Dentro del cine siempre existen los antagonistas y dentro de esos antagonistas hay personajes de leyenda que se han quedado, ¡con letras mayúsculas!, en nuestra memoria; buscando entre ellos la industria encontró a los que llamamos “malos” que son los que hacen sufrir al héroe; indagando entre estos dos arquetipos, podemos hacer un estudio sobre nuestras conductas: Inseguridades y aciertos.

Pero, me pregunto… ¿Los malos son tan malos y los buenos son tan buenos? Siempre hay un término medio; el héroe, en algunos casos, es héroe por su mundo interior.
Todos desde niños tenemos nuestros antihéroes, esos antihéroes van madurando hasta llegar a perdonar a algunos, casi siempre, porque nos causan compasión; en la literatura hay casos muy conocidos; Raskólnikov y el crimen de la vieja usurera puede ser la cúspide de cómo se le debe perdonar a un asesino, en este caso: Á‰l es el héroe y el malvado.
Hay otros casos, sobre todo, en las películas infantiles (dibujos animados…) y de aventuras (Comic…) que el villano es villano y no se explica por qué; estas cintas son para entretener a un público de palomitas que frecuenta las salas sólo para divertirse; pero, también son necesarias porque hacen su labor a la sociedad.
Siguiendo por el camino de los realmente malos quiero detenerme en una película de 1957: El tren de las 3:10 dirigida por Delmer Daves ahí podemos encontrar a uno de los mejores malos del la historia de cine Ben Wade interpretado por Glenn Ford. Su personaje es muy rico porque es uno de esos malos atrayentes pero se le detiene por asesinato; Ben Wade se pasa toda la historia intentando ser querido por el público y al final lo consigue.
Pero realmente, ¿Ben Wade es agradable o es un constante engaño? Mi opinión es que los malos de la pantalla siempre o casi siempre llegan a caer bien ¿les tenemos compasión? O ¿somos nosotros que llevamos en el ADN esa curiosidad por conocer el mal?:
¿El cine necesita personajes malos o es el público el que necesita conocer personajes villanos?
Si el cine es un reflejo de la vida, ¿la vida puede serlo del arte? Los villanos todavía respiran y son los que construyen a ese arquetipo pero en el caso de Ben Wade es el ying y el yang ni es muy bueno ni muy malo porque siempre se le perdona por ser un forajido con su banda de delincuentes.
Si pensamos que cada época tiene su moda cultural también podemos pensar que en cada época hay unos gustos que, a veces, no se corresponden con los nuestros. Es difícil pero divertido imaginarse que somos un malo cinematográfico, (¡lo peligroso seria llevarlo a nuestra vida!), en este mundo cada uno tiene su rol.
Pero nosotros convivimos en una sociedad que nos castiga (¡como castigaron a Ben Wade!) y tenemos que saber que no siempre vencemos.
Analicemos entonces: El tren de las 3:10, como una historia simple pero llena de contradicciones, ninguno de los personajes tiene la cara de malo o de bueno pero cada uno tiene su misión; es una película de perdedores y de esperas interminables; pero el final, nos reserva un hilillo de esperanza porque puede en cualquier momento llover y es la lluvia la que purifica a estos protagonistas.
¿El tren de las 3:10 nos ayuda a entender mejor a las personas?
Mientras la gente se interese por el séptimo arte esta película merece estar en el olimpo; en ella hay una enseñanza que décadas después de su estreno aún sigue de absoluta vigencia.
Muchos cineastas deberían recurrir a ella cada vez que se rueda o se escribe un guión porque cualquier obra de arte debe ayudar a canalizarnos y nunca debe quedarse sólo en el entretenimiento.
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