Es mejor no reformar la Constitución

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Siempre que se aproxima el día de celebración de la ratificación popular de la Constitución Española de 1978, se intensifican las manifestaciones relativas a los deseos que tienen muchas personas que pretenden reformar la norma suprema del ordenamiento jurídico. Ya se han producido declaraciones de representantes de los principales partidos políticos, debiendo destacarse que el PSOE, Podemos y Ciudadanos son las formaciones más proclives a modificar la Constitución, estando, el PP, en una posición más relativista, sin que muestre ya un contundente rechazo para hacer alteraciones en la Constitución, aunque no se ha llegado, en el partido que controla el Gobierno, a exponer abiertamente una postura favorable en este tema.

El problema principal es que no hay persona relevante en España que parezca querer comprender que la cuestión esencial no es la Constitución, que podría mejorarse. Lo que hay que analizar es el uso que se hace de una norma suprema y el respeto a la misma.

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Lo que es cierto es que no seria extraño que realmente se hable tanto de la reforma de la Constitución con intenciones distintas a su modificación. Es posible que, simplemente, se pretenda lograr el desvío de la atención a cuestiones que no son especialmente importantes, logrando que se ignoren elementos de gran trascendencia jurídica.

Cuando se elaboró la Constitución, existía un consenso bastante más fuerte que el que hay ahora, que se sostiene gracias a la concurrencia de intereses privados que, por regla general, están lejos de la ciudadanía. Reformar la norma superior en el presente momento resulta imposible, como indica Javier Pérez Royo, si se analizan las posiciones ideológicas de los distintos partidos políticos y las pretensiones de cada uno de sus dirigentes, que, en este asunto, discurren por sentidos contrarios, como ya se pudo observar durante los meses anteriores. Además, hay cuestiones que ya son de difícil cambio, pues cualquier alteración del actual sistema provocaría la rebelión de los perjudicados, no debiendo olvidarse el clientelismo que se ha podido formar por la organización territorial del Estado y por la estructura de los poderes públicos en España.

Ahora mismo, no es absolutamente necesario reformar la Constitución. Lo que hay que hacer es cumplirla y hacerla cumplir, logrando que su contenido sea efectivo. Cuando ello ocurra, ya se sabrá como se podría mejorar la norma suprema del ordenamiento jurídico, si verdaderamente eso es lo que se quiere.

 

Diego Fierro Rodríguez

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