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El futuro…¿existe?

Última actualización: 20/02/2013 07:47
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¿Por qué pasar la vida pensando constantemente en el futuro? ¿Por qué pensar eternamente en si eso es lo que querremos para el futuro?

Foto: Zyllan Fotografía
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Demasiadas horas lectivas de la clase de nuestra vida hemos derrochado pensando en si en un momento dado querremos o desearemos lo que hoy no sabemos si repudiamos, pero en base a aquello que pensamos que vamos a querer, tomamos las decisiones. ¿Es esto un error? ¿Cómo podremos saber aquello que llegará, en cualquier momento de nuestra existencia, a ocupar un lugar concreto en nuestro corazón? Tan sólo podemos saber qué queremos ahora, en este preciso instante.

Pongamos ejemplos.

Retrocedamos a esa época en la que nada se planeaba más allá de esa misma tarde.

Seguramente los radicales me dirán, “pero si solo piensas en lo que realmente quieres ahora, ¿acaso no pierdes la opción de planear una vida, de tener unas expectativas, de lograr cualquier tipo de objetivo? A esos yo les contestaría, “¿por qué?”

No me he olvidado de la infancia, regreso en un momento.

Supongamos que en este momento de mi vida no siento ningún tipo de atracción por aquello que hago cada día. Es de esperar que piense que en un futuro me gustaría estar haciendo otra cosa distinta, incluso soñando con verme rodeado de otra gente. ¿La clave? Para nada. El error. No hay nada peor como la ilusoria realidad, tan solo fundada en nuestra cabeza, de que en el futuro estaremos mejor, de que en el futuro habrá un cambio en nuestras vidas, pues si nosotros no ponemos de nuestra parte, las cosas seguirán por siempre igual. Entonces, ¿qué hacer? Debería analizar mi situación, saber qué puedo cambiar en el momento, qué debo aceptar porque inevitablemente no podré volar esta noche aunque quiera, pero, ¿pensar en si realmente querré esto dentro de un tiempo? ¿Cómo podría saberlo? Puede acontecer algo tremendamente revelador que me haga replantearme todos y cada uno de los principios que hasta ahora han regido mi vida.

Retrocedo  a la infancia.

En esa época en la que, como digo, el tiempo no va más allá del juego de la tarde, ¿cómo pretender que un niño entienda que debe estudiar para, de mayor, sacar una carrera, tener un buen trabajo y así comprarse una casa pagando una hipoteca? Bueno, al menos esto se nos decía antaño. Ahora lo de las hipotecas ya no da mucho resultado. Nadie las quiere, ni tampoco las consigue. ¿Lo de estudiar para conseguir un buen trabajo? Seguro que en otros países funciona así, aunque quien corta el bacalao en España muchas veces tiene un currículum en el que brillan por su ausencia este tipo de cuadros para colgar en el despacho. Aquí lo que importa es ser primo de…

Como iba diciendo, en esta época lo que menos importa es el futuro. ¿Es por ello ésta nuestra etapa menos consciente? Diría todo lo contrario precisamente. Es en el momento de nuestra vida en el que más presentes nos encontramos a diario. ¿Qué de malo podría tener ello, disfrutar haciendo aquello que se hace, sin pensar en si será mejor o peor en el futuro? El niño tan sólo sabe que esa tarde en concreto quiere jugar al fútbol con sus amigos, quiere ir a espiar a las niñas en los vestuarios de la piscina, hacerse una buena gallarda, pues ya ha descubierto el gustete que da…

¿Dónde cabe aquí el porvenir? Precisamente en enseñar a los niños a que busquen qué es aquello que verdaderamente les motiva, pues, pienso que es la mejor manera de evitar el fracaso escolar. ¿Cómo? Enseñando a las personas a buscar dentro de sus corazones para así descubrir aquello que las hace vibrar. ¿Qué se conseguirá con esto, tan solo que se valore lo que se gusta? Creo firmemente que vivir dentro de un paradigma en el que rebosa el amor por cuanto rodea, hace que nuestra forma de ver la vida cambie. Seguiré con esto más adelante.

Prosigo en la etapa vital.

Crecemos. Adolescencia. Nos comienzan a preocupar otras cosas.

Edad adulta. Ya estamos demasiado inmersos. Demasiado inconscientes. Demasiado atrapados en esa rueda de tiempo de la que pensamos es imposible salir.

Creo que en el fondo es un problema de interpretación. ¿Acaso no es mirar por el porvenir disfrutar de aquello que se hace, y cambiar aquello que nos hace sentir mal por dentro? Si nos sentimos bien, de seguro nuestro porvenir será menor frustrante que ese que nos augura vivir ajenos a todo cuanto nuestro ser interno en el fondo sabemos que siente.

Pero, ¿y esas decisiones, que sabemos sin duda hemos de tomar en el presente, para de alguna manera conseguir algo en un futuro, más o menos lejano? ERROR. No lo conseguimos en un futuro, sino que lo estamos consiguiendo ahora, pues sabemos que aquello que hacemos es lo que debemos hacer para conseguir cuanto buscamos. Diría yo incluso que si hacemos aquello con lo que verdaderamente disfrutamos, sin pensar en ningún objetivo aparente o deseado, eso será precisamente lo que consigamos sin darnos cuenta.

¿Por qué posponer aquello que sabemos es lo importante? Porque estamos confundidos. No somos conscientes de lo realmente importante. ¿Qué es lo importante? Depende de para qué, y depende de para quién.

¿Para qué? Para vivir. El amor. La aceptación. ¿Conseguir todo cuanto deseamos? Yo diría más. Si hacemos en cada momento aquello que queremos hacer, ¿acaso no es eso ya conseguirlo todo? El problema es que nos marcamos objetivos realizables en una gran cantidad de tiempo como algo tremendamente inminente, al menos en nuestra cabeza, y claro, eso que tanto ansiamos se apodera de nosotros, y ya tan solo obsesionamos vivimos por conseguir lo que buscamos. Nuestra visión se convierte en un túnel, y todo cuanto hay alrededor en nuestro camino desaparece.

¿Para quién? ¿Para todos? Ahí ya no entraré. Supongo que no soy el elegido.

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