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Derecho a opinar

Última actualización: 29/08/2014 10:39
Carlos Aurelio
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PorCarlos Aurelio
Carlos Aurelio Caldito Aunión (Badajoz, 1957), un histórico 'discrepante' (utilícese ésta o cualquiera de sus formas equivalentes, tales como 'discordante', 'divergente' o 'disconforme', por ejemplo) de...
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Todos somos ignorantes… pero no todos ignoramos las mismas cosas.

“Las más difíciles de explicar son las verdades evidentes que toda la gente ha decidido no ver”. Ayn Rand.

En los tiempos que corren, se oyen por doquier frases tales como: “mi opinión también es importante”, “porque, no me negarás que yo también tengo derecho a opinar, sobre tal o cual cosa…”, “mi opinión es tan respetable como la tuya”, “es increíble lo intolerante que eres, no respetas las opiniones ajenas”… y lindezas por el estilo.

Y… ¿por qué la opinión de cualquiera es importante, existe el “derecho a opinar”, en qué consiste, que significa eso de que todas las opiniones son “respetables”, por qué hay que “respetar” las opiniones ajenas…?

Foto: carolyntiry
Foto: carolyntiry

Una de las creencias más extendidas durante los últimos años de adoctrinamiento “igualitarista” es la de que todo el mundo tiene algo que decir, e incluso, en los colegios y demás centros de estudios, se repiten, como si de dogmas de fe se tratara, frases tales como “los profesores tienen mucho que aprender de sus alumnos”.

Da igual la condición del individuo, si es muy inteligente o no, da igual su cociente intelectual, su formación académica, sus años de estudios, su experiencia profesional, o su experiencia vital, todos tienen algo que decir; toda la gente es digna de opinar aunque no tenga ni la más remota idea de que va el asunto, el caso es “ejercer su derecho”, y como bien se sabe, en España, en este momento derecho es sinónimo deseo…

Nadie debe ser tan reaccionario, tan retrógrado como para no tener en cuenta los derechos ajenos, eso es cosa de fachas e intolerantes, ¿O no?

El asunto ha llegado a tal extremo que todos esos tópicos se han transformado en inapelables, incuestionables… y, ay de aquel que se atreva a disentir, puede ser linchado metafóricamente hablando, y corre el riesgo de serlo no tan metafóricamente… En España ha llegado a convertirse en un pecado social no comulgar con tales afirmaciones. Claro que, no es de extrañar que las cosas estén “así”, después de que la gente haya visto, y oído, año tras año a “opinadores”, “creadores de opinión”, tertulianos, hablar, hablar, hablar de trivialidades, vulgaridades, nimiedades, con absoluta solemnidad, como si realmente estuvieran diciendo algo notable, fuera de lo común y en el convencimiento de que son personas ocurrentes, ingeniosas, o algo parecido; y por descontado, cada vez que opinan lo hacen ex cátedra, o al menos esa es la impresión que causa en muchos de quienes los “escuchan” (ahora ya no se dice oír, eso ya es una antigualla) de manera que para el común de los mortales, muchos de ellos gozan de un gran prestigio, de un enorme predicamento – por supuesto inmerecido-, y todo ello se convierte en un círculo vicioso, pues la gente suele recurrir con frecuencia a aquello del “principio de autoridad” para argumentar y apoyar sus opiniones; y claro, si lo ha dicho alguien que sale en los “medios”, eso es veraz, y va a misa. (argumentum ad verecundiam, argumento de autoridad o magister dixit, “falacia lógica” consistente en defender algo como verdadero porque, quien es citado en el argumento, tiene reconocida autoridad en la materia.)

Ni que decir tiene que, todo lo que sale de sus bocas lo aderezan –aunque no todos, claro- lo aliñan con zafiedades, palabras malsonantes, procacidad, y multitud de ingredientes más; y en muchas ocasiones con voces, gritos, desplantes, que la gente ha acabado integrando en sus esquemas de pensamiento y de acción como “algo normal”; si lo hacen los famosos ¿Por qué yo no? Debemos llegar a la conclusión de que algunos de los personajes asiduos a los medios de información, incluso tienen el convencimiento de que la modernidad es sinónimo de transgresión y extravagancia.

Y, como es lógico, se recolecta lo que se siembra.

Se les vende a los niños y niñas desde sus primeros años que los adultos apenas nada tienen que enseñarles, como si uno viniera al mundo con “ciencia infusa”, con un saber innato, no adquirido mediante el estudio. No es de extrañar, pues, que los alumnos no le reconozcan al profe ninguna autoridad, y tampoco piensen en la remota posibilidad de que les pueda enseñar “algo interesante y divertido” (otro de los muchos tópicos al uso) sino ni siquiera enseñarles.

Luego, para más inri, los diversos gobiernos han ido aprobando leyes, “educativas las llaman” que pretenden, dicen, acabar con las desigualdades, y por supuesto, para no perturbar a los tiernos infantes, no sea que queden impactados de tal modo que les produzca un desequilibrio emocional irreparable, han eliminado de los centros de estudio cualquier cosa que suene o huela a “selección”, notas, esfuerzo, disciplina, excelencia, y anacronismos –según su entender- por el estilo. ¡Viva la escuela, alegre y divertida! ¿Alguna vez se han dado cuenta que en los actuales colegios, institutos, facultades universitarias, lo que siempre fue excepción, ahora se ha convertido en lo común, casi diario: la fiesta?

Y de paso, tuvieron la feliz ocurrencia de instituir los llamados “consejos de centro”, pues se entiende que quienes mejor que los papás y mamás para dirigir y planificar la actividad de los centros de estudios. Ya digo, la ciencia infusa, total, ¿Para qué estudian los futuros profesores en las Universidades, si para ser enseñante vale cualquiera y cualquiera sabe?

A punto estuvieron, también, de hacer lo mismo con los ambulatorios y hospitales públicos… Al fin y al cabo, ¿No sabe toda la gente lo suficiente de salud, o más que algunos “matasanos”? Así nos va en el país en el que todo el mundo tiene derecho a opinar, como si estuviera en la taberna, hablando de fútbol, o en la peluquería hablando del famoseo…

Así que ¿Todas las opiniones son igualmente respetables?

Como se dice, también ahora, ¡Va a ser que no”

¿No sería de insensatos tener en cuenta opiniones disparatadas, de gente que lo ignora todo o casi todo de determinados asuntos? ¿Se pondría usted en manos de un cirujano ciego, por muy buena voluntad que éste tuviera?

¿No es al fin y al cabo una absoluta necedad considerar que si algo es aceptado por la mayoría, aunque sea una sandez, hay que “respetarlo” pues es la voluntad de la mayoría, y cuando la mayoría piensa así, por algo será…?

¿No es también otra absoluta insensatez, pensar que hay que acatar la voluntad de la mayoría de la comunidad, cuando esa mayoría considera que algo es veraz, por no haberse aún podido demostrar lo contrario? (Falacia ad ignorantiam)

Podría seguir poniendo cientos, miles de ejemplos, hasta aburrir, pero no es mi intención; si lo es, por el contrario llamar la atención sobre que ya va siendo hora de dejarse de pamplinas y empezar por decir que no solo no son respetable algunas opiniones, sino absolutamente detestables; también es momento de ponerse manos a la obra e impedir que siga habiendo mediocres, indocumentados, analfabetos en puestos de dirección, en ámbitos en los que se toman decisiones demasiado importantes para nuestras vidas… ¿Cabe mayor insensatez que el que las pruebas de selección de personal de cualquier ámbito de la Administración del Estado, sean decididas, desde el temario hasta los exámenes, por parte de gente que no reúne condiciones para presentarse a tal oposición, o más todavía, gente sin experiencia profesional ni vital, que nunca sería contratada en la empresa privada, dada su nula o casi nula cualificación?

Decía el personaje de Forrest Gump que, “tonto es el que hace y dice tonterías”, evidentemente nadie puede decir de esa agua no beberé, por muy alerta que uno esté; pero lo que sí tengo claro es que si alguien tiene la osadía de opinar, hacer juicios sobre algo que desconoce, o casi, el riesgo de decir insensateces es muy grande, así que en esos casos es mejor dejar que hablen quienes sepan, y esperar a tener suficiente información del asunto de que se trate…

De todas maneras, es bueno estar atentos a la opinión de los estúpidos y desinformados, pues siempre se corre el riesgo de que acaben eligiendo al presidente del Gobierno…

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Carlos Aurelio
PorCarlos Aurelio
Carlos Aurelio Caldito Aunión (Badajoz, 1957), un histórico 'discrepante' (utilícese ésta o cualquiera de sus formas equivalentes, tales como 'discordante', 'divergente' o 'disconforme', por ejemplo) de la sociedad pacense,..Yo soy un tanto apátrida y constantemente he cambiado de residencia, primero debido a la profesión de mi padre (Guardia Civil) y después por propia iniciativa... He trabajado en múltiples cosas, aunque la mayor parte de mi vida profesional la he ocupado en lo que más me ha gustado: ser profesor -de Educación Física- hasta que una severa sordera me impidió seguir haciéndolo... En estos momentos, estoy "jubilarmente jubilado"... «Cuando me separé, descubrí que en Extremadura no existía ninguna organización que estuviera por impulsar un cambio en el derecho de familia y del actual modelo de ruptura de la pareja». Así que promoví la Asociación de Padres y Madres Separados de Extremadura... Llegué a ocupar la Secretaría de Organización de la Federación de Asociaciones por la Custodia Compartida, «en la época en que el señor Zapatero, a la vuelta de las vacaciones del 2004, nos sorprendió con la noticia de que iba a reformar de la Ley de Divorcio del año 1981» Una temporada de continuos viajes a Madrid, y de entrevistas «con políticos de todo pelaje» para proponer 'mejoras' al proyecto gubernamental... «Pero, al final, no logramos arrancar ningún compromiso». «Con la Ley de Divorcio de 2005, la custodia compartida de los hijos es una insalvable carrera de obstáculos que condena a los menores a una orfandad estúpida y cruel». Es por ello que hemos decidido crear un partido político: Custodia Compartida, Padres y Madres en Igualdad,
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