Las aguas de la eterna juventud, de Donna Leon

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  • Donna Leon exquisita dama de la Novela policíaca, recibe por sus valores propios el Premio Pepe Carvalho 2016. Memoria de Vázquez Montalbán

las aguas de la eterna juventud donna leonExpreso convencido que la más reciente novela de suspense e intriga en su fructífera carrera literaria de esta dama actual en el espacio literaria de género policíaco que es Donna León, Las aguas de la eterna juventud, la considero la mejor de sus 25 títulos publicados en veinticinco años de rica e intrigante carrera como escritora, siempre amena y denunciadora en sus análisis sociales.

He leído y comentado en los diversos medios en los que colaboro casi todas sus novelas. Ninguna de las anteriores he encontrada mala o regular. Todos las sitúo en las alturas de la lista de escritores del género policíaco, por buena calidad, mesura y cuidado estilo narrativo de comprometido contenido. Lo que me presta repetir que Las aguas de la eterna juventud, no solamente es el título sino paralelamente la juventud creadora de la novelista, siempre meciéndose en la góndola en que navega su alto bagaje de rica lectora perfectamente trasmitida a su comisario Brunetti, aplicado fiel lector de los clásicos y el buen mangiere.

Es una gran aventura literaria que como todas sus anteriores historias entre la ficción y la realidad social, sabe marcar distancia en los planteamientos de jugoso contenido, frente a tanta mascarada enfebrecida ‘novela negra’ (gato por liebre) que nos ahoga. Y que por mi parte, desde hace un tiempo vengo señalando.

La buena calidad desde sus clásicos hasta la actualidad de la verdadera novela negra, ésta que ya desplazó a la también adulterada ‘novela histórica’, que igualmente cambió calidad por cantidad, de la misma manera que las inmobiliarias provocadoras de nuestra ‘crisis’. Al toque de corneta de editoriales sedientas de vender mediocridad y ajetreada literatura escabrosa como un producto chino de tienda de barrio, usurpó, salvo excepciones, durante años a la novela histórica de hondo contenido.

Luego, no está de más la devoción y el respeto de Donna Leon por los autores Raymond Chandler, Dashiell Hammett, Ross MacDonald y Ruth Rendell. “Solo leo novela negra cuando el autor escribe bien”. Y ser reconocida su maestría con el Premio Pepe Carvalho 2016 que le ha sido concedido este año que corre entre tinieblas, con justicia y acierto.

Al comisario Brunetti nunca le han gustado las cenas de gala, pero las circunstancias de relaciones sociales le fuerzan a sentirse obligado a asistir a una comedida invitación en uno de los más exquisito palacios de la ciudad de Venecia. Allí, sin pretenderlo, surgirá el compromiso de asumir la responsabilidad de llevar ciertas averiguaciones sobre un caso sucedido quince años antes de esta noche con cena especial. Este no es otro que la petición de sacar a la luz el extraño asunto de Manuela, que tuvo como protagonista a la hoy joven treintañera, cuando contaba quince años y estuvo a punto de morir ahogada. Así se lo exige esta anciana abuela de la alta sociedad veneciana condesa Demetriana Lando-Continui, quien nunca ha aceptado la versión de la propia policía, según la cual la joven se arrojó a las aguas venecianas voluntariamente siendo rescatada por un borracho. Personaje que jugará un importante papel en la historia por ser testigo vital con el que aclarar la realidad del suceso que ha dejado a esta inocente criatura seriamente perjudicada, atrapada y en permanente estado de juventud por lesión cerebral irreversible. Pues en este caso la víctima es ignorante del delito.

Novela de un estilo realista que atrapa desde el principio por esa peculiar narrativa y conversación de lo más sencillo y cotidiano, hasta que en algunos momentos de la narración todo nos resulta cotidianidad familiar intentando sacar a la luz los misterios, sin sangrienta violencia macabra.

Su prosa esta prendida de suavidad aunque transcurra entre condesas y palazzos. Lo vulgar está vedado en su escritura. Pero ella es así también en la vida natural.

Donna Leon, nacida en Nueva Jersey en 1942, residente en Venecia desde 1981, hasta hace unos años que situó nueva estancia en Ginebra. Ahora pasa el tiempo y cada vez va menos Venecia, “invadida de turistas e incomoda ante un nuevo tipo de inmigración. Brunetti sigue, eso sí, fiel a sus lecturas, y a sus a menudo aristocráticos compromisos sociales”.

Algo mucho más duro le ocurre con su país: “Para mí, viajar a América hoy es lo más parecido a viajar a Tanzania o Burkina Faso, con la diferencia de que puedo entender lo que dicen. Pero me siento completamente ajena a lo que ocurre. Veo mi país como un circo, o un zoo. No lo echo en absoluto de menos“.

Parece broma pero no lo es. Así es ella en su vida fuera de la literatura, mientras pasea su mirar creador planeando alguna nueva historia.

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