Los obispos necesitan visitar, urgentemente, a sus psiquiatras

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Los obispos necesitan visitar, urgentemente, a sus psiquiatras

Una buena noticia: la consolidación constitucional del matrimonio homosexual no sólo es una victoria de la libertad, es un reflejo de los profundos cambios morales que se están produciendo en el seno de l@s ciudadan@s, dando la espalda al reprimido y represivo sistema de valores cristianos. Hoy podemos afirmar que todos somos más libres porque otros muchos han encontrado su libertad. La libertad es de tod@s.

Para ser obispo, cura, monja o papa se exige una condición necesaria: padecer una patología sexofóbica. Hay que tener pánico ante el placer sexual. Es necesario para agradar a su dios y porque sobre la castración están construidos sus valores morales. Los valores cristianos.

Si no lo hubiera descubierto Freud y confirmado la psiquiatría actual, nos hubiera parecido normal que los religiosos juraran que nunca tendrán relaciones sexuales, por voluntad propia, para evitar el placer. La castidad en el clero y en las monjas católicas hubiera parecido tan normal como la castración psicológica o física a la que son sometidas, en este caso contra su voluntad, cientos de millones de mujeres musulmanas.

Los obispos necesitan visitar, urgentemente, a sus psiquiatras

El clero y las monjas es que juran voto de castidad y de obediencia eligiendo una vida de represión y auto-represión sexual, como si para no ahogarse, fuera suficiente con cerrar la boca y contener la respiración. No puedes impedir ahogarte. Como no puede negarse que el placer sexual existe y lo practican cientos de millones de personas a lo largo de cada día durante 366 de los 365 días que un año normal puede tener. Mientras que otros cientos de millones se disponen a disfrutar con el sexo y otros tantos cientos de millones lo siguen buscando. Por lo tanto parece que lo anormal es que 500.000 curas y monjas repriman su humanidad sexual, aunque acaben explotando, mientras que unos 5.000 millones de seres humanos lo practican día y noche y no dejan de desearlo. Lo más evidente es que los que necesitan al psiquiatra son los reprimidos, no los satisfechos o con deseos de satisfacerse.

Lo anormal nunca puede ser disfrutar con los placeres sexuales, maravillosos placeres. Lo anormal es ser virgen y casto. No sólo porque se renuncia a vivir satisfactoria y equilibradamente como ser humano sino porque se renuncia a ser más humano humanizándose cada día más y encontrando en el placer la afirmación de su libertad individual y uno de los principales fundamentos de su dignidad. Claro que el clero y las monjas tampoco son libres, no pueden serlo, porque junto con el voto de castidad juran voto de obediencia.

El problema, y de ahí la necesidad que tienen los curas y monjas de recurrir ordinaria y urgentemente a los psiquiatras, es que la represión del placer tiene consecuencias sobre la formación de las conciencias. La ausencia de placer pervierte la conducta humana, emborrona la mente, deshumaniza a los reprimidos, los desequilibra emocionalmente y los convierte en sadomasoquistas. En personas que tratan de suplir su necesidad existencia de placer mediante el recurso a la sumisión y exaltación del sufrimiento. El sufrimiento como placer en lugar del sexo es una triste, deprimente, cutre  patología. Aunque sea una patología divina practicada por dios y sus asexuados ángeles.

No puede extrañarnos que la tribu asexuada del clero reaccione tan brutal y bestialmente, tan primitiva e irracionalmente contra los cientos y cientos de millones de seres humanos que no sólo practican el sexo por placer, el placer por el placer, sino porque en ese momento se sienten libres. Han afirmado su personalidad, su yo, frente a los dioses patológicos y sus sirvientes. Un acto de placer es un momento de libertad. Algo que esta tribu asexuada de curas y monjas nunca tendrán la oportunidad de entender, porque nunca tendrán la oportunidad de ser libres y no lo serán porque nunca serán humanos sexuados.

Es tal el estado de excitación de esta tribu clerical, excitación provocada por la represión, que, necesitan darle salida, como a una hoya a presión, recurriendo a la persecución de todos los que desean y afirman su voluntad de disfrutar y de ser libres,. Y montan una cruzada. Hoy la cruzada contra el placer es el signo de los tiempos. Una cruzada de neuróticos contra el sexo y la libertad. Por eso es tan urgente que estos curas, monjas y sus jefes, los obispos y el papa, Jefe supremo de la tribu visiten una legión de siquiatras. O esto o morirán de asfixia ahogados por la angustia que padecen por no poder disfrutar con los placeres sexuales.

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