El contrato único que ofrece Ciudadanos

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RiveraEl objetivo último de los legisladores debería de ser captar las necesidades de la sociedad y dotarlas de unas reglas de juego adecuadas para que el sistema funcione de la mejor manera posible, es decir, deben de ser capaces de entender a la sociedad y legislar en base a ella, no intentar que la sociedad se adapte a la legislación, lo cuál produce efectos chirriantes de consecuencias impredecibles.

Muchos son los ejemplos al respecto, pero el más importante es la legislación laboral que lleva enquistada en unos conceptos prehistóricos que siguen condenando a empresarios y trabajadores a convivir con el fraude de ley permanente de los contratos temporales, sin que nadie se atreva a atajar el problema de una vez por todas.

Nadie duda que los contratos temporales tuvieron su sentido en los años 80, fueron necesarios y cumplieron su labor, pero hoy en día se han convertido en contratos de prueba que incrementan la precariedad y eternizan la incapacidad de estabilidad de los jóvenes de este país.

Las empresas, conocedoras de las rigideces del contrato indefinido, inician todas las contrataciones desde la temporalidad, sea o no justificada, y los trabajadores, sabedores de sus derechos de desempleo, dudan de aceptar el contrato indefinido que les condenaría a no poder abandonar la empresa por su propia voluntad sin renunciar al subsidio.

En definitiva, el primer paso para cualquier análisis riguroso es aceptar que la situación actual es insostenible y nos sigue llevando a cifras de desempleo escandalosas, independientemente del ciclo económico en el que nos encontramos.

Por ello es de agradecer que haya agrupaciones políticas valientes, como lo fue UPyD en su día y lo es ahora Ciudadanos, capaces de ofrecer una alternativa, sobre la que se puede debatir pero que al menos da una solución plausible al problema.

El contrato único es la adaptación de la legislación a la realidad de la sociedad, más allá de que los defensores de lo políticamente correcto sigan intentando defender lo indefendible sobre unos derechos laborales enquilosados y un entramado empresarial que nada tiene ya que ver con tiempos pretéritos.

La sociedad ha cambiado a un ritmo vertiginoso en los últimos 20 años pero las relaciones laborales no han sabido adaptarse a este giro copernicano por culpa, en gran medida, de unos sindicatos demasiado institucionalizados con estructuras mastodónticas que mantener.

Por ello, es bueno que se debata sobre el contrato único, con diferentes opciones de indemnización (vaya por delante, y en algún artículo ya lo he escrito, que yo me decanto por la indemnización cero, con otras contraprestaciones eficientes), porque es la solución real a un problema real, sin caer en tópicos que suenan más a la Revolución Industrial que a una sociedad moderna del siglo XXI.

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