Chaves, Griñán y Messi: o de lo metafísico, lo evidente y lo jurídico

2
32

Chaves, Griñán y Messi: ante lo evidente, metafísica en lo jurídico

  • Utilizamos la metafísica para definir los entes desde el punto de vista analógico. Weber define poder como dominación; es decir, ejercer autoridad sobre los individuos encontrando en ellos, a su vez, un grado de obediencia.
  • Otros sociólogos, como Michels, proclaman que ciertas élites, nacidas de procedimientos legítimos, entran en procesos mediante los cuales el poder se perpetúa a sí mismo retroalimentándose y produciendo más poder, a veces tiránico.

Para Gramsci y Foucault proviene de la hegemonía de un sistema de creencias

Observamos que el ente poder tiene en la dominación su esencia común. Conviene recordar tales conceptos y observaciones para percibir qué discursos llenan hoy el espacio radioeléctrico y las falacias con que suelen revestirlos.

Llamamos evidencia a aquel indicador por el que una contingencia se nos aparece intuitivamente; de tal manera que la consideramos cierta, sin sombra de duda.

En este marco, afirmamos con certidumbre; caso contrario, como alternativa desplegamos el ámbito de las opiniones. Sin embargo, engranar ente/realidad resulta complejo. Los racionalistas consideran la evidencia un principio innato de entendimiento. El empirismo niega que se llegue al conocimiento solo a través del axioma, pues estiman las vivencias requisito necesario, inexcusable. Para la fenomenología supone el cotejo de la verdad; o sea, su prueba patente. Kant realiza una síntesis de ambas propuestas. Las evidencias en su doble vertiente, racional o empírica, suelen llevarnos irremisiblemente al conocimiento de la realidad o de sus proximidades.

Chaves, Griñan y Messi: de actos jurídicos hablamos

El acto jurídico constituye un hecho humano, voluntario o consciente, que establece entre las personas relaciones jurídicas capaces de crear, modificar o extinguir derechos y obligaciones sancionados por las leyes.

Los procesos judiciales debieran mantener estrecha consonancia con lo metafísico que lleva al conocimiento y con lo evidente que implica el primer indicio de realidad. No obstante, tales sumarios jurídicos al ser garantistas deben asegurarse de la ejecución del acto punible, junto a la rúbrica voluntaria, y circunstancias eximentes, atenuantes o agravantes. Pese a lo dicho, es primordial qué inferencias efectúan tribunales o jueces respecto a ciertas consideraciones cardinales en una determinada resolución o sentencia. Verbigracia, voluntariedad en supuestos de prevaricación o fraude a la Hacienda Pública, conditio sine qua non.

Mis amables lectores se preguntarán a qué vienen estas disquisiciones tan áridas e intrincadas. La razón encamina al auto de procedimiento abreviado contra los expresidentes de la Junta Andaluza, Chavés y Griñán, junto a otros seis altos cargos. Están insertos en un asunto de prevaricación y Griñán, además, de malversación de caudales públicos. Peccata minuta para tanta ligereza conocida. El tema colea y entra de lleno en los párrafos anteriores.

Resulta extraño, casi inadmisible, que a estas alturas y dada la cantidad de dinero dispensado, presuntamente, obviando leyes, diligencias y operaciones contables (amén de auditorías reglamentarias), todavía estemos huérfanos de juicio concluyente.

Ochocientos millones de euros merecen un esclarecimiento exhaustivo que debiera completarse con casi los cinco mil millones derrochados al arbitrio en cursos de formación. Una desvergüenza que, al final, será calificada acorde a ley. Me admira e indigna, a partes iguales, que prebostes socialistas -arropados por comunicadores sectarios- se hastíen de atribuir a otros fechorías que niegan a propios con parecida insustancialidad. Cuando el sentido cambia, me asaltan parejos humores.

Desde un razonamiento metafísico, ambos expresidentes -ostentadores de un poder omnímodo- chasquean al tribunal (y al pueblo) cuando afirman tener nulo conocimiento de los hechos. Con menor recato en este sistema cuya base es el monolitismo partidario. De aquí la cínica declaración al afirmar que desconocían todo, para aseverar a renglón seguido, desnudando una incoherencia notoria, que pudo haber errores mas no irregularidades. Comparten consignas con aquellos indeseables del PP. Desconcierta que Felipe González, asimismo otros cargos orgánicos y políticos, afirmen -sin domeñar cautela alguna- la honradez de los citados. Creo que no hay forma mejor de hacer el ridículo ante la sociedad española resuelta a aportar su propio veredicto fundamentado sobre unas evidencias incontestables. A mí, parte mínima de este pueblo español, me llevan los demonios (es un decir) cuando veo en televisión los esfuerzos de determinados socialistas en hacernos comulgar con ruedas de molino (es otro decir), tanto si se refieren a rivales cuanto a conmilitones.

Si no fuera ya abstencionista campante, lo sería a partir de ese minuto.

Ayer estaban citados Messi y su padre a declarar por un presunto fraude de cuatro millones de euros.

Sus razones/excusas, una holganza de lo metafísico, servirán para despertar una generosidad adscrita a los ininteligibles senderos de lo jurídico. Contentará, además, a esa pléyade de vacuidad capaz de aceptar los mayores vicios si son realizados por los nuestros, ídolos o no tanto. El desconocimiento de la Ley no exime de culpabilidad, más si admitimos presunta aquiescencia en la formación del entramado financiero al objeto de ocultar bienes.

Hace cuatro años, a mi esposa por poner a su madre como sujeto deducible (así lo hacía todas las declaraciones), cuando pasaba ochenta euros del mínimo legal por subirle la pensión, le incoaron un expediente sancionador. La cantidad errada no llegaba a trescientos euros. Tuvo que abonarla incluyendo multa y descuento que hubo de sufragar por presentar recurso administrativo (rechazado) referido a la falta de voluntariedad que Hacienda dio por supuesta. Ordinaria y metafísicamente, sin calificativos.

Hacienda no somos todos; tengo pruebas palpables y muchos de ustedes evidencias sobradas. Nos pasa por no ser políticos, financieros, deportistas o estrellas variadas y variopintas, a excepción de quienes sufren el celo ejemplarizante.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here