La infancia de Nikita, de Alexéi Tolstói

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Tolstoi: un conde en el Soviet Supremo

Tolstoi disfrutó de una fama y un reconocimiento que poquísimos escritores rusos del período soviético llegaron a alcanzar. En una reunión, Viacheslav Molotov lo presentó como el “Camarada Tolstói, el gran escritor de la tierra de los soviets”.

Dentro del universo de la palabra escrita en la literatura existen obras cuyos personajes son niños…

…y al ser al ser tan ricas como envolventes, es placer para recomendarlas a lectores desde los diez años hasta los noventa y nueve. Y esta que comento ofrece tan alta estima. Y no exagero, puesto que no acepta comparaciones de aquellas otras narraciones, muy respetables, que señalan la edad de los lectores según el contenido.

La infancia de Nikita

La infancia de Nikita, de Alexéi TolstóiEl personaje de esta narración tiene diez años de edad. Corre, vuela y sueña, hasta con el amor de una niñita mona que lleva trenzas de terciopelo y lo ha besado.

Nuestro infantil y envolvente protagonista se llama Nikita, y su andar diario lo adorna con sueños cuando se requiere, dadas sus necesidades imaginativas e ingeniosas, por lo que tras un inquietante sueño puede despertarse muy de mañana, tan temprano, que le gana por la mano a su profesor Arkadi Ivanovich, quien cuando clarea el día tiene que zamarrearlo para que se levante… La razón no es otra que el carpintero de la casa le había prometido que para ese despertar tendría terminado su trineo de madera, toda una maravilla artesanal, de esas que ya en los países considerados civilizados, como no sea en rincones remotos, no existen. Pues no existen manos de artesano capaces de construir este tipo de joya de ensueño, que todos los niños del mundo quieren soñar en la inmensidad de una nieve azulada:  la aventura de buscar una ladera con pendiente para deslizarse por ella empujado por la fuerza de lo imaginativo.

Y con esta bellísima aventura inicia su inocencia de niño que a veces quiere jugar a hombre: domar y montar un potro, ir a una feria, soñar con una amiguita de siete años que le ha besado, tener buenos amigos, mejores criados, bien tratados, que le ayudan a satisfacer sus muchos deseos de aventuras, no siempre con el beneplácito de su buen profesor y de su madre… Lo que lleva una auténtica galería de personajes capaces de embargar a los afortunados lectores que se decidan a tener entre sus manos tan conseguida ficción literaria que logra alcanzar la realidad de colores y ambiente envidiables.

La infancia de Nikita” es una obra para la que el autor tomó a su propio hijo como modelo. El personaje da forma a una de las obras mayores de Alexéi Tolstói, junto con “Manuscrito encontrado debajo de una cama”. A ésta última la consideraba él la mejor sin duda alguna, aunque siendo la de La infancia de Nikita aquella que memorablemente logró la recreación del Bildungsroman de la literatura en lengua rusa.

En 1917 Alexéi Tolstói, a raíz de la Revolución en su Rusia del alma, marchó a París y, posteriormente, a Berlín. De esta época son las novelas “La infancia de Nikita” (1922) y “Las hermanas” (1922) en las que se palpa la nostalgia geográfica de su verdadero mundo íntimo.

Sobre su infancia, Alexéi Tolstói recordó: “Casi no leí libros para niños; posiblemente, ni siquiera los tuve. Mi escritor predilecto era Turguénev. Tenía siete años cuando oí leer pasajes de dicho autor en las veladas invernales”. A Turguénev siguieron León Tolstói, Nekrásov y Pushkin.

Puede que esta nostalgia fuera la que le llevó en 1923 a regresar de nuevo a Rusia, donde publicó El año 1918 (1927-1928) y Mañana sombrío (1940-1941), que, junto con Las hermanas, forman una trilogía titulada “El camino de los tormentos”, que constituye un análisis del papel de los intelectuales ante la Revolución.

Procedía del seno de una familia noble. Fue educado en un ambiente marxista y ateo y, después de completar los estudios superiores en el Instituto Tecnológico de San Petersburgo, se dedicó por completo a la literatura. Tras la Revolución de Octubre, vivió exiliado en París y en Berlín, pero acabó por regresar a la Unión Soviética. Entre los escritores de su país se le conocía como el «Camarada Conde», y fue uno de los pocos aristócratas a los que se les permitió el uso de sus títulos durante el estalinismo.

Entre los variados géneros literarios que cultivó a lo largo de su carrera, destacan especialmente los tres volúmenes de la gran novela histórica Pedro I (1919-1935) y Aelita (1922), obra pionera en el ámbito de la ciencia ficción. Murió en Moscú en 1945 este lejano pariente del gran Tolstói de “Guerra y paz”.

Me place, pues, señalar la acertada y justa edición de esta obra por la editorial ardicia, merece ser reconocida, difundida y digna de agradecimiento.

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