La realidad hispanoamericana desde el Modernismo hasta nuestros días

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En el revelador artículo El triunfo de Calibán, de 1898, inspirado en la mitología greco-latina, podemos apreciar la solidaridad moral de Rubén Darío con España, al verla agredida por los Estados Unidos.

Esta defensa es cultural, intelectual, porque representa los valores y el legado latino e insta a la unión de los países hispanoamericanos para enfrentarse al enemigo del norte, al cual considera bárbaro y materialista.

Darío, cuyo verdadero nombre era Félix Rubén García Sarmiento (Nicaragua, 1867 – 1916), es el máximo representante del modernismo en lengua española. Esta corriente literaria y artística tiene una primera y segunda parte. La última comienza en 1898, año en que España pierde su única, por aquel entonces, posesión en América: Cuba. En este segundo modernismo lo político, es decir, la defensa de los países de habla hispana frente al imperialismo, según los modernistas, de Estados Unidos es uno de sus ejes principales.

Con un lenguaje abundante en expresiones poéticas, el escritor nicaragüense muestra su aversión por aquel país al que, incluso, considera de otra especie.

Según el autor de este artículo el país del norte odia la sangre latina y su cultura.

El estilo de vida de los estadounidenses, materialista y consumista, apunta el autor, le abrumó. El diferencia y compara estos dos modos de vivir en el pragmatismo de los Estados Unidos y el idealismo o espiritualidad de Hispanoamérica y España. Para el autor algunos poetas como Withman, son el reflejo de este estilo de vida. En cambio otros poetas como Poe y Lanier son relegados por incomprendido, el de Baltimore, y por tener apellido latino el segundo.

París es la ciudad de la diversión de los bárbaros, dice. En este apartado Darío retrata la sensibilidad de los norteamericanos: “La alegría es dura y la hembra de goma elástica”. También los considera hipócritas de la fe e imitadores del arte y de la ciencia.

Menciona también a Roque Saenz Peña, Paul Groussac y al señor Tarnassi, argentino, francés e italiano, respectivamente, como defensores de España y los países de habla hispana en América en un congreso panamericano. Asimismo, deja constancia que algunos países como Perú y Brasil mostraron su simpatía por el triunfo de Estados Unidos sobre España.

En el contexto histórico de aquel tiempo, la revolución industrial que había comenzado en Inglaterra y en el centro de Europa, trasladó su modelo a los Estados Unidos. El resto de América -y en parte España-, donde aún se vivía como en los tiempos del feudalismo (en el cual un terrateniente era dueño de la tierra y cientos o miles de campesinos trabajaban para él), llegaría tarde al tren de la revolución industrial. Salvo Canadá los demás países tardarían décadas en sumarse a esta revolución del desarrollo materialista.

Sin duda, estos cambios iban a alterar el mapa político de la región. Darío fue defensor de una Hispanoamérica unida frente al imperialismo, según sus palabras, estadounidense. Otro aspecto a destacar es que Darío en este artículo nos habla de un mestizaje entre los pueblos latinos y los nativos de Hispanoamérica como nuevo grupo humano que, conjuntamente, deberían luchar contra el nuevo imperio. Sin embargo el autor con esta forma de enfocar la geopolítica del continente, deja de lado, individualmente, con sus idiosincracias particulares, a cada país hispanohablante. Para graficar esto último remontémonos a los tiempos prehispánicos, antes de la llegada de España a América. Tendríamos como resultado un crisol de pueblos, culturas, nacionalidades propias que no tenían absolutamente nada que ver la una con la otra. Por ejemplo, en Perú, los Incas; en Paraguay, los guaraníes; Méjico, los aztecas… Esto nos lleva a pensar que la utopía hispanoamericana o bolivariana, como una sola unidad, es inalcanzable, imposible. Aún a día de hoy, existen rencillas, conflictos y asuntos sin resolver respecto a límites territoriales y controversias entre los países de Hispanoamérica. Uno de ellos, entre otros, es el de Perú con Chile en el que actualmente se está dirimiendo en La Corte Internacional de Justicia de La Haya, por una controversia fronteriza en el mar entre estos dos países. Pero no sólo es una cuestión de nacionalidades prehispánicas totalmente diferentes unas de otras; también a lo largo de la existencia de las nuevas repúblicas hispanoamericanas, independizadas de España, han sucedido hechos que han mostrado que esa unión utópica es imposible, como la guerra entre Paraguay, Argentina y Bolivia, la guerra del Pacífico, etc. Sin duda, estos sucesos históricos han configurado una realidad en los países de habla hispana en América: sus ineludibles diferencias.

La Hispanoamérica de hoy, según mi opinión, debería, sí, intentar una verdadera unión, pero en base a intereses económicos y tecnológicos; una unión política o de hermandad entre los pueblos no es viable por los motivos que he expuesto. La realidad es esa, que sólo nos une un idioma y un pasado común, como posesiones españolas. El resto es una serie de acontecimientos que hicieron de cada nación o país diferente una de la otra.

El artículo, El triunfo de Calibán, es una alegoría de lo que nunca fue y, creo (y en parte espero), nunca será. Los países hispanoamericanos deberían aprovechar esos lazos históricos e idiomáticos para su desarrollo. No obstante, también resaltar sus aspectos individuales, como naciones prehispánicas, anteriores a la llegada de España a América para encontrar o concretar una identidad propia (algunos países ya lo han conseguido). En esta suma de pasado y presente, de legado histórico, de mezclas de razas y culturas, de idiosincrasias autóctonas y latinas, debería asentarse la realidad hispanoamericana. Otro tipo de unión sería forzada e inasumible.

www.elblogdejuancarlosaguirre.blogspot.com

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