La sutileza gestual de Tricicle

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Escenarios, 56

TRICICLE bitsTricicle se despide del mundo del espectáculo después de más de treinta años de actividad. Han conseguido su objetivo: establecer el código DGMP (densidad de gags por minuto posible), del que se confiesan y proclaman campeones. Desde el día 8 del presente mes de mayo están demostrándolo en el Teatro Principal de Zaragoza, tras haberlo hecho en muchos otros lugares. Continúan en la ciudad hasta fin de mes.

Su puesta en escena es de máxima actualidad, porque arranca con la tecnología de los bits, esas unidades de información binaria que viajan por todo el planeta a golpe de ratón informático. Después, todo son risas, una suculenta procesión de golpes cómicos, ocurrencias y hasta algún homenaje, como el que hacen a Les Luthiers con un guiño de despedida.

El escenario agradece la presencia de Joan Gracia, Paco Mir y Carles Sans en estos tiempos en que se cotiza tan alta la sonrisa, porque la vida ordinaria no está para muchos destellos, y porque, lamentablemente, hay bastante público que no puede disfrutar de estos artistas colosales dado que sus recursos económicos son insuficientes.

TRICICLEEl teatro se concibió en origen como un elemento de instrucción y de entretenimiento para el pueblo, con textos fácilmente asimilables que aludían a historias míticas y a situaciones cotidianas. Luego surgieron diferentes vías expresivas, y en la modernidad de la sociedad industrial, sobre todo a partir del despliegue tecnológico del siglo XX, aparecieron espectáculos de sesgo intelectual, al alcance de auditorios más entendidos y preparados.

Sin embargo, las viejas esencias perviven, y hoy es posible hacer teatro de suficiente enjundia y significación vinculado a los gustos y aficiones de la gente normal. En esa línea se mueve y se ha movido Tricicle a lo largo de tres décadas. Sus creaciones, basadas en el lenguaje gestual, están al alcance de todo el mundo, a poca atención que se preste para captar el sentido de sus sutilezas. El espectáculo de despedida que podemos ver estos días en el Teatro Principal de Zaragoza es un buen testimonio de ello.

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