Avances en Medicina: dónde y cuándo.

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Hay algo que me sigue sorprendiendo, contrariando y resultando un tanto inexplicable.

Desde hace décadas intento seguir la actualidad científica y tecnológica -cosa de gustos-. En mis recuerdos, ora lejanos o los más recientes, en el campo de la Medicina he leído numerosos artículos que hablan de avances importantes, es decir, más allá de la farmacología y el quirófano, los investigadores han descubierto un enorme potencial para la cura de enfermedades –ojo: digo “cura”, no “paliativo”-, como, por ejemplo, en el campo de la genética y la nanotecnología.

Virus del Ébola.

Seguro que muchos lectores habrán leído titulares científicos prometedores en los que se habla de soluciones finales a enfermedades de carácter crónico, mortal y/ o degenerativo que, hasta el día de hoy, siguen azotando a la población y cobrándose sus víctimas, quienes, las más afortunadas, puede costear tratamientos que, en contra de su virtud, la mayoría se resumen en una prolongación del sufrimiento humano.

Lo que servidor no entiende es lo siguiente: ¿dónde están esos nuevos tratamientos siendo aplicados activamente?

Tanta investigación y presupuesto destinado a la misma -valga decir que en España sucede el milagro, pues nuestros grandes científicos se las ven con un presupuesto ridículo e, incluso así, podemos alardear de grandes descubrimientos-, ¿de qué sirve si no es aplicada al campo para el que se ha preparado y trabajado?

Quizá alguien me pueda argüir que se trata de terapias experimentales que todavía no cuentan con la aprobación de las Autoridades Médicas para ser implantadas en el Sistema Sanitario; pero, en el supuesto de un paciente que pudiese elegir entre un paliativo sometido a un porcentaje de efectividad o una cura definitiva, también, sometida a un porcentaje de efectividad, ¿qué elegiría éste?

Hablo desde la perspectiva crítica/ analítica, pero en cierto modo, también, como primera persona del singular incluida en este contexto. ¿Por qué no podemos elegir entre terapias experimentales prometedoras y paliativos que ya han demostrado lo que prometen sin llegar a convencernos? ¿Existe realmente una “censura” por parte de la Industria farmacológica?

Validar la hipótesis impuesta por la suspicacia y un tanto de mala fe consistente en admitir que las grandes farmacéuticas prefieren lucrarse, elevar el valor de sus arcas y mantener atado una especie de monopolio antes que sanar al enfermo, pues, un individuo sano no es un potencial consumidor de su producto, ¿no sería este hecho harto grave?

Lo dejo aquí. Hay algo que no me cuadra y, salvo que el lector que se aventure a comentar me aclare las dudas, seguiré navegando en aguas turbulentas por no entender el porqué de esta falta en lo que a aplicación de nuevos métodos se refiere.

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