Eliminemos los sindicatos

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Multislim Adelgazar

ada colau

La huelga de Metro de Barcelona, por mediática, ha vuelto a poner de manifiesto, una vez más, la execrable actitud de los Sindicatos españoles a la hora de afrontar lo que ellos llaman su razón de ser que dicen que son los derechos de los trabajadores, aunque mucho me temo que pocas veces los acaban defendiendo, más bien al contrario.

Ligoteo

Bajo la excusa de presionar al Ayuntamiento en su negociación lo único que han hecho es utilizar el chantaje como arma arrojadiza en contra, no del consistorio, sino de los propios ciudadanos y de los trabajadores que dicen defender, porque el verdadero beneficio de citas empresariales de este calado llega al conjunto de los vecinos de la ciudad, no solo a la alcaldesa y a sus concejales, e imágenes como la que Barcelona está ofreciendo en estos momentos no invitan precisamente a repetir sede.

Fíjate tú hasta donde llega la hipocresía sindical que hasta Ada Colau, nada sospechosa de actitudes liberales, ha puesto el grito en el cielo por lo exagerado y desproporcionado de la protesta, lo que da claras muestras de dos cuestiones fundamentales: los sindicatos sobran en nuestra sociedad y los políticos siempre se colocan de perfil para aprovechar el viento que mejor les lleva.

No niego que los sindicatos tuvieron su razón de ser y que gran cantidad de los derechos laborales que hoy disfrutamos los hemos conseguido gracias a su abnegación y sacrificio,pero eran otros tiempos. En pleno siglo XXI ya no hay cabida para organizaciones mastodónticas que solo defienden los derechos de sus propias organizaciones sin importarles realmente los trabajadores y sus derechos.

Y más si nos planteamos un país como España, con más del 90% de empresas con menos de 10 empleados, ¿es creíble que una negociación colectiva puede dar cabida a todas las particularidades de estas pequeñas empresas? La micronegociación entre los trabajadores y los empresarios debería de ser la clave del sistema, con la Inspección de Trabajo velando por los abusos y un Gobierno apostando, pero de verdad, por el pleno empleo para que los trabajadores tengan el poder de la negociación.

¿Por qué dos trabajadores deben de cobrar lo mismo si su desempeño laboral es diferente independientemente de que ocupen el mismo puesto de trabajo? Los convenios colectivos desincentivan el trabajo bien hecho y premian el dejarse llevar, penalizando a aquellos trabajadores que sí que entienden la verdadera esencia del trabajo por cuenta ajena.

El empresario actual no es un explotador que sueñe con hacer sufrir a sus trabajadores, sólo es una persona que decidió arriesgar su dinero por una idea y que lucha por ella con ahínco, intentando generar ingresos para sí mismo, para sus trabajadores y para el propio Estado. Empleados y empresarios deberían de remar en la misma dirección en la búsqueda del beneficio común, y no permitir que los sindicatos sigan siendo la verdadera rémora de este país, el lastre que nos condena a salarios bajos, empresarios temerosos y tasas de desempleo excesivas.

Los políticos, especialmente de izquierdas, deberían de dejar de caer en el chantaje demagógico de los sindicatos y comprender que vivimos en el siglo XXI, para cerrar el grifo de las subvenciones gratuitas y permitir la flexibilidad de la negociación laboral llevándola a la propia empresa para que España pueda, de una vez por todas, olvidarse de la tasa de desempleo estructural que nos persigue.

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