Escritores Latinoamericanos Contemporàneos. Pablo Hernàn Di Marco.

1
286

Pablo Hernán Di Marco es un escritor de Buenos Aires, Argentina, ganador de la Bienal Internacional de Novela “José Eustasio Rivera” (Colombia) con su novela Tríptico del desamparo, y del Certamen Literario Ategua (España) con Las horas derramadas, como así también finalista del Premio Novela “Ciudad de Badajoz” con su novela Espiral.

E/Pablo, puedes indicarles a los amigos de este espacio de cultura, en qué consiste el premio Ategua y cómo lo ganaste con tu novela Las horas derramadas.

P: El Ategua es un premio de cuento y novela que se celebra en España y que ya cuenta con casi treinta años de historia. Solo Dios y los jurados de aquella edición saben cómo fue que mi novela resultó en su momento ganadora. Sí te puedo decir que una mañana abrí la computadora para ver el pronóstico del tiempo y me encontré con un mail en el que me pedían que prepare mi discurso de aceptación del premio. ¿Qué premio?, me pregunté confundido. Era el Ategua, al que yo había enviado meses atrás un ejemplar de mi novela por correo. Bienvenido sea. Quienes escribimos solemos tener muchas dudas en relación al valor que tienen nuestros escritos, y el que un grupo de lectores desconocidos que viven a 10.000 kilómetros de tu casa apuesten por tu trabajo es reconfortante, y también milagroso.

E/¿Cómo se puede acceder a tu libro?

P: Las horas derramadas fue editada hace pocos meses por editorial Trifaldi, de Madrid. Está disponible en librerías de España.

E/Tu otra novela Tríptico del desamparo se editó en España a través de la editorial Palabras de agua. ¿Qué tal fue esa experiencia? ¿Cómo se acoge a los autores latinoamericanos en Europa?

P: Soy un agradecido a Palabras de agua, ya que apostó por publicar Tríptico del desamparo tras su primera publicación en Colombia. Las experiencias personales no son siempre transferibles a los demás, así que no puedo decirte cómo se acoge a los autores latinoamericanos en España. Sí te puedo decir que yo en España encontré a editores como Máximo Higuera Molero y Juan de Dios Garduño dispuestos a apostar por mi trabajo, lo que para un escritor no tiene precio. De más está decir que para un escritor no hay nada más importante que escribir una historia que enamore, pero eso no es todo. El autor también sueña con publicar y llegar a la mayor cantidad posible de lectores. Así que la figura de un editor que se juegue por lo que uno escribe es invaluable.

E/Tienes fuertes vínculos con Colombia no solo por tus novelas sino también por tu labor periodística, ya que eres corresponsal en Buenos Aires de la revista Libros&Letras, medio fundado por el recientemente desaparecido periodista Jorge Consuegra, y hoy dirigido por la periodista Ileana Bolívar. ¿Puedes contarnos acerca de tu espacio en ese medio cultural que denominas “Un café en Buenos Aires”?

P: En 2013 Jorge Consuegra me ofreció escribir reseñas de libros de escritores argentinos. Más allá del honor que significó para mí que semejante periodista me ofrezca un espacio en su revista, decliné la oferta. Por un lado sé que criticaría con dureza a todo el mundo, ya que me reconozco como un lector insoportable; y por otro lado sé que sería incapaz de criticar a nadie, ya que soy demasiado consciente que aun la escritura de un mal libro lleva mucho trabajo. Conclusión: no estoy en condiciones de ser crítico literario. Entonces se me ocurrió ofrecerle a Jorge un plan b: entrevistar a autores argentinos en un ciclo llamado “Un café en Buenos Aires”. La experiencia resultó fantástica. Con el tiempo el espacio se abrió a escritores de Latinoamérica y España, y también a libreros, editores e incluso lectores. Quienes escribimos solemos encerrarnos en una cápsula, y eso no siempre es bueno. “Un café en Buenos Aires” me sirvió para comprender que, más allá de las geografías, culturas y niveles de masividad, mis anhelos y frustraciones son bastante semejantes al de los demás escritores.

E/Buenos Aires es una ciudad latinoamericana con gran movimiento cultural. ¿Puedes darnos luces de cómo es la vida de un escritor como tú en esa ciudad?

P: Las presentaciones de libros me aburren, los encuentros de lecturas de poesías me empalagan, y la feria del libro me abruma (la última vez que fui debí hacer una cola de cinco cuadras para poder entrar, no se me ocurre mayor pesadilla). Sin embargo, disfruto y valoro la movida cultural porteña. Poquísimas ciudades en el mundo cuentan con tantos bares, librerías, bibliotecas, cines y teatros como Buenos Aires, y eso, inevitablemente, enriquece la vida cotidiana. Si es cierto que el paraíso se parece a disfrutar de un libro en una librería porteña con un cafecito en la mano, yo visito el paraíso casi todos los días.

E/ ¿Hay planes para visitar a la hermosa y rica en literatura y cultura España?

P: Por ahora solo te puedo decir que a fines de junio viajaré a España, lo que siempre es motivo de felicidad. En un par de semanas te podré contar el resto.

E/No es fácil ganar dos premios literarios. He tenido el privilegio de leer tus dos novelas premiadas, y uno se encuentra ante un escritor que cuida los detalles y cuenta unas historias llenas de contenido y riqueza literaria, sobre todo en estos tiempos donde prima lo comercial. Al leer tus libros se siente leer a un Shakespeare o un Dante latinoamericano. Son contados los espacios donde no hay amiguismo, y sí un interés académico genuino en el que se premie con transparencia. ¿Tienes algo que decir a las personas que trabajan por ganar estos premios? ¿Vale la pena el esfuerzo?

P: Me vas a hacer poner colorado. Gracias por esos elogios, pero la verdad es que soy apenas un trabajador. Porque, aunque no parezca, un escritor es eso: un tipo que trabaja como un condenado, un obsesivo que pule sus textos hasta la exasperación. Como trabajo como corrector de estilo de cuentos y novelas, hay una pregunta que escucho muy seguido: “¿Hasta cuándo debo corregir mis textos?”. Y yo siempre respondo lo mismo: “Hasta que estés a un milímetro de la locura”. Un escritor no debiera ser ni un conferencista rodeado de micrófonos, ni una figurita que recorre ferias con actitud de músico de rock. Un escritor es un trabajador. Flaubert reescribió venticinco veces Madame Bovary antes de llegar a la obra maestra que todos conocemos. Eso es un escritor. Así que si algo tengo para decirles a quienes quieren recorrer este camino, es que se olviden de las luces y los aplausos. Acá no hay nada de eso. Un escritor es un obsesivo que lee, escribe y reescribe. Nada más. Y nada menos.

Gracias por compartirnos tu talento, una venia con mi sombrero por tu labor literaria

Eugenia Castaño Bohórquez

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here