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El cancionero popular de valores aceptados ha de cambiar

Última actualización: 29/10/2013 17:46
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El cancionero popular formado por las estrofas de nuestros sentimientos, intenciones, deseos, sueños, está sufriendo un cambio, o al menos, pienso que ha de sufrirlo.

Foto: Rafael Robles L.
Foto: Rafael Robles L.

A mi alrededor observo unos medios de comunicación sesgados y que siembran en las personas aquello que sin duda en algún momento brotará como desesperación, impotencia, apatía, falta de ganas. Y me pregunto a mi mismo, ¿es todo eso real? ¿Realmente las cosas son tan malas y tienen tan poca posibilidad de aclararse estos días grises? Me resisto a creerlo, y explicaré por qué.

Desde que tengo uso de razón, he creído que los medios de comunicación, empresas privadas financiadas por ciertos sectores, no son en el fondo más que herramientas de propaganda usadas para condicionar a las masas que las observan, para sembrar, como digo, ciertas ideas en los individuos que, reducidos a una mínima porción del total, no valen nada, o al menos eso quieren hacernos creer.

Viendo lo visto, podría decirse que todos se han puesto de acuerdo para no cuestionarse las cosas, para hacernos creer que el buque navega en la dirección correcta porque la confianza de los mercados parece ser que vuelve siempre que se toman medidas contra las personas. Y, ¿qué medidas son éstas? Pues por ejemplo dar facilidades a los contratistas para que puedan despedir de un plumazo a cualquier trabajador, que puedan firmar contratos de mierda en los que apenas te van a asegurar por unas horas, dejar en manos de empresas privadas la gestión de ciertos servicios que han sido públicos hasta la fecha, y que a mi entender así deberían seguir siendo, pues un derecho del ser humano como es el poder ir a un centro sanitario en el que lo atiendan independientemente de sus ingresos o de si puede o no pagarse un seguro, debería brindarse a cada uno de los ciudadanos, y debería ser un servicio ofrecido, no por las empresas, que buscan únicamente lucro económico, sino por el Estado.

¿Por qué digo que los medios de comunicación se han confabulado? Muy sencillo, porque no cuestionan la incendiaria frase lanzada por ellos mismos de “el representante del euro grupo afirma que España va en el buen camino gracias a las medidas que está tomando, que los mercados, gracias a esto, tienen confianza”, porque permiten que pensemos que debamos anteponer lo que desean los mercados al bien común, que somos todos y cada uno de nosotros, y que esos, los mercados, son gente con dinero depositado en un lugar porque le es rentable, pero que se lo llevará a otro en cuanto la rentabilidad baje. Y mi pregunta es la siguiente. Si antes que todo eso ya estaba el hombre, el ser humano, la Tierra, el planeta, ¿por qué lo único que importa hoy en día es satisfacer a esas instituciones que en su día fueron creadas para facilitar la vida a aquellos que las crearon? Efectivamente, aquí está el dilema. Satisfacer a aquellos que las crearon, pero tan solo a esos pocos. ¿Y el resto?

Tras la Segunda Guerra Mundial, Europa se había convertido en un campo lleno de escombros, pero algo trascendental ocurrió. De repente se dio cobertura sanitaria universal y gratuita a todo el mundo. ¿Cómo fue posible que estando en ruinas se pudiese cubrir algo como es la sanidad gratuita, pública y universal? Muy sencillo, porque la empatía impera entre los seres humanos, y en medio de un paisaje tan desolador en el que por doquier había personas que habían perdido todo lo que tenían y en muchos casos a todos los que tenían, todos nos sentíamos identificados con todos, y lo único importante era ayudar. Eso se consiguió. Y en Europa, a día de hoy, contamos con unos sistemas de salud muy aceptables, si los comparamos con el que impera en EEUU, hasta hace poco la gran potencia mundial -¿a qué precio?-.

No quiero centrarme en el tema de la salud, puesto que es tan solo uno de los temas.

Comencé este artículo mencionando que el cancionero popular de valores aceptados ha de cambiar, y esto es lo realmente importante, pues mientras esa transformación no se dé a nivel de individuos, por mucho que intentemos cambiar las cosas, volverán a tornarse injustas. ¿Por qué? Porque lo que reina en el planeta Tierra es el egoísmo, el individualismo, y eso es un error.

¿Somos las personas tan injustas? No, no lo somos. Al menos no la mayoría. Pero andamos de acá para allá tremendamente atemorizados, ahogados por la situación actual, y no debemos permitir que un planeta que cuenta con el mayor avance logrado en su historia se convierta en un mundo en el que unos pocos cuentan con casi todo, y la inmensa mayoría ha de contentarse con unas migajas.

Hemos de replantearnos completamente nuestras aspiraciones, porque el engaño al que nos han sometido, la falsa ilusión fundada en la esperanza de algún día llegar allí donde otros han llegado, es un motor demasiado fuerte para ser parado, pero es eso, una falsa ilusión. Gracias a que soñamos con un día llegar hasta allí aceptamos que las cosas sean como son.

Y lanzo una pregunta aquí para todo el mundo.

¿Qué es más importante, la economía, los mercados, la deuda, o las personas que forman parte de un mundo cada vez más estrechamente comunicado y unido?

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