Cultura

Antonio Machado

Uno se imagina a un joven algo envejecido, vestido con la seriedad que requiere un catedrático de instituto (de aquella época) y de costumbres más bien aburridas: lectura, algún paseo, la tertulia en el casino.

Antonio Machado, tumba

Tumba de Antonio Machado en Colliure, Francia. Agosto 2011 Foto: Hugo Pardo Kuklinski

La  verdad es que Soria, en aquel tiempo, no sería en cuanto a diversiones ninguna Sodoma. Las tardes lentas, el transcurso del tiempo, el sonido monótono de las fuentes… de todo esto está llena su poesía.

En la pensión donde se hospeda conoce a una joven (Leonor, la hija de la dueña) hermosa y frágil. Su edad, 15 años , hoy sería considerada casi infantil. La edad del catedrático, 34, prácticamente lo convertía en un solterón en aquellos años. La boda y la felicidad son efímeras. El filo del Parca corta aquel delgado hilo de dicha y el poeta se convierte, ya para siempre, en un viudo, más envejecido, si cabe. Aunque ya no será el mismo, seguirá profundizando en su obra con sabiduría, escepticismo y unas gotas de inteligente ironía. Luego vendrá la guerra que a todos arrastró a donde no querían. Y el final desolador y profetizado: y cuando llegue el día del último viaje…

Sostiene una larga tristeza de viudo

con su ceño fruncido y cabizbajo.

En su boca, la brasa de un cigarro

y una sed antigua y no colmada.

Tantas tardes de casino provinciano,

tantas horas de café y aburrimiento

no han secado su alma y su palabra.

Como una rosa que no pierde su perfume,

siempre mantiene la espina del recuerdo

de aquel primer dolor enamorado.

El recuerdo es la sombra de este hombre

triste, cansado, pensativo y viejo.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

Dejar un comentario