El modelo social es un modelo errado

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El modelo social es un modelo erradoEl modelo social del mundo basado en la división y la violencia; en el acceso desigual a los bienes de la Tierra y en la prepotencia de los ricos  y sus gobiernos,  y sostenido por la mentira, la ignorancia y la represión contra las clases medias, bajas y pobres de todos los niveles, es un modelo cruel, insostenible y antihumano. Nos hallamos ante un  modelo satánico que solo pueden admitir como bueno los enemigos de Dios que  carecen de conciencia espiritual y desprecian  los Diez Mandamientos y el Sermón de la Montaña, y los enemigos de la justicia que   desprecian  a sus semejantes por carecer de un mínimo de conciencia social.

El desconocimiento de la historia social y de los mecanismos ideológicos y embaucadores del capitalismo, la falta de imaginación, de trabajo, de ganas de trabajar, el trabajar en precario, el haberse convencido de que trabajar en precario y jugándose a veces la vida en los andamios y otros lugares de peonaje con riesgos jamás les permitirá vivir bien, el odiar a los ricos tanto como les admiran, el intentar imitarles, el no encontrar sentido a la vida en estas condiciones, el que son invisibles y necesitan que se les vea, o porque están contra el Sistema; porque pasan hambre, porque no pueden pagarse la droga a la que están enganchados ni la clínica cara que les desengancharía, y por un sin fin de razones más, muchos de los pobres del mundo se convierten en elementos socialmente inestables, en previsibles delincuentes pero nunca en la medida y en el alcance que aquellos que se encuentran a cubierto y con guardaespaldas personales o militares en el lado opulento del río de la vida, en sus amuralladas haciendas, o en sus protegidas mansiones y palacios.

Los excluidos, cuando no pueden más, se convierten, sí, en transgresores: queman coches, extorsionan, roban comercios ,asaltan bancos, se convierten en okupas, en camellos, en chulos, en matones por encargo, en violadores, en secuestradores-exprés, en asaltantes de domicilios, y en tantas y tantas formas de mostrar su grito de guerra y desesperación o enajenación a este mundo al que culpan de sus desgracias o del que quieren aprovecharse para vivir con ventaja, pues la casuística del abanico criminal es enormemente amplia y compleja, y el malo de esta película de pobres malos actúa sólo o en pandillas; sistemática o puntualmente; por frustración o por pura maldad y deseos de vivir como ricos siendo pobres, pues los ricos les han convencido del modelo. No quiero justificar la maldad, sea quien sea el que la practique, pero el caso es que las cárceles están repletas, se siguen construyendo nuevas, y siempre para pobres; no dan abasto los jueces, y siempre hay miles de asuntos pendientes de resolver y nuevos proyectos de prisiones. (¿Cuál es el límite?)

Hemos observado que existen transgresores extremadamente ricos y extremadamente pobres; extremadamente poderosos y socialmente invisibles. Cada uno de los actos con que se oponen al bien común revelan algo, quieren decir algo, son síntomas de que algo no está funcionando bien, y que ese mal funcionamiento conduce a catástrofes personales y sociales tanto como a catástrofes ecológicas. El modelo social del mundo es un modelo equivocado y perverso que conduce a enormes crisis personales y humanitarias.

¿Son correctas las fórmulas aplicadas para evitar semejante crisis humanitaria a nivel mundial? Si lo fueran, no se habrían producido. Luego, no lo son: qué fácil resulta concluir esto. ¿Y por qué no lo son? Ojalá fuera igual de sencillo contestar esta pregunta, porque para poder hacerlo necesitamos conocer los mecanismos profundos del pensamiento social dominante; es decir, necesitamos conocer el modo en que el sistema del mundo se enfrenta al análisis de la realidad. Y ¿cuáles son esas bases de análisis? Primera, la identificación y persecución del síntoma: el sistema precisa defenderse de un modo eficaz = visible al exterior de toda desviación de la norma. La norma es el Derecho, que no la Justicia. Esto se traduce en la persecución a todo tipo de acto que ponga en peligro los patrones conceptualizados como válidos por el propio sistema, los cuales – a su entender- no sólo representan a la realidad como debe ser entendida, sino que son la propia Realidad con mayúsculas. Cualquier contestación a esa realidad con mayúsculas se convierte en algo sospechoso, perverso, peligroso, y, por tanto, necesita eliminarse para asegurar la estabilidad del Sistema y blindar su amenazada continuidad. Es así cómo concluye el proceso: con la eliminación del síntoma. Por ejemplo, el pobre que roba es rápidamente condenado, sin que el Sistema y sus jueces se cuestionen por qué es pobre y roba, por ejemplo, para que no mueran de hambre sus hijos.

Simplificando el lenguaje, se trata de acabar con el síntoma, pero obviando o despreciando la causa. Por otro lado quienes actúan contra el síntoma no lo hacen desde la imparcialidad neutral, sino que tienen intereses directos o una determinada relación con los causantes  de esos síntomas. Por ejemplo, son amigos y fieles servidores de los ricos y poderosos, o medran a sus expensas.  Por ejemplo, atesoran también ellos  aunque con ello lleven  a otros a la pobreza.

Para un juez,  la causa que produce efectos perversos no tiene importancia más que a nivel exterior. Solo le valen los hechos, por tanto. Se trata de suprimir el efecto perverso o quitar de en medio a quien lo produce para que no reincida. Pero ¿acaso esta norma oficial se aplica a TODOS  los delincuentes con independencia de su capacidad económica o su influencia social? No,  porque en este aspecto, el juzgador hace muchos distingos como vemos a diario, de los que salen favorecidos siempre los  culpables  estructurales de los delitos que se juzgan. De este modo, se ve con claridad que no solo es mentira que Derecho sea igual a Justicia, cosa  bien sabida, sino que ni siquiera quienes representan el Derecho respetan fácilmente  el principio de la igualdad de todos ante la Ley.

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