Polvo eres. Luis Cremades.

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Polvo eres. Luis Cremades. Egales Editorial y Desatada Editorial.

“Un reloj de arena:
dos vasos unidos
Y estrechamente
separados…”
Duende del ayuno y las mentiras.

“Contra la mediocridad,
-me dije- distinción, la mirada
afilada y suave que separa
lo que es bueno
[…]”.
Más allá de lo sublime.

Los bellos y libres poemas de “Polvo eres” dejan un delicioso regusto de tristeza por el pasado; por lo que sucedió y se agotó; por lo que pudo suceder pero no llegó a fructificar; por lo que el ayer dejó de doloroso. Como si el autor tuviera ya mil años y llevase a cuestas el peso de una vida ya agotada, aunque no sea así. Por otra parte la fuerza de su evocación habla de una energía presente. Una energía que le da la honestidad y el valor de decir lo que piensa (y sobre todo siente) exactamente como quiere decirlo. Y tener un posible público lector que lo juzgue no lo echa atrás. La verdad es el corazón que late en su poesía, su verdad dicha con claridad, con ritmo, con belleza, con lubricidad a veces, con evocaciones culturales otras…

“El ser moral ha caído
prisionero en las tinieblas
de los sentidos
que le hacen libre.

Con el barro llega
la dicha, la plenitud”.
La frontera de los sentidos.

Contribuyen a esta melancolía que preside el conjunto ciertas asonancias que vuelven los poemas amigables, cercanos… Y de nuevo valientes: dada la escasa valoración de cualquier tipo de rima entre los escritores contemporáneos entregados por completo a la abstracción, la poesía pura y la desestimación de los elementos tradicionales de la estructura poética: rima, medida, e incluso ritmo. Sin embargo Luis Cremades parece tener claro que su poética es la que es, con independencia de lo que otros quieran o digan, de las modas o gustos, de las normas (escritas o no). Llegando así al corazón puro de la poesía, hasta obtener poesía sin paliativos al conseguir transmitir la emoción sincera y profunda, metafórica y a la par prístinamente. Hasta en las últimas consecuencias incluso de lo que puede entenderse como sucio o provocativo como el poema Bukkake:

“<<Compasión>>, decía, <<estoy gozando>>.
[…] No sabía el nombre de esa sopa,
pura y depurada, de soledad y placer
oscuro. Muda y en paz. Bukkake”.

Pero hablaba antes también de evocaciones culturales como la novela La muerte en Venecia o el personaje histórico Luis II de Baviera. La primera se hace muy evidente en “Cuando todos te miran…”. La segunda, quizá menos clara en “El fuego al amanecer”:

“Las aguas bañarán mi cuerpo
y no podréis alcanzarme”.

Hay que recordar que Luis II de Baviera murió en las aguas de in lago, en extrañas circunstancias, quizá tras haber forcejeado con el doctor que justificaba su reclusión por “enfermedad mental”. Pero además se dice:

“Y señalaré un rumbo,
a lo lejos
-y sin fotógrafos-
mi nuevo hogar”.

Es sabido que en sus últimos años el rey evitaba aparecer en público, por ejemplo, y que toda su vida oficial y a veces no tan oficial era alimento de los periódicos de la época ya que su pueblo devoraba toda noticia referente a él.

En cualquier caso ambos temas están vinculados por el genial director de cine Luchino Visconti. Aunque con independencia de que se reciban o identifiquen esas evocaciones el lector puede disfrutarlos plenamente. Por poner un ejemplo el primero de ambos poemas tiene una riqueza tal que se hace casi inevitable comentarlo en detalle.

“…los que mienten
por dinero
en esta tierra de turistas,
mientras se burlan del esfuerzo
en busca de la perfección soñada”.

Cuánta verdad, qué realidad cada vez más extendida la del materialismo banal por encima de todo… Imposible olvidar a ese hombre que se tiñe para ocultar sus canas y su edad, en busca de toda la perfección posible de su cuerpo, jugándose la vida por permanecer cerca del sujeto sin mácula, sin defecto…

“Las campanas tocan a muerte.
[…] De las grandes epidemias
sólo se habla en secreto”.

Palabras escogidas, verso magnífico capaz de resumir los momentos álgidos de una historia humana sublime, en el filo entre el deseo, la honestidad, la perfección y la muerte.

No podemos ignorar un título como el de esta obra. “Polvo eres”, fragmento de la cita del Génesis, recuerda la fugacidad humana, y la segunda parte de esa cita bíblica, la que no aparece y por eso se hace casi inevitable que el lector recite en voz alta, como una letanía, “y en polvo te convertirás” no deja de ser una premonición segura, pero también casi una despedida. Sin embargo, hay connotaciones eróticas, sensuales y sexuales que tienen también ecos en los maravillosos y osados poemas contenidos en la obra; explícitos sin ninguna duda aunque eviten la terminología genital. Una vez más la verdad expresada de alguien que se engancha a la palabra y eso desdice su continuo adiós… Adiós sentido y por eso auténtico para el autor que lo sufre y enuncia; bello en su tristeza; pero sobre todo Literario…

“<< […] Y cada noche, de madrugada,
con los ojos rojos, de vuelta
a casa, me arrodillo bajo la luz
del ascensor y suplico:
‘Que no se me pase, Señor,
que no se me pase jamás
la pasión de esta forma de gozar’.>>”.
Historia en brazos de un amante.

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