¿Son todos los políticos profesionales unos golfos?

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Recuerdo que hace ya mucho tiempo –más de dos lustros- el Tribunal de Cuentas, tras realizar auditorías contables a todos los grupos políticos con representación parlamentaria, a los sindicatos, organizaciones patronales, etc. llegó a la conclusión, y así lo “denunció”, de que todos ellos se habían lucrado durante un largo periodo de manera fraudulenta, de los que entonces se denominaban “cursos de formación ocupacional”… Lo de que haya habido más de 30.000 personas que han estado cobrando dinero de los contribuyentes con el pretexto de tener a su cargo y cuidado a familiares “dependientes”, habiéndose muerto, tal como denunciaba hace escasas fechas el actual gobierno del PP, durante el tiempo en que gobernaba el PSOE, es peccata minuta comparado con el fraude entonces detectado por el Tribunal de Cuentas…

Hubo un consenso, generalizado, en el Congreso de los Diputados respecto de que aquellas eran prácticas comunes a todos ellos, y sin sonrojarse lo calificaron como cosa atribuible a la “picaresca” característica de la cultura española… Ni que decir tiene que se corrió un tupido velo, y nadie se acabó responsabilizando de nada a lo concerniente a los escandalosos cursos, en los que hasta participaba gente que había fallecido…

Sirva esta muestra de ejemplo de que los partidos políticos (aunque quizá hay alguna excepción marginal, e insignificante) consideran que el fraude, la malversación de fondos públicos, el robo, la estafa, y tantas tropelías más de las que nos hablan un día sí y el otro también los medios de información, son “daños soportables”.

El actual régimen “de libertades”, el “estado de derecho”, la Constitución que “nos dimos todas y todos”, provienen de eso que llaman “modélica transición de la dictadura a la democracia”, transición (política de consenso, reconciliación nacional, ”libertad sin ira”) gestada y parida en 1977 (aunque ya diseñada con anterioridad, en vida del dictador, el actual régimen “democrático” es sin  ninguna duda heredero del franquismo) y adornada de constitucionalidad en 1978 por unas Cortes Generales que no poseían legitimidad para abordar tal labor.

Sabido es que lo que sale torcido, difícil es de enderezar y acaba muriendo deforme.

El actual régimen electoral también comenzó a dar sus primeros pasos de forma viciada. Las cuotas de poder, los diversos territorios parlamentarios se repartieron como si de una apetitosa herencia se tratara, una herencia pacientemente ansiada y que nunca llegaba, y de la que todos deseaban participar en algún grado. Se procuró que todos los que por entonces se jactaban de ser más demócratas que nadie quedase fuera del reparto,…

Las elecciones de 1977 ya definieron el mapa partitocrático del futuro. Es importante señalar que la mayor parte de las siglas, que concurrieron a las mencionadas elecciones eran un gazpacho de expertos escaladores, a los que caracterizaba las mismas afinidades y pecados, lastre que todos procuraron disimular. El PSOE y el PCE, por ejemplo camuflaron su trayectoria antidemocrática. Y todos, salvo honrosas excepciones se travistieron de un antifranquismo de paripé en el que muchos aún continúan instalados. Pero los pecados de adolescencia y de juventud, los hábitos adquiridos en el pasado siguen condicionando el presente y –posiblemente- el futuro.

Es sabido por quienes están medianamente bien informados que Franco intentó instaurar una “dictablanda”, a la manera del General Primo de Rivera en los años veinte del siglo pasado. Franco dejó todo “atado y bien atado”, consiguió encontrar una salida airosa a su régimen, que con toda una serie de “arreglos” derivaría hacia la legitimación de la monarquía parlamentaria. No se olvide que la decisión de que tras su muerte su régimen se transformara en una monarquía, ya había sido tomada por Franco nada menos que en 1946 con la Ley de Sucesión, aprobada en referéndum…

El General Franco tenía el pleno convencimiento de que la nueva sociedad que su régimen había creado, soportaría sin traumas una transición controlada. “El Caudillo” contaba como aliado con las clases medias, que ya por entonces (al final del régimen) eran mayoría en la sociedad española, amplia mayoría que gozaba de una situación bastante acomodada, bienestar al que no iban a renunciar de ningún modo… Justamente eso es lo que buscaba Primo de Rivera: ampliar las clases medias y conseguir un país más estable. Pero no lo logró, a pesar de sus indudables avances económico-sociales. No tuvo tiempo suficiente y una “ideología” en la que basarse…

El verdadero protagonista de la llamada transición fue esa clase media y no el rey ni Adolfo Suárez, los cuales supieron sacar buen provecho del “franquismo sociológico”.

La Ley de Reforma Política siguió los pasos previstos en las Leyes Fundamentales del Movimiento. Las Cortes del régimen franquista siguieron al pie de la letra el plan diseñado por Franco. La clase medida, la del “franquismo sociológico”, acepaba el aparente “cambio de régimen” si a cambio se le garantizaban paz y seguridad. Quienes no han hecho un acto de desmemoria, recordarán que para la generalidad de los españoles la voluntad de Franco era la reinstauración de la monarquía, deseo varias veces repetido en su claro y conciso testamento político. Una Monarquía Parlamentaria, o “república coronada”, cuya estabilidad respaldaban, además, los Estados Unidos de Norteamérica y del Club de Bilderberg- “los amos del mundo”- (La Conferencia Bilderberg es una conferencia anual a la que solo se puede acudir mediante invitación, cerca de 130 invitados. Entre los asistentes de Bilderberg se encuentran banqueros, expertos de defensa, dueños de la prensa y los medios de comunicación, ministros de gobierno, primeros ministros, realeza, financieros internacionales y líderes políticos de Europa y América)

Lo que hasta ahora he contado, desbarata la reiterada falsedad de que las Cortes franquistas se suicidaron al aprobar la Ley de Reforma Política. No está de más echarle un vistazo al juramento de Juan Carlos I al ser proclamado Rey de España, como sucesor del Jefe del Estado, Francisco Franco; sus posteriores manifestaciones, y las de algunos políticos franquistas aún entonces influyentes, son claramente demostrativas de por donde iban los tiros; todo en la dirección anticipada por El Caudillo.

Los partidos que aparentemente surgieron por “generación espontánea”, tras la publicación y puesta en marcha de la Ley de Reforma Política fueron (excepto el Partido Comunista que fue legalizado a prisa y corriendo) una réplica de las sensibilidades ideológicas que convivían-sobrevivían dentro del Movimiento Nacional. Por supuesto, el PSOE también. Durante los cuarenta años del régimen de Franco el socialismo casi no existió; motivo por el cual el propio sistema hubo de inventarlo, ya que su deseo era poder homologarlo posteriormente, en un régimen de democracia partitocrática. El franquismo puso en marcha el “socialismo del interior”, que acabó liderando Felipe González. Es más, si hurgamos un poco, hasta en Izquierda Unida encontraríamos rastros sorprendentes….

Mapa del caciquismo (portada del libro de Costa en edición francesa)
Mapa del caciquismo. Portada del libro de Costa, edición francesa

No deja de ser “chocante” que siendo la partitocracia y los partidos un producto de la Dictadura, el antifranquismo fuera desde entonces uno de los principales recursos dialécticos, de igual modo que en la Segunda República se recurría con frecuencia al antiprimoriverismo, pese a que el PSOE colaboró estrechamente con la Dictadura, así como tantos promotores del republicanismo. Para explicar esto, solo se me ocurren dos interpretaciones: la necesidad de correr un tupido velo respecto del pasado, lo cual es muy frecuente en los conversos (y la urgencia de convencer a todos de que se es “cristiano viejo”); y la falta de proyecto para construir un sistema político que pudiera ser perdurable y acorde con las necesidades reales de la sociedad española, y sin perder de vista la problemática en la que el mundo está inmersa en aquellos momentos…

Tales carencias han hecho menguar a la militancia de los partidos políticos hasta tal extremo que inevitablemente han sido condenados a vivir de las ubres del Estado y de los “impuestos” de los grupos de presión y financieros; y como era de esperar, la “ciudadanía” se limita periódicamente a cumplir con el ritual electoral con una cada vez mayor tasa de abstención (que a algunos parece no preocupar)

¡Y un día llegó un tal Rodríguez Zapatero por accidente! Aunque son muchos quienes hablan de que en la fatídica fecha del 11M en España se produjo un “Golpe de Estado”, claro que “esto” es harina de otro costal, de la que hablaremos otro día.

El análisis de su actuación durante sus casi ocho años de gobierno, pone la carne gallina. Su gobierno, aparte de abrir debates en falso y de crearle más y más problemas a la sociedad de los que ya había, se dedicó principalmente a destruir en vez de construir.

La situación, pese a que sus aduladores, voceros y trovadores trataran en balde de convencernos de lo contrario, llegó ser de tal insensatez y caos, que irremediablemente acercaba cada vez más a España al precipicio;… y así llegó el triunfo del Partido Popular, que pese a haber proclamado que tenía un proyecto regeneracionista, tal vez  influido por el miedo a ser tildado de franquista y de derechas, sigue sin decidirse a poner en marcha un proyecto para desbaratar el zapaterismo (incumpliendo su programa y estafando a sus electores) y mucho menos para desalojar a la panda de golfos que acabó ocupando todos los ámbitos de poder.

España es una meritocracia a la inversa.

El actual régimen político selecciona a los peores

y prescinde de los mejores

Y, hasta aquí hemos llegado,la España actual cada día se parece más a la que nos describía Joaquín Costa hace más de un siglo. Si leemos el diagnóstico que Joaquín Costa hace dela España de 1899 (OLIGARQUÍA Y CACIQUISMO COMO FORMA DE GOBIERNO) aquella España se parece demasiado a la España actual. Joaquín Costa afirmaba que el régimen político existente en España era un régimen oligárquico y caciquil. España, decía, estaba gobernada por  una oligarquía de “notables.” Y por tal motivo afirmaba Costa que, España no era una nación libre y soberana; en España no había propiamente un parlamento, ni partidos; lo que algunos hoy denominan “partitocracia”.

Pero si esto es ya reprobable, hay algo que lo es muchísimo más, y de lo que también Joaquín Costa ya hablaba: el régimen caciquil posee un elitismo perverso que impide «la circulación de las élites ; en el régimen caciquil los más capaces y los mejor preparados son apartados, es la postergación sistemática, la eliminación y exclusión de los elementos superiores de la sociedad, tan completa y absoluta, que el país ni siquiera sabe si existen; es el gobierno y dirección de los mejores por los peores; violación torpe de la ley natural, que mantiene lejos de la cabeza, fuera de todo estado mayor, confundida y diluida en la masa del servum pecus (en  latín rebaño servil) a la élite intelectual y moral del país, sin la cual los grupos humanos no progresan, sino que se estancan, cuando no retroceden.

España es una meritocracia a la inversa. El actual régimen político selecciona a los peores y prescinde de los mejores individuos, de las personas componentes de la sociedad española. En el régimen caciquil oligárquico sólo triunfan los peores…

Pues bien, llegados a este punto, me atrevo a preguntarle nuevamente a un tal Mariano Rajoy Brey:

¿Vas a seguir defraudando a la mayoría de los que el 20 de noviembre del año pasado votaron cambio, votaron por una profundísima regeneración que debe ir más allá de pequeñas y temerosas reformas?

Sería imperdonable, Mariano Rajoy Brey que sigas limitándote a apuntalar el sistema sin ir a la raíz de los problemas.

Mariano, si no tienes lo que hay que tener, más te vale que pases el testigo a alguien que tenga la valentía suficiente y la altura de miras que exigen los terribles momentos por los que actualmente atraviesa nuestra patria, pero decídete ya, antes de que España se convierta plenamente en un protectorado, o nos acaben expulsando dela UniónEuropea…

Claro que tal vez esto último sea la única esperanza que le queda a España para que cese la corrupción política y moral en la que estamos inmersos, lo mismo quienes vengan de fuera acaban desalojando de las instituciones a la pandilla de golfos que nos mal-gobiernan ( a los que tú y  tu equipo de gobierno no os atrevéis a cuestionar,  y a los que inexplicablemente seguís subvencionando de  manera incomprensible) tal vez “eso” conduzca a España a un periodo realmente constituyente, de ruptura con las formas caciquiles y oligárquicas como forma de gobierno, y acabemos finalmente homologándonos con los regímenes políticos más avanzados y las naciones más prósperas de nuestro entorno cultural…

Mientras tanto, Mariano, ármate de paciencia pues, las algarabías, los alborotos, las movilizaciones más o menos multitudinarias, aunque de poco o nada valgan, más allá de expresar el “legítimo derecho al pataleo” van a seguir un día sí, y el otro también.

Así que, ya digo, pasa el testigo a otra persona o llama de una vez  por todas a quien corresponda para que nos intervengan…

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