Indolencia universitaria

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Indolencia universitaria

Disonancias, 17

Lo dicen los profesores más enrollados y más implicados en su tarea: los universitarios de hoy, en general, son indolentes. Salvo excepciones, aspiran a concluir una carrera, obtener un título y conseguir un trabajo vinculado a sus conocimientos. Les importa poco su formación integral; pasan de lo que no sea productivo, inmediato, rentable. Es la perspectiva general.

¿De dónde procede el desinterés? Los profesores universitarios lo atribuyen a las etapas anteriores del proceso educativo. También se refieren al ambiente social que estimula el consumismo, el hedonismo, la apariencia y la superficialidad. Si tienen ya cierta edad –más de 50 años– establecen un marco comparativo con su etapa de alumnos, claramente favorable para ellos en lo que se refiere a la creación de una inquietud intelectual en su época, que hoy no consiguen despertar en sus aulas. Seguramente es ya tarde.

Por fortuna hay estudiantes que se salen de este marco, pero son pocos. Vista la situación desde el exterior, hay que dar la razón a los profesores porque el panorama que se observa en el mundo universitario es realmente pobre en lo que se refiere a las aficiones, intereses e inquietudes universales que debieran cultivarse en ese ámbito.

Para muestra, un botón: durante los días 23, 24 y 25 noviembre del presente año se celebró en Zaragoza el IV Certamen de Teatro No Profesional en el Centro Cívico Universidad, en colaboración con la Escuela Municipalde Teatro. Hubo seis espectáculos, y uno concreto realizado por el Aula de Teatro de la Universidad CarlosIII, de Madrid, presentando Las Mujeres Sabias, de Molière. La versión castellana de Paloma Zavala, directora al mismo tiempo de la representación, resultó excelente, y los nueve actores realizaron un gran papel, tanto individual como colectivamente. La escenografía de Ariel Díaz, suficiente. La banda sonora, a buen nivel.

A partir de ahí, cierta desolación: entre el público no había gente joven. El aforo de la sala tiene una capacidad para 120 personas, y el acceso era libre. Los espectadores alcanzaban el medio centenar, aproximadamente. El lugar es céntrico, de fácil localización. Está a300 metrosdel campus dela Ciudad Universitaria, en cuyo entorno –Colegios Mayores incluidos– viven varios millares de estudiantes. La hora, 12 del mediodía, es propicia teóricamente para ellos, aunque se haya prolongado la fiesta del viernes-noche. Pues bien, entre los asistentes al espectáculo no había gente joven. Claro que tampoco –al menos por las pintas–, profesores universitarios ni de otros niveles educativos. ¿Ni siquiera por un cierto sentido solidario con los esforzados  intérpretes del Aula de Teatro dela Universidad CarlosIII, de Madrid?

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