, como cualquier otro procedimiento basado en la ficción. Y es siempre Zeno el que nos confirma que <<inventar es crear, no mentir>>”.
Página 146.
Giovanni Albertocchi hace reflexiones muy interesantes. Partiendo de la lengua “oficial” italiana, como una lengua construida artificialmente a partir del dialecto florentino, de entre todos los que se hablaban en la península a la hora de la unificación, pasa a indicarnos que cuando se elige la lengua oficial, y no el dialecto propio, el personaje miente… o al menos inventa, deja que la verdad sea más porosa o flexible. Esta doble compuerta de la conciencia hace que el uso de la lengua no sea nunca casual sino más bien causal. En ello se escuda el personaje para no haber dicho la verdad cuando escribe sus experiencias biográficas para el psiquiatra en la “lengua oficial”, y no en el dialecto natal. ¿Excusa para no someterse a la “cura” o realidad innegable sobre el uso o la elección del idioma en la veracidad de lo que se cuenta? Ello, teniendo en cuenta la situación plurilingüe de nuestro país y los programas de inmersión lingüística, es de plena actualidad.
Otro de los interesantísimos pensamientos del ensayista se da al analizar dos obras que comparten similitudes: Il Gattopardo y Bearn, de Lampedusa y Villalonga respectivamente, a pesar de desconocer la existencia de la obra del otro en el momento de estar redactando la propia (no muy alejadas en el tiempo). Estos milagros del “yo trascendente” de los que hablaba Unamuno por los que dos autores que no se conocen y que viven en lugares diferentes, llegan a trabajos parecidos, con reflexiones y conclusiones equidistantes nos hablan de la estructura del alma humana y la influencia del tiempo y sus vivencias en el hombre. Interesantísimas comparaciones se dan entre ambas obras, al tiempo que se demuestra la imposibilidad del plagio entre ellas.
En definitiva, lo que Albertocchi nos permite con sus textos es, sin duda, apreciar la gran riqueza que ofrecen las grandes obras: la multiplicidad de lecturas, la documentación a veces exhaustiva que preparan los autores, la elección delicada de la psicología de los personajes… Todo eso y mucho más para que nos vaya abriendo boca, para que, una vez más, sintamos el inmenso placer de la Literatura como algo infinito y repleto de sabores.

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