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La leyenda negra. Joseph Pérez.

Última actualización: 14/09/2012 08:45
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Tuve la suerte de nacer en 1977, el día de san Antón, por más señas. Por tanto bajo el signo de Capricornio y con Saturno danzando...
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La leyenda negra. Joseph Pérez. Gadir Editorial.

«En cambio, Felipe II heredó el Milanesado; en 1580 Portugal, con su imperio, fue a juntarse con aquel conjunto territorial. Se comprende que un contemporáneo, aterrado por aquella potencia, dijera: <<Cuando España se mueve, la Tierra tiembla>>».
Página 34.

«Felipe II no rompió con Isabel, ni siquiera después de que esa reina hubiese establecido el anglicanismo en Inglaterra, ni siquiera después de haber sido excomulgada por el Papa (1570) y pese a que ayudó a los rebeldes de los Países Bajos y permitió a sus corsarios atacar a los navíos españoles».
Página 46.

«Dicho de otro modo, los naufragios parecen haber afectado al cinco por ciento de los barcos; los golpes de mano de los corsarios, a poco más del uno por ciento».
Página 52.

Ante todo nos encontramos con un magnífico ensayo, un ensayo VIVO, que analiza no sólo el origen y significado de la expresión «leyenda negra» aplicada al caso español sino su evolución en el tiempo y su supervivencia hoy.
El autor domina una cantidad ingente de documentación que consigue controlar excepcionalmente para que el lector no se pierda en el océano de hechos históricos, personajes y autores que han conformado y analizado antes que Pérez esta Leyenda, parte ya de la idiosincrasia española.
¿Se puede decir de un autor que es cien por cien objetivo? Supuestamente ese sería uno de los principios que deberían guiar el trabajo de un investigador, y sin embargo el mero análisis de los hechos, la mera selección de los mismos, ¿no son acaso ya prácticas de subjetividad? Dicho esto hay que alabar a Joseph Pérez por recoger hechos de todas las fuentes: españolas, inglesas, holandesas, estadounidenses… Y por valorar las obras de todos, sus virtudes, sus aciertos… con independencia de si fueron conservadores o progresistas, católicos o protestantes, imperialistas o contrarios al imperio. Eso da un punto de arranque de lo más prometedor.

Sobre la excelente, amplia y variada documentación que constituye la cimentación de este libro no es incluso necesario llegar a la bibliografía para sentirla, aparece al camino del lector, en el mero texto, pero también en las riquísimas y deliciosas notas al final de la obra, donde se pueden encontrar a muy diversos autores y anécdotas:

«<<Un inglés, como hombre libre, va al Cielo por el camino que le place>>, escribía Voltaire (Cartas filosóficas)».
Nota 195.

«Ya en 1929, en La vida de Felipe II (7a edición, París, Librairie Gallimard), Cassou se felicitaba de que España hubiera opuesto resistencia a Lutero: <<Al rechazar las seducciones de la secta que iba a representar por siempre jamás el moralismo, la iconoclastia, el gusto por la fealdad y la aridez, España hizo posibles el arte barroco y la poesía mística: elevó el alma humana a alturas que esta nunca había alcanzado>> (págs. 85-86)».
Nota 303.

Quizá a día de hoy la incógnita no se encuentre tanto en el origen y motivaciones de esta Leyenda, sino en su supervivencia. Todas las naciones hegemónicas han sido criticadas y se ha difamado sobre ellas (es muy acertada la comparación con el actual «imperio» o «poder» de los Estados Unidos que hace el autor para comprender las dimensiones y la naturaleza del fenómeno). Los reinos y territorios bajo el mando de Carlos I o de Felipe II constituyeron el mayor imperio conocido hasta la época y el más rico. Por razones religiosas, ideológicas y de familia -casas gobernantes- los reyes intentaron imponer lo que consideraban mejor para los súbditos (incluso en razones como la confesión profesada por ellos) y dirigir «al mundo». «España» era temida y admirada y para socavar su poder empezó una campaña de desprestigio y calumnia.
Pero, ¿por qué se ha mantenido hasta hoy? ¿Y por qué los propios españoles son los que más están permitiendo su supervivencia?
La época era cruel. Baste con recordar, por ejemplo la noche de San Bartolomé; o el exterminio de los indios norteamericanos poco después. Son los españoles los primeros en autocriticarse y en dudar de su autojustificación aunque la tuvieron a mano:

«Entonces fue cuando la colonización encontró, para defenderla, el aval intelectual que nunca había tenido […] Un pueblo superior tiene el derecho e incluso el deber de imponer su tutela a pueblos inferiores para permitirles acceder a un grado más elevado de desarrollo. Fue la primera expresión histórica de la misión civilizadora de Europa, tal como Francia e Inglaterra la expondrían en el siglo XIX. La diferencia es que en la España del siglo XVI esa tesis quedó reducida al silencio».
Página 139.

Es decir, que lo que algunos teóricos pusieron al servicio de los españoles para justificar sus actos y tranquilizar su conciencia en el siglo XVI, no fue considerado. Sin embargo ingleses y franceses usaron tales razonamientos en el XIX, con menos melindres y quién sabe si hasta sacando pecho.
También se desmiente la inflexibilidad de Felipe II, figura mucho más compleja de lo que quieren hacernos ver desde algunos sectores culturales. Como muestra sirva el botón de la cita extraída de la página 46.

Joseph Pérez lleva su ensayo a nuestros días y los enfrentamientos durante los siglos XIX y XX por parte de conservadores y progresistas, incluso ante la falta de entusiasmo en celebrar ciertos centenarios por parte de unos u otros. Los progresistas han sido muy críticos con el Imperio, con Carlos V, con Felipe II, e incluso con Isabel la Católica, aplicando principios éticos y morales del siglo XX y XXI (posteriores todos a la Segunda Guerra Mundial) a sus acciones. El autor nos explica, a través del ejemplo de Francia, que esto no es una circunstancia exclusiva de nuestro país. Y si seguir sus razonamientos es una delicia veo un punto débil (el único en tan espléndida obra) y es que no se explica la vigencia de nuestra leyenda negra por encima de la de otros… ¿O se trata sólo de nuestra perspectiva local? ¿Nos falta visión de conjunto? Nos cuenta el autor que en Francia también hay un revisionismo del pasado histórico según corrientes ideológicas y, sin embargo, ¿no es, por excelencia la Leyenda Negra, la española? El porqué de esta supervivencia es lo que no queda, a mi juicio, suficientemente aclarado.

A pesar de lo cual he disfrutado de cada página del soberbio ensayo del autor; he reflexionado, invitado por él, pero sin sentirme conminado a pensar lo mismo; he sentido la grandeza y la miseria del hombre en todas las épocas y el latido, terriblemente vivo, a pesar de la Revolución Francesa y el aplastante imperio de la ciencia en nuestros días, el debate religioso entre Catolicismo y Protestantismo. Afortunadamente sin hogueras ni persecuciones por ninguno de ambos bandos.

Un ensayo que hace pensar, pero también vibrar… Y sobre todo entender al lector, que surge de sus páginas con la inquietud de volver los ojos al pasado con las «gafas» y la actitud correctas.

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Tuve la suerte de nacer en 1977, el día de san Antón, por más señas. Por tanto bajo el signo de Capricornio y con Saturno danzando alrededor. Desde muy pronto me sentí atraído por las sirenas de las palabras y garabateé hojas y libretas. Desde entonces he estudiado cosas variopintas y trabajado en profesiones extrañas y corrientes, pero siempre ha permanecido la Literatura. Publíqué en septiembre de 2004 "Epitafio del Ángel", novela corta sobre las vidas contemporáneas en punto de metamorfosis. Entre otros temas estaban la colisión generacional (incluso la cercana), la endometriosis como enfermedad maldita, los errores, y la experiencia trágica de la muerte inesperada. Desde hace algunos años he colaborado con algunos medios como las revistas "Mundo Joven" de Fundación Triángulo, "Gehitu Magazine" de la mano de Á“scar Hernández, "Eccus", "Adiós", "Iguazú" o "Generación XXI" y su continuación "Generación.Net". Entre otros lujos he tenido la ocasión de entrevistar a Luis Antonio de Villena, Octavio Aceves, Espido Freire, Juan Manuel de Prada, Nuria Rita Sebastián... y de publicar junto a fotógrafos como Eduardo Fernández. Me he decidido a participar en este proyecto por invitación de Raúl Tristán y espero poder aportar visiones gratificantes y artículos que inviten al placer de la lectura y al dolor de la reflexión.
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