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Internacional

Winston Churchill

Última actualización: 18/01/2011 02:34
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Porbrodgari
Licenciado en Derecho y Ciencias Políticas / Facultad de Derecho y Ciencias Políticas / Universidad de Panamá | Doctor en Ciencias de la Comunicación y Sociología...
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Winston Churchill
Winston Churchill

 

Dr. Belisario Rodríguez Garibaldo
Abogado, Periodista, Sociólogo, Analista Político, Profesor y Escritor
Miembro del Partido Revolucionario Democrático – PRD (Panamá)
E-mail:
brodgari@hotmail.com  
Web:
http://www.pa/secciones/escritores/rodriguez_belisario.html

 

(Sir Winston Leonard Spencer Churchill; Blenheim Palace, Oxfordshire, 1873 – Londres, 1965). Político británico. A lo largo de su brillante carrera, sir Winston Leonard Spencer Churchill fue sucesivamente el hombre más popular y el más criticado de Inglaterra, y a veces ambas cosas al mismo tiempo. Considerado el último de los grandes estadistas, siempre será recordado por su rara habilidad para predecir los acontecimientos futuros, lo que en ocasiones se convirtió en una pesada carga para sus compatriotas.

 

Durante años, Churchill fue algo así como la voz de la conciencia de su país, una voz que sacudía los espíritus y les insuflaba grandes dosis de energía y valor. Su genio polifacético, además de llevarlo a conquistar la inmortalidad en el mundo de la política, lo hizo destacar como historiador, biógrafo, orador, corresponsal de guerra, bebedor de coñac y wiskie, y en un plano más modesto como pintor, albañil, novelista, aviador, jugador de polo, soldado y propietario de caballerías.

 

Nació el 30 de noviembre de 1873 en el palacio de Blenheim, por aquel entonces propiedad de su abuelo, séptimo duque de Marlborough. Su padre era lord Randolph Churchill y su madre una joven norteamericana de deslumbrante belleza llamada Jennie Jerome. No hay duda de que en sus primeros años conoció la felicidad, pues en su autobiografía evoca con ternura los días pasados bajo la sombra protectora de su madre, que además de hermosa era culta, inteligente y sensible.

 

Quizás por ello, al ser internado por su padre en un costoso Colegio de Ascot, el niño reaccionó con rebeldía; estar lejos del hogar le resultaba insoportable, y Winston expresó su protesta oponiéndose a todo lo que fuese estudiar. Frecuentemente fue castigado y sus notas se contaron siempre entre las peores.

 

Cuando en 1888 ingresó en la famosa Escuela de Harrow, el futuro primer ministro fue incluido en la clase de los alumnos más retrasados. Uno de sus maestros diría de él: «No era un muchacho fácil de manejar. Cierto que su inteligencia era brillante, pero sólo estudiaba cuando quería y con los profesores que merecían su aprobación.»

 

Churchill fracasó dos veces consecutivas en los exámenes de ingreso en la Academia Militar de Sandhurst. Sin embargo, una vez entró en la institución se operó en él un cambio radical. Su proverbial testarudez, su resolución y su espíritu indomable no lo abandonaron, pero la costumbre de disentir caprichosamente de todo comenzó a desaparecer. Trabajaba con empeño, era aplicado y serio en las clases y muy pronto se destacó entre los alumnos de su nivel.

 

Poco después se incorporó al Cuarto de Húsares, regimiento de caballería reputado como uno de los mejores del ejército. Combatió en Cuba, la India, Egipto y Sudán, y en los campos de batalla aprendió sobre el arte de la guerra todo cuanto no había encontrado en los libros, especialmente cuestiones prácticas de estrategia que más tarde le servirían para hacer frente a los enemigos de Inglaterra.

 

No obstante, la vida militar no tardó en cansarlo. Renunció a ella para dedicarse a la política y se afilió al Partido Conservador en 1898, presentándose a las elecciones un año después. Al no obtener el acta de diputado por escaso margen, Churchill se trasladó a África del Sur como corresponsal del Morning Post en la guerra de independencia de los bóers (Sudáfrica).

 

Allí fue hecho prisionero por cinco años y trasladado a Pretoria, pero consiguió escapar y regresó a Londres convertido en un héroe popular: por primera vez, su nombre saltó a las portadas de los periódicos, pues había recorrido en su huida más de cuatrocientos kilómetros, afrontando un sinfín de peligros con extraordinaria sangre fría. No es de extrañar, pues, que consiguiese un escaño en las elecciones celebradas con el cambio de siglo y que, recién cumplidos los veintiséis años, pudiese iniciar una fulgurante carrera política.

 

En el Parlamento, sus discursos y su buen humor pronto se hicieron famosos. Pero su espíritu independiente, reacio a someterse a disciplinas partidarias, le granjeó importantes enemigos en la cámara, incluso entre sus propios correligionarios. Así pues, no es de extrañar que cambiara varias veces de partido (conservador a liberal) y que sus intervenciones, a la vez esperadas y temidas por todos, suscitaran siempre tremendas polémicas.

 

Tras ser designado subsecretario de Colonias y ministro de Comercio en un gobierno liberal, Churchill previó con extraordinaria exactitud los acontecimientos que desencadenaron la Primera Guerra Mundial y el curso que siguió la contienda en su primera etapa. Sus profecías, consideradas disparatadas por los militares, se convirtieron en realidad y sorprendieron a todos por la clarividencia con que habían sido formuladas.

 

Churchill fue nombrado lord del Almirantazgo y se embarcó inmediatamente en una profunda reorganización del ejército de su país. Primero se propuso hacer de la armada británica la primera del mundo, cambiando el carbón por petróleo como combustible de la flota y ordenando la instalación en todas las unidades de cañones de gran calibre. Luego puso en marcha la creación de un arma aérea y, por último, decidido a contrarrestar el temible poderío alemán, impulsó la construcción de los primeros «acorazados terrestres», consiguiendo que el tanque empezasea ser considerado imprescindible como instrumento bélico.

 

Finalizada la contienda, Churchill sufrió las consecuencias de la reacción de la posguerra y durante un tiempo fue relegado a un papel secundario dentro de la escena política. En 1924 se reconcilió con los conservadores y un año después fue puesto al frente del ministerio de Hacienda en el gobierno de Stanley Baldwin.

 

Era una época de decadencia económica, inquietud, descontento laboral y aparatosas huelgas, y el conservadurismo obstinado de que hacía gala no contentó ni siquiera a sus propios colegas. En una palabra, todo el mundo estaba cansado de él y su popularidad descendió a cotas inimaginables años antes. Entre 1929 y 1939, Churchill se apartó voluntariamente de la política y se dedicó principalmente a escribir y a cultivar su afición por la pintura bajo el seudónimo de Charles Morin. «Si este hombre fuese pintor de oficio dijo en una ocasión Picasso, podría ganarse muy bien la vida.»

 

Churchill siguió perteneciendo al Parlamento, pero durante esos años careció prácticamente de influencia. Las cosas cambiaron cuando, al observar la creciente amenaza que Hitler constituía, proclamó la necesidad urgente de que Inglaterra se rearmase y emprendió una lucha solitaria contra el fascismo emergente. En reiteradas ocasiones, tanto en la cámara como en sus artículos periodísticos, denunció vigorosamente el peligro nazi ante una nación que, una vez más, parecía aquejada de una ceguera que podía acabar en tragedia.

 

Tras la firma en 1938 del Acuerdo de Munich, en el que Gran Bretaña y Francia cedieron ante el poderío alemán, la gente se dio cuenta nuevamente de que Churchill había tenido razón desde el principio. Hubo una docena de ocasiones en las que hubiera sido posible detener a Hitler sin derramamiento de sangre, según afirmarían después los expertos. En cada una de ellas, Churchill abogó ardorosamente por la acción.

 

El 1 de septiembre de 1939, el ejército nazi entró con centelleante precisión en Polonia; dos días después, Francia e Inglaterra declararon la guerra a Alemania y, por la noche, Churchill fue llamado a desempeñar su antiguo cargo en el Almirantazgo. Todas las unidades de la flota recibieron por radio el mismo mensaje: «Winston ha vuelto con nosotros.»

 

Los mismos diputados que una semana antes lo combatían con saña, lo aclamaron puestos en pie cuando hizo su entrada en el Parlamento. Pero aquella era una hora amarga para la historia del Reino Unido. La nación estaba mal preparada para la guerra, tanto material como psicológicamente. Por eso, cuando fue nombrado primer ministro el 10 de mayo de 1940, Churchill pronunció una conmovedora arenga en la que afirmó no poder ofrecer más que «sangre, sudor y lágrimas» a sus conciudadanos.

 

El pueblo británico aceptó el reto y convirtió tan terrible frase en un verdadero lema popular durante seis años; su contribución a la victoria iba a ser decisiva. Churchill consiguió mantener la moral en el interior y en el exterior mediante sus discursos, ejerciendo una influencia casi hipnótica en todos los británicos.

 

Formó un gobierno de concentración nacional, que le aseguró la colaboración de sus adversarios políticos, y creó el Ministerio de Defensa para una mejor dirección del esfuerzo bélico. Cuando la Unión Soviética firmó un pacto de no agresión con Alemania, y mientras los Estados Unidos seguían proclamando su inamovible neutralidad, Churchill convocó una reunión de su gabinete y con excelente humor dijo: «Bien, señores, estamos solos. Por mi parte, encuentro la situación en extremo estimulante.»

 

Por supuesto, Churchill hizo todo lo posible para que ambas potencias entrasen en la guerra, lo que consiguió en breve tiempo. Durante interminables jornadas, dirigió las operaciones trabajando entre dieciséis y dieciocho horas diarias, transmitiendo a todos su vigor y contagiándoles su energía y optimismo.

 

Por fin, el día de la victoria aliada, se dirigió de nuevo al Parlamento y al entrar fue objeto de la más tumultuosa ovación que registra la historia de la Asamblea. Los diputados olvidaron todas las formalidades rituales y se subieron a los escaños, gritando, aplaudiendo y sacudiendo periódicos. Churchill permaneció en pie a la cabecera del banco ministerial, mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas y sus manos se aferraban temblorosas a su sombrero.

 

A pesar de la enorme popularidad alcanzada durante la guerra, dos meses después el voto de los ingleses lo depuso de su cargo. Churchill continuó en el Parlamento y se erigió en jefe de la oposición. En un discurso pronunciado en marzo de 1946 popularizó el término «telón de acero» al comunismo (Unión Soviética, Pacto de Varsovia y muro de Berlín) y algunos meses después hizo un llamamiento para impulsar la creación de los Estados Unidos de Europa.

 

Tras el triunfo de los conservadores en 1951 volvió a ser primer ministro, y dos años después fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura por sus Memorias sobre la Segunda Guerra Mundial. Alegando razones de edad, presentó la dimisión en abril de 1955, después de ser nombrado Caballero de la Jarretera por la Reina Isabel II y de rechazar un título nobiliario a fin de permanecer como diputado en la Cámara de los Comunes.

 
Reelegido en 1959, ya no se presentó a las elecciones de 1964. No obstante, su figura siguió pesando sobre la vida política y sus consejos continuaron orientando a quienes rigieron después de él los destinos del Reino Unido. El pueblo había visto en Churchill la personificación de lo más noble de su historia y de las más hermosas cualidades de su nación, por eso no cesó de aclamarlo como su héroe hasta su muerte, acaecida el 24 de enero de 1965. En la actualidad es considerado el mas grande estadista europeo del siglo XX. 

 

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Licenciado en Derecho y Ciencias Políticas / Facultad de Derecho y Ciencias Políticas / Universidad de Panamá | Doctor en Ciencias de la Comunicación y Sociología / Facultad de Ciencias de la Información / Universidad Complutense de Madrid | Doctor Honoris Causa en Educación / Consejo Iberoamericano en Honor a la Calidad Educativa (CIHCE). | Biografía | Dr. Belisario Antonio Rodríguez Garibaldo | Abogado, Sociólogo, Periodista, Analista Político, Profesor y Escritor | Nació el 30 de Noviembre de 1973 en la Ciudad de Panamá, Republica de Panamá. Realizo estudios primarios elementales en la Escuela José Agustín Arango (Panamá) y los estudios secundarios de bachillerato en el Instituto Fermín Naudeau (Panamá). Es Licenciado en Derecho y Ciencias Políticas por la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá y obtuvo el Doctorado en Ciencias de la Comunicación y Sociología por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid (España). Obtiene el Diploma de Estudios Avanzados (DEA) en Sociología por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid (España). Es Diplomado en Creación Literaria por la Facultad de Ciencias y Tecnología de la Universidad Tecnológica de Panamá. Es Doctor Honoris Causa en Educación, Master Honorífico en Gestión Educativa y Premio a la Excelencia Educativa de 2008, otorgados por el Consejo Iberoamericano en Honor a la Calidad Educativa (CIHCE) de sede en Lima, Perú. Fue miembro del Consejo Editorial de la Revista Estudiantil “CRITERIOS” de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá; fue fundador y ex dirigente de la organización estudiantil “Movimiento Nacional de Juventudes - Pensamiento y Acción Transformadora” (MNJ-PAT) de la Universidad de Panamá. Ha laborado en diversos aspectos relacionados con la asistencia legal, tanto para la empresa privada como para el Estado. Fue Investigador Asociado del Centro de Investigaciones Políticas, Sociales y Económicas (CIPSE, Panamá), fue Ejecutivo de Mercadeo y Ventas de Rodgari International (Panamá), sirvió la Practica Profesional en la Dirección de Asesoría Legal del Ministerio de Gobierno y Justicia de la República de Panamá, laboró como Asesor de Comunicación del Departamento de Relaciones Publicas de la Autoridad de la Micro, Pequeña y Mediana Empresa (Gobierno de Panamá), fue Profesor Universitario de la Cátedra de Derecho de Autor de la Universidad de Técnicas de la Comunicación (UTC, Panamá), y actualmente es Asesor Jurídico de la Cooperativa de Ahorro, Crédito y Servicios Múltiples “El Constituyente de 1972” (Panamá). Es miembro de la Asociación de Escritores de Panamá (ASEP), del Sindicato de Periodistas de Panamá y del Colegio Nacional de Abogados (Panamá), además que es miembro activo del Partido Revolucionario Democrático (PRD, Panamá). Ha colaborado con distintos círculos literarios, participado en talleres de poesía y narrativa, como en múltiples de cursos en diversas áreas en Panamá y el exterior, así como publicado poemas y artículos de diversas temáticas en revistas y periódicos nacionales e internacionales. Fue galardonado con el Premio de Poesía “Demetrio Herrera Sevillano” de la Universidad de Panamá en 1998 por el poemario “El Amanecer del Tiempo”. Ha publicados obras literarias en los géneros de Poesía, Narrativa, Dramaturgia y libros de carácter académico sobre Derecho, Política y Comunicación. Entre las obras literarias se puede destacar a los poemarios “El Amanecer del Tiempo” (Panamá, 2001), “En la Hora del Crepúsculo” (Panamá, 2002), “Los Versos Satánicos” (Panamá, 2002) y “Las Memorias del Silencio” (Panamá, 2006), además de la obra teatral “Identidad: Sociodrama de la Libertad” (Panamá, 2005) y el libro de relatos “Veinticinco Años de Soledad” (Panamá, 2005). Entre las obras académicas de textos se pueden destacar a “Los Derechos Humanos” (Panamá, 2006), “La Comunicación Política” (Panamá, 2006), “La Á‰tica Informativa” (Panamá, 2006), “El Derecho de la Información” (Panamá, 2007), “El Derecho de Autor” (Panamá, 2007) y “Las Elecciones en Panamá” (Panamá, 2009). Vale destacar la Tesis de Grado para la obtención de la Licenciatura en Derecho y Ciencias Políticas por la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá, la cual se intitula “Instituciones de Garantía y Protección de los Derechos Humanos de Libertad de Expresión e Información en Panamá”, la cual obtuvo por parte del Jurado la Calificación de Triple A (Excelente). Igualmente vale destacar la Tesis Doctoral para la obtención del Grado de Doctor en Ciencias de la Comunicación y Sociología por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid (España), la cual se titula “Descripción Política y Periodística de los Procesos Electorales de Panamá: 1984 - 2004”, la cual mereció por parte del Tribunal la Calificación Unánime de SOBRESALIENTE.
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