El ángel caído

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Una vieja máquina de coser recibe la tenue luz de un ventanal mientras tres hombres y una mujer en actitudes contemplativas adoran a una imagen sentada en una silla, vestida de forma recatada con una yihab y un velo. La encontró un joven de nombre Pardin cuando pescaba en las islas Banggai, en el centro de Indonesia, y relacionó su hallazgo con un eclipse solar ocurrido el mes anterior Al considerar el hallazgo como un hecho sobrenatural, la llevó a su aldea donde los habitantes, de mayoría musulmana, la veneraron en las casas como un ángel divino caído del cielo. Poco a poco comenzaron a inventar historias y atribuirle milagros.

Como en Indonesia tienen arraigadas creencias en lo sobrenatural, entre ellas la existencia de “bidadari”, un tipo de ángel o espíritu, al encontrar la imagen “varada y llorando”, comenzó el maravillosísimo. El suceso, repleto de ingenuidad, dado el entorno cultural, recuerda otros acontecimientos similares en nuestras latitudes, aunque con menos atenuantes por tener ―supuestamente― más información y menos supersticiones.

munecahinchableEl revuelo causado en el pueblo llamó la atención de la policía. Uno de los agentes descubrió el misterio: una muñeca hinchable, medio desinflada y rellena de telas. Posiblemente, les expuso la divertida y patética verdad con pesar por la inevitable desilusión y la gran dificultad de explicarle a un pueblo sencillo eso de los juguetes sexuales.

Los humanos somos dados a la ingenuidad emanada de la magia, historias de viejas costumbres, tradiciones, leyendas y mitologías mezcladas con contadas verdades. De las inquietudes trascendentes surgen mitos cosmogónicos básicos, magma cultural de nuestros orígenes. Al enfrentarnos con la tragedia de la muerte y el temor a lo imprevisto, surgen desconsuelos y la fría razón guarda silencio, pero cede la vez a los mitos para cruzar lagunas llenas de reptiles y suavizar el pedregoso caminar por una tierra hostil. El aparataje mental de los indonesios, desprovisto de certezas, alivió la monotonía de lo anodino con su ‘divina’ muñeca.

Los creacionistas, por ejemplo, aceptan sin titubeos las leyendas bíblicas, alegorías para mostrar a los hombres los designios de la divinidad, corpus de creencias para seguir, fuerza para afrontar misterios inexplicables. Es posible el desarrollo cerebral de los hombres cavernícolas al contemplar el fuego, paradigmático fenómeno de connotaciones hipnóticas. Los grandes emperadores, por ejemplo, arrastraron ―y siguen― induciendo a sus pueblos con banderas nacionalistas, religiones y mitos. El andaluz ―lo digo por cercanía― al vivir sobre mitos le será muy difícil cuajar una identidad.

No sé, parece escaso el avance, a pesar del tiempo transcurrido. Pero existe otra parte de la humanidad deseosa de afrontar su destino con realismo aun a batacazos y levantamientos por usar su exclusiva racionalidad.

Deberíamos tener cuidado en aceptar tantas cosas, inclusive la construida por el cerebro, simulación de la película exterior. Algunos seguiremos con la interrogante del origen de nuestro planeta y del fin predeterminado de la evolución y con otras muchas preguntas: «Si la ‘cinta’ evolutiva pudiera rebobinarse, ¿se darían los mismos resultados?».

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