Cultura

Teatro: Emilia, o la abnegación suprema

Escenarios, 49 

La pieza del autor argentino Claudio Tolcachir, dirigida por él mismo, que se ha podido ver el último fin de semana en el Teatro Principal de Zaragoza, plantea el espinoso tema de los límites de la abnegación. Utilizando una estructura de continuos flash-back, la protagonista de la obra, personificada por Gloria Muñoz, va narrando desde la cárcel las secuencias que la llevaron allí. Sin conocer el argumento de la trama, el desenlace es bastante previsible por cuanto ya de inicio hay una mujer muerta, Carolina, personaje que interpreta Malena Alterio.

EMILIAEmilia ha llegado inesperadamente a la nueva casa donde se está instalando la familia formada por Walter, el padre, Carolina, la madre, y Leo, el hijo, al que da vida David Castillo. La mujer mayor, que es prácticamente una indigente, amamantó y cuidó en su infancia a Walter, que ha olvidado prácticamente aquella etapa. Hay un quinto personaje en escena que es Gabriel, interpretado por Daniel Grao, alguien enigmático inicialmente, que resulta ser el padre biológico de Leo. Su aparición proporciona algunas claves fundamentales para confirmar ciertas intuiciones sobre lo que cada vez se percibe con mayor consistencia: nada es lo que parece en esa casa, nadie es quien dice ser.

La familia en plena mudanza es una entidad caótica, todos están atrapados en un extraño juego de roles tratando de cumplir una expectativa desmedida, un ideal del que no pueden estar más alejados. Hay un sustrato de violencia permanente, lo que produce incomodidad en el espectador, obligado a integrarse en la acción, a veces confusa y reiterativa. Un espectador que debe recrear la historia previa de esos personajes, imaginar qué los unió, y  articularla con la actual, averiguando qué los separa. No hay datos sobre la existencia anterior de cada uno de ellos. En esos silencios del texto descansa gran parte de la violencia subterránea de la obra.

La dramaturgia y la dirección apuestan por lo implícito. Queda en el aire la sensación de que los buenos actos mueren en sí mismos, de que hay un profundo abismo de insolidaridad entre la gente que debiera mostrar agradecimiento. Walter no recuerda el afecto de Emilia, ni sus cuidados, pero ha de aceptar que los hubo. La naturaleza del recuerdo tiende a la desintegración, desdibuja los detalles. La figura de la anciana supone una esperanza de recuperación de los valores que permanecen ocultos por la tiranía de la cotidianidad, una posibilidad de salvación en medio del caos que se avecina.

49. 2. EMILIAAgobia el alto nivel de patetismo, violencia, manipulación y abuso del que los personajes no pueden hacerse cargo. El amor entre ellos es ficticio, provocando una creciente incomodidad en el espectador que no alcanza a comprender una relación tan paradójica: la afectividad impostada frente a la violencia despiadada y real. Tan real que provoca una muerte de la que la anciana se hará cargo, sin ser la responsable, en un supremo esfuerzo por mantener el amor hacia aquel niño, ahora adulto y criminal, al que tanto quiso.

Las interpretaciones están a buen nivel, sobre todo la de los tres personajes principales, que hacen creíble la verosimilitud de una trama bastante inverosímil y justifican con sus respectivas posturas un injustificable desenlace.

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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