La sensibilidad del desprecio: Las amargas lágrimas de Petra Von Kant (1972)

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petrapostAlgo muy complejo de escribir guiones, y dirigirlos además, es complementar a los personajes con ciertas cualidades únicas y coherencia en sus decisiones. Esto suele tomar aun mayor importancia cuando estructuras por ejemplo un relato coral con varios seres interactuando, por lo que debes balancear su relevancia en la trama; lográndose a veces de manera sublime, sin perder el ritmo o la credibilidad. En el caso que nos confiere tenemos lo opuesto, pero manejado con equiparable delicadeza al construir una historia en donde cada acontecimiento, manifestación de algidez emocional e inclusive progresión de las personalidades, se desenvuelven en un mismo espacio con pocos individuos retroalimentándose mientras ocurren constantes giros y fricciones.

En el primer planteamiento existe la posibilidad de que la atención se disperse entre las subtramas, aunque con la apropiada duración, guía y contundencia, involucra al espectador en la extensa paleta sensorial con pinceladas intermedias correctas. El segundo en cambio, es proclive a la monotonía por los limitados elementos físicos y expresivos disponibles para desarrollar las características de los intérpretes; sin embargo podría funcionar apelando a la misma paleta de bagaje sensitivo pero con pinceladas graduales, de una gruesa a la más delgada, llegando pausadamente a una minuciosidad vehemente al retratar situaciones cotidianas con una real mirada trascendente. Por ende, en la película que les ofrezco, Rainer Werner Fassbinder ha logrado componer un fresco fílmico expresionista de cuidosa dinámica dentro del encuadre, donde no solo delinea a los involucrados, los examina. Consiguiendo una amalgama amplia, no aplicando un pigmento suave como el óleo, sino una pátina delineada repleta de textura.

Observamos un relato íntimo, sencillo en apariencia, pero complejo al dejarnos imbuir cautelosamente por las protagonistas femeninas durante el desdoblamiento de su personalidad, perpetrado por un Fassbinder interesado en exponer las fisuras psíquicas y proponer una disyuntiva ética y psicológica al espectador. Similar ejecución se daría en otras obras suyas como “La ansiedad de Veronika Voss” o “La ley del más fuerte”, convergiendo en la búsqueda del sentido por encima de la razón.

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Antes de continuar, me reservo nombrar alguna de las féminas del metraje, pues no quiero prescindir del factor sorpresa para ustedes en cuanto la vean. No obstante les digo que los roles son intercambiables a medida que avanza la historia. Sigamos…

Ahondamos inconscientemente en una exuberante melancolía de la identidad quebrada, navegando entre los anhelos y las aflicciones de estas mujeres carentes de afecto, cuyo interior cae en el limbo del miedo a la soledad. Cuando una es confrontada, su caparazón de engaño propio se derrumba, revelando la fragilidad que camuflaba en un carácter estoico pero efímero al no ser resultado de un redescubrimiento del carácter comprendido con los defectos y virtudes. Mencionado declive es consecuencia de una explotación y manipulación de sentimientos comparable a un mero intercambio económico –gran constante del director en su cine- para saciar el interés de otra figura inescrupulosa que le brinda solo frialdad luego. Entonces la afectada ya vulnerable sucumbe a la dependencia ambigua, clamando compasión. A la deriva está, no ve respuestas o un incentivo de búsqueda siquiera, siendo difusa la línea entre el cariño legitimo e incondicional y el malsano apego -camuflado en un amor idealizado hacia la otra-, latente en esta particular sensibilidad del desprecio.

Toda esta intensidad emocional recae en la dupla bien sincronizada de diálogos francos muy cortantes y un lenguaje gestual contenido, que connota irónicamente una pasión casi cruda. La carga anímica es acompañada por cierta distribución simbólica de los objetos u ocasionales actos alegóricos que enfatizan, también junto a las interpretaciones actorales, la decadente condición de estos seres. Destacando aquí la intradiegesis musical que enfatiza cierto recurso denominado “tiempo muerto”; se trata del momento silencioso en donde pasan acciones sencillas que transmiten, en su contemplación, aspectos implícitos del individuo estancado. Tal paréntesis narrativo seria ampliado por otros realizadores como el finlandés Aki Kaurismaki, o el norteamericano Jim Jarmusch, logrando este último que ese instante sea más inteligible.

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Fassbinder desarrolla con inigualable fluidez su característico melodrama distante, desprovisto de los tópicos efectismos del sentimentalismo en beneficio de producir un escozor desde la vértebra hasta el alma. Canalizando tal frenesí de matices hacia un desenlace nada complaciente.

Hubo una escena que decidí cincelar en mi cabeza, viendo ahí una oportunidad bien aprovechada de establecerla como la síntesis de lo previamente descrito. Surge en un monologo decisivo –el cual espero miren con cuidado- que a pesar de su carácter expositivo, nos sentimos abatidos sin importar incluso diálogos intencionalmente redundantes, estremeciendo instintivamente al sentir por unos minutos esa profunda tristeza. Exponiendo y agrupando en una sola toma inicial -bellamente compuesta por el operador Michael Ballhaus-, los sentimientos como un concepto deformable a favor del provecho sórdido.

Concluyendo, he aquí otro versículo de la exploración nada suavizada, abierta y subjetiva sobre las relaciones humanas en la prolífica antología Fassbinder.

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