Aquella languidez perpetua del ser. Crítica: Anomalisa (2015)

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anomalisa cartelMichael Stone es un sujeto incapaz de conectarse, o siquiera sentir mera empatía por los demás. Siempre absorto lucha entre la inercia y el autoengaño contra ello, mientras prepara una conferencia como entrenador o motivador empresarial; consagrado y publicado vale mencionar. Durante esa noche previa al evento conoce a Lisa, quien podría cambiar su perspectiva del mundo. Una sinopsis fílmica común y corriente… por ahora.

Charlie Kaufman en toda su carrera ha creado realidades a su medida, aunque jamás con el propósito de generar una experiencia visual pura o dar rienda suelta al despliegue imaginativo sensorial con fines evasivos, prefiere moldear vehículos sofocantes para confrontar aquellos rincones espesos y pringosos de la psique. Mostrando en sus, a veces, enrevesadas historias seres afectados y estancados en la presión de lo requerido por el entorno de masas, cuya sensibilidad alienada frente a la deriva existencial adquiere tal intensidad, que sus relatos consiguen ser tan ambiguos como la vida misma; donde el argumento que plantea en principio se deforma de acuerdo a los latidos de sus personajes. Solo buscan una anomalía que los saque del tedio vital.

Anomalisa es su primera incursión en la animación, además su segunda película como director, pero todavía ahonda en esas aguas conocidas y continúa su cruzada “surreal” casi psicoanalítica hacia abismos Kafkianos, sin embargo muestra una calma poco habitual de su singular cabeza, ¿lo será?

anoma bannerEsas constantes son plasmadas allí de manera modesta e incluso más directa, lo máximo que encontraras será algún coqueteo con lo onírico sin la profundidad de guiones como Resplandor eterno en una mente sin recuerdos, ni mucho menos juegos de metalenguaje y metaficcion realmente densos a la manera de su opera prima Synecdoche, New York, o tambien Adaptation y ¿Quieres ser John Malkovich?, ambas de Spike Jonze. Sutiles aun, pero dosificadas. No obstante, nunca pierde vigencia ni contundencia, alcanzando elevados rangos emocionales y cuyas pinceladas exactas estremecen en sobrecogedoras texturas. Es su texto más “sencillo” en apariencia y la ejecución es muy correcta.

Charlie aprendió lo necesario de Jonze o Michel Gondry, se aprecia en una dirección solida que guía a buen puerto todas sus ideas, manías y obsesiones, junto a la inmensa ayuda de Duke Johnson. Aun así en su meticuloso ritmo contiene detalles que necesitan de mayor observación del espectador y eso siempre le agradezco.

La elección del stop-motion me parece brillante al establecer un juego irónico de presentar los estados humanos tan honestos y sinceros en la desdibujada línea entre lo animado y lo real. El cuidado de la técnica y su bella atmosfera melancólica, aparte de potenciar ese amor del autor por la paradoja -externa e interna-, conmueve al público sin atenuantes al perpetuar la máxima del universo Kaufman: A pesar del árido terreno nihilista, siempre habrá un cándido brote de calidez.

Por lo que a mí respecta, Anomalisa me parece ideal para iniciar dentro del vasto y fecundo mundo existencialista de su creador, aquel transgresor narrativo que deconstruye lo llamado realidad y tal vez… la suya.

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