De vuelta con el Peñón

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Peñón de Gibraltar
Foto: Pixabay

Toda mi adolescencia con los ojos puestos en el Peñón de Gibraltar

…comprendí un día que aquello era un gran calado de bellos sentimientos, soldado a España desde que el mundo era mundo.

Pero nunca entendí ese interés por la Roca.

Gaditano de Arcos de la Frontera, y viviendo durante 19 años relativamente cerca de él, me sorprendía que algo tan pequeño, anclado en un lugar tan visible, viendo pasar a infinidad de buques de carga… y que no formase parte de España.

Fueron los fenicios -incansables negociantes- los que cruzaron una y otra vez el Estrecho. Mientras que los griegos creían que su dios, Hércules, fue el que abrió el estrecho de Gibraltar. En tanto yo pensaba que aquello lo hizo una cuadrilla de pica-piedras andaluces.

Pero, pese a las guerras, todos sabían que Gibraltar era bocado exquisito: tanto por su situación geopolítica como estratégica, por lo que holandeses e ingleses se interesaron por él.

Así las cosas, a partir de entonces, día sí y día no, España y la Roca vivían ensalzados en continuos conflictos “vecinales”, sin nunca llegar a entenderse del todo.

El presidente González creyó que con la apertura de la verja se zanjarían rencillas y discordias. Pero no.

Mono peñón de gibraltar
Foto: Pixabay

Aunque los que más han sufrido han sido los habitantes de La Línea de la Concepción, a los que les están arruinando su pan. Y todo, por el tratado de Utrecht –culpable de que Gibraltar pasara a manos de Gran Bretaña-: “la plena y entera propiedad del castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, dando la dicha propiedad para que la tenga y goce con entero derecho sin excepción ni impedimento alguno”.

Y digo yo: si el tratado se firmó en 1713, ¿no han pasado ya demasiados años para seguir enredados en conflictos? Es claro que el caldero de sentimientos españoles es ahora cada día más inglés.

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