La mentira y el mentiroso

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La mentira es un fenómeno defensivo y natural y, aunque parezca extraño está ligada a la capacidad intelectual del individuo, a su desarrollo psicosexual y al equilibrio emocional.

  • Que las mentiras desaparezcan completamente del ámbito de la política, de la justicia, de la diplomacia, del periodismo y de otros muchos ámbitos de la vida social es algo virtualmente imposible, tal y como no pueden ser excluidas de las guerras que éstas mismas actividades, supuestamente, deberían prevenir.
  • La mentira puede hacer daño al destinatario pero en última instancia a quien más perjudica es al mentiroso, ya que le convierte en una persona poco íntegra, indigna de confianza y carente de crédito.

Descripción de la mentira

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Foto: azken_tximinoa

La mentira es un síndrome clínico caracterizado por la fabricación usualmente elaborada, consistiendo de una superestructura de algunas realidades; erigidas sobre una fundación de distorsiones engañosas. Esta condición se detecta principalmente en el grupo diagnóstico del psicopático y en otras categorías con tendencias a la impulsividad.

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Un mentiroso es una persona que tiene cierta tendencia a decir mentiras.

Una mentira nos lleva a la otra, y puede marcar, siempre negativamente, nuestra manera de relacionarnos con los demás.

La tolerancia de la gente con los mentirosos habitualmente es muy pequeña, y a menudo sólo se necesita que se sorprenda a alguien en una mentira para que se le asigne la etiqueta de mentiroso y se le pierda para siempre la confianza.

Un mentiroso se diferencia de una persona que dice la verdad en el hecho de que el mentiroso quiere esconder la verdad, mientras que el otro la quiere revelar. Un mentiroso debe tener siempre en cuenta la verdad para que al menos no se le vaya a escapar por accidente

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El mentiroso es un ser inseguro, egoísta, irresponsable, o inmaduro. O todo ello a la vez.

La mentira es tan dañina para quien la recibe como para quien recurre a ella.

Una mentira graciosa, más comúnmente como bromear, engaño con propósito humorístico, cuando la falsedad se entiende, no se considera inmoral y es una práctica utilizada ampliamente por comediantes y humoristas.

Una de las más perniciosas clases de mentira es el autoengaño. Si nos creemos y mostramos como no somos, nunca sabremos si nos quieren o desprecian a nosotros, o a la imagen fraudulenta que nos hemos fabricado.

La mentira en los adultos

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La mentira en el adulto suele ser indicio de que la persona es incapaz de aceptarse tal como es, cuando la persona tiene un justo concepto de sí misma no necesita falsificaciones para defenderse o impresionar a otros con su valía.

El adulto es mentiroso cuando no ha superado los obstáculos que le ha puesto la vida, y engaña para sentirse el triunfador que nunca ha sido.

Mientras que el anciano miente cuando no justifica, por vergüenza, los errores que ha cometido a lo largo de su existencia.

En los adultos la mitomanía se define como el trastorno psicológico consistente en mentir patológica y continuamente falseando la realidad y haciéndola más soportable; el mitómano no sublima su impulso transformándolo en arte.

La palabra mitomanía se origina del griego mitos, mentira, y manía, modismo. Con frecuencia, el enfermo, de carácter más bien paranoide, desfigura mentirosamente la propia idea que tiene de sí mismo, magnificándola (delirio de grandeza) o simplemente disfrazando unos humildes orígenes con mentiras de todo tipo, de forma que llega realmente a creerse su propia historia y se establece una gran distancia entre la imagen que tiene el enfermo de sí mismo y la imagen real.

Si bien la mentira puede ser útil y es un comportamiento social frecuente, el mitómano se caracteriza por recurrir a esta conducta continuamente sin valorar las consecuencias, con tal de maquillar una realidad que considera inaceptable urdiendo todo tipo de sistemas delirantes. Esta característica está asociada a trastornos de personalidad graves.

Pero quien se siente inferior, puede recurrir a la mentira con el intento de demostrar a los demás que tiene éxito.

El individuo, por medio de las mentiras está empeñado en obtener casi todo lo que pueda para satisfacer sus propias necesidades.

Especialistas sostienen que el mitómano tiene una tendencia patológica, un impulso irrefrenable por deformar la realidad. El contenido y la extensión de sus mentiras es desproporcionado para cualquier finalidad o ventaja personal que se pretenda con ella. Hay una intención de engaño que al individuo le resulta difícil de controlar. En la mitomanía, el sujeto supone conseguir prestigio, mejorar su imagen o percepción que los demás tienen de él, obtener afectos, bienes, manipular a las personas o simplemente dañar.

Nuestra relación con la mentira, con qué frecuencia mentimos, y qué gravedad tienen esas mentiras, la podemos ver como un índice que mide nuestro grado de responsabilidad y madurez; de cómo afrontamos las frustraciones, y si mostramos una coherencia en las actitudes y comportamientos en nuestra vida

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