El libro de la sed, de Manuel Senra

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El libro de la sed

El libro de la sed, de Manuel SenraEl libro de la sed, de Manuel Senra (poeta humano demasiado humano, como dijo Nietzsche de Voltaire) editado por Ediciones Guadalturia, es más que un libro de poemas. Es un canto al amor, a la vida, al desamor también y a la muerte.

Cuando se frisan los límites por los cuatro costados cardinales de la existencia (vida, muerte, amor y pena que diría Miguel Hernández), la capacidad de sentirnos identificados con cada poema se multiplica. Por ello, este poemario se semeja a un compañero de viaje, y sabemos que no estaremos solos.

La “sed” de la que habla Manuel Senra no es solo una sed física, sino el concepto y eje sobre el que rota este libro. En las propias palabras del poeta “No es la sed de la fuente ni del río, /sino las pocas gotas derramadas /de la inmortalidad”. Esa sed ligada a la creación, la sed de sentir la cercanía de lo imperecedero, porque todo artista, durante un segundo al menos, ha sentido esa necesidad de traspasar los límites. Pero el camino de la creación coloca al poeta fuera de lugar, no en una órbita superior, pues el oficio de la literatura está lleno de desconsuelos. El poeta es siempre un extranjero, y su vida es descrita en estos magníficos versos con ecos de Borges y Herman Hesse: “es una fiesta larga y sola, / cuya sed va avanzando/ como lobo estepario desgarrado en aullidos”.

Llegamos como llegan / los pájaros sediento al arroyo, pues en la continua búsqueda poética, la sed es la idea que se retroalimenta y tendremos sed mientras exista el agua.

El verso se convierte en un arma feroz contra la muerte, pero ¿qué es la muerte? Según Senra, a través de estos enormes y durísimos versos:

La muerte es nunca nada. /Nada. / Un destino hacia el centro de la tierra:/puñados y puñados de ceniza,/ o rabiosos gusanos, que serán /los grandes vencedores”.

El libro se divide en dos partes: Añoranza y Lavando claridades

En su primera parte encontramos poemas reflexivos en torno al ya mencionado metaconcepto de la sed. Con poemas poliédricos en su significado y posados en una especie de atmósfera mística, Manuel Senra logra ubicar al lector en una sed metafísica, y una especie de síndrome de Estocolmo nos invade. Al igual que cuando leemos Crimen y Castigo y poco a poco enfermamos con Raskolnikov, con cada poema el lector se hallará cada vez más sediento, pero aliviado a la vez por compartir esa sed con un prójimo.

En la segunda parte de la obra, tenemos, quizás, el único remedio real contra la sed: el amor. El amor es claridad y la claridad es el fin desde el que comienza todo: “Hasta morir de amor sin estar muertos” en palabras del poeta. Destacado poema de esta parte es el poema titulado Gaviotas, que con cierta reminiscencia oriental (y no solo por la cita del haiku de Kato Shoson), nos evoca la angustia de ser hombres utilizando las gaviotas como señuelo y nos hermana con ellas al no hallar una respuesta para la vida: “Suben y bajan. Pero aún no saben /por qué el color del mar es como el cielo”.

De una técnica especialmente cadenciosa en sus construcciones, con predominio del ritmo endecasilábico y el meditado uso de los encabalgamientos; el autor logra una musicalidad que no es azarosa.

En definitiva, una obra concebida en toda su extensión, y llena de imágenes.

Quien no conozca la obra poética de Manuel Senra tendrá con este libro la ocasión de apreciarla a modo de síntesis global de su poética. Comprobando que ésta sed de la que habla el poeta lo saciará de belleza, pero lo llenará de preguntas. Y quien es capaz de llenarnos de preguntas nos hace más inteligentes, porque…

No siempre es sed de amor; hay sed de muerte,
y sed de angustia, de dolor, de llanto….
Altísima pirámide de la ambición del hombre.

La muerte es nada, buscamos el porqué sin encontrarlo, todo y nada nos llevan de la mano hacia un final que nos está vedado conocer. Aliviemos al menos esta sed con la palabra poética de Manuel Senra.

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