Danzar más allá del cuerpo

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Consonancias, 22

La danza contemporánea ha superado el carácter generalmente episódico de la clásica para adentrarse en los territorios de la reflexión, el

Roberto Torres

sentido y el sentimiento. El lenguaje no verbal, que siempre fue muy sugerente, se presenta ahora como un medio para ahondar en las profundidades del ser humano en tanto que individuo, integrante de una posible dualidad y partícipe de un ente colectivo más o menos amplio. Para ello es fundamental el trabajo con el cuerpo, pero llegando más allá del elemento físico.

Hay coreógrafos, como Daniel Abreu, que siguen explorando las posibilidades expresivas de cada uno de los elementos integrantes del cuerpo humano, incluido el aliento, las palpitaciones coronarias, las sudoración y las tensiones neuromusculares. Contemplar un espectáculo así concebido es adentrarse en otra dimensión. Equivale a dar un paso hacia dentro de uno mismo con la posibilidad de tomar conciencia de la profundidad que nos habita. En cierto sentido, es como contemplar el negativo de una fotografía para averiguar los aspectos de la realidad que habitualmente nos pasan desapercibidos.

Daniel Abreu
Daniel Abreu

En este sentido las coreografías de Daniel Abreu nos ofrecen un estilo muy personal basado en la imagen. El desarrollo dinámico de la misma consigue un cuadro poético ajeno a los argumentos narrativos explícitos, al ahondar en la parte más visceral y emocional del hecho fotográfico. Su trabajo se adentra en el cuerpo y su presencia. Lo que es y lo que a través de él se alcanza a conocer. Abreu coge un objeto y le da vueltas hasta hallar la poesía de la existencia que contiene.

Recientemente ha presentado en el Teatro de la Estación de Zaragoza dos espectáculos titulados Los zuecos van hacia sus buenos hábitos y Otros rostros, otros rastros, los días 1 y 2 diciembre el primero, y 15 y 16 el segundo. Roberto Torres desarrolló en solitario en Los zuecos un ejercicio de plástica radical en el que cada uno de los músculos tenía su función expresiva. Su protagonismo único permitía a los asistentes concentrar la atención en todos los detalles del movimiento o de la quietud. En el segundo trabajo de Daniel Abreu, interpretado por él mismo en compañía de Anuska Alonso y Álvaro Esteban, el espacio tridimensional desbordaba lo puramente dinámico alcanzando un hondo significado literario inspirado en las reflexiones sobre el rostro humano de Luis Sepúlveda y de Jorge Luis Borges.

Danzar más allá del cuerpo

Sobre este fascinante trabajo, el propio Abreu cuenta que “en este marco de acción, los cuerpos viajan distorsionando el espacio, con una extrema tensión muscular interna, resignados en el gesto y en la danza. El camino que plasma el trabajo deja un paisaje fotográfico que bien podría hablar de los opuestos, sin pretensiones, de la vida y de la muerte. El maquillaje, los gestos, los tics del rostro y del cuerpo son acomodaciones cuya esencia es la satisfacción, representaciones del pensamiento, de la idea de lo que el mundo es o lo que ese mundo debería ser, y de ellos se sirve la obra para narrar su historia”.

En ambos casos hay un diseño del espacio escénico absolutamente austero, que realza una banda sonora de  precisión e inmediatez implacable. Las imágenes del vuelo femenino conducido por los dos varones, en Otros rostros son impresionantes, lo mismo que el recurso al cabello que utiliza Anuska Alonso en uno de los cuadros del espectáculo.

Este empeño del Teatro de la Estación por mostrar las últimas aportaciones creativas en el arte de la danza, merece un decidido aplauso.

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