Richard Ford: imaginación para vivir, para disfrutar, para amar

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Justo Premio Princesa de Asturias de las Letras 2016 a Richard Ford

Richard Ford es un escritor de modestia insobornable como escritor, como lector y como creador.

  • No tienes que ser inteligente, más que inteligente, hay que ser imaginativo. Tener imaginación para vivir, para disfrutar, para amar, imaginación todo el tiempo.
  • Solo hay que creer que todo lo que hacemos en la vida es importante.
Richard Ford
Richard Ford. Foto: Laura Wilson

Claridad manifiesta del valorado escritor norteamericano de origen judío Richard Ford cuando señala, que “la literatura tiene que ver más con la artesanía que con el arte“.  Criterio que se confirma con esta excelente novela merecedora de su título Canadá, pues ese inmenso país vecino del suyo, no menos grandioso, es la geografía en la que un niño-hombre, por circunstancias que la vida provoca, se ve obligado a cruzar la frontera buscando refugio, para vivir una inesperada aventura llena de emoción y sumisiones entre desaliento y aguerrido pulso.

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Destaca la constancia realista del adolescente, interpretando su papel de enternecedor protagonista, de nombre Dell Parsons, quien a sus dieciséis años las circunstancias de azarosa existencia le obliga a protagonizar el rol de persona mayor.

No me atrevo a afirmar que Canadá pueda ser la mejor novela de Richard Ford, mas esa madurez y ternura que ofrece, la condición tierna, melancólica y exquisita de la que está poseída la narración, atrapa solidariamente.

En ella se cuenta la historia de este muchacho, sus acontecimientos y sinsabores, al ser detenidos su padre y madre por haber robado un banco, aventura de aficionados chapuceros víctimas de su propia inadaptación social.

Es una historia que conmueve al lector sensible por encima de toda la devoción a tan reconocido maestro de la literatura norteamericana actual. Reconocimiento concedido con toda justicia literaria (pues de la otra con la balanza, mejor callar).

Este joven personaje, hijo de una familia aparentemente normal (el padre fue militar y participante en la guerra desde un bombardero, contienda que siempre marcaría a la persona cuando tras la batalla medita los hechos), protagoniza una historia humana, demasiado humana, muy de América, que resulta al mismo tiempo desafiante.

Y en ese mundo de adultos se encuentra nuestro protagonista cuando con esa edad es víctima de la situación provocada por el padre, que arrastra en su disparatada aventura de atracador “perfecto” a la madre y, que al ser ambos detenidos lleva al inquieto Dell a un serio problema…  Para colmo de males, su hermana gemela, cansada de tanto sinvivir, decide abandonar la casa.

Dell se ve solo y con el peligro de ser recogido por la administración e internarlo en un centro de menores. Entonces decide huir, a sus 15 años, conducido y protegido por una amiga de la familia a Canadá, una aventura no buscada que le obliga a convertirse en adulto en su lucha por la vida, apoyada en la fantasía propia de la edad.

Al parecer la novela nació por una apuesta con Raymond Carver, su mejor amigo

Allá por 1986, cruzamos la frontera Carver y yo para cazar gansos salvajes.

Y Ford confirma en las primeras líneas de esta historia de calidad y emoción:

Primero contaré lo del atraco que cometieron nuestros padres. Y luego los asesinatos que vinieron después. El atraco es la parte más importante, ya que nos puso a mi hermana y a mí en las sendas que acabarían tomando nuestras vidas. Nada tendría sentido si no se contase esto antes que nada”. Cierto, que ese imaginado idílico atraco cocido en la mente del padre envuelto por el desasosiego, es la base de esta historia del muchacho obligado a actuar como hombre, sin abandonar la fantasía propia de los años. Lo que pasa factura de la desolación de una quimera del destino familiar derrumbado que ya anunciaba tan lamentable final.

Corren los años sesenta cuando Dell Parsons se ve obligado a afrontar la lucha por la supervivencia en el desolado entorno de Montana. Envuelto en la soledad que agita su mente porque “la soledad, he leído, piensa él, es como estar en una larga cola esperando a que llegue el turno, ese primer puesto donde, según se te ha prometido, algo bueno va a sucederte.

Sobrio panorama en una situación que se puede calificar de explotación por parte de la persona que ha aceptado acogerlo, conociendo su situación de fugado, y teniendo para ello que asumir unas obligaciones laborales que no son las propias para su edad. Esto le conduce a la inevitable pérdida de la inocencia, tanto del recuerdo de los padres encarcelados, como el camino que le queda por recorrer. Paso decisivo y obligado que lo lleva a alcanzar la madurez, convertirse en adulto por medio de la resistencia y el amor propio, donde la lucha forma parte del sostenimiento con el que poder abrirse camino en la vida y terminar de componer este retrato de una frágil familia americana destrozada, que nos viene contando este narrador adolescente, fiel a unos principios insobornables.

Una historia que rebosa humanismo, expuesto con el mejor estilo de un auténtico maestro, que de nuevo muestra su personalidad y compromiso con la sociedad y la literatura.

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