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Cultura

Dos naturalezas en el Auditorio de Zaragoza

Última actualización: 29/07/2014 10:46
JavierAguirre
JavierAguirre
JavierAguirre
PorJavierAguirre
(Logroño, La Rioja, 1945). Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid. Pertenece al Cuerpo Facultativo de Archiveros y Bibliotecarios del Estado. Fue...
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Consonancias 64 

 Gustavo Dudamel
Gustavo Dudamel

La Symphonieorchester des Bayerischen Rundfunks –Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera–, mítica formación alemana dirigida en esta ocasión por el venezolano Gustavo Dudamel, presentó hace unos días en el Auditorio de Zaragoza un programa típicamente naturalista. La civilizada ‘Sinfonía Pastoral’ de Beethoven, frente a la salvaje ‘Consagración de la Primavera’ de Stravinski. Dos visiones contrapuestas de una misma realidad: la naturaleza en todo su esplendor y con todos sus ingredientes, desde el entorno físico hasta el contenido humano.

En la música descriptiva es relativamente fácil identificar objetos y situaciones a través de las melodías, las armonías y los ritmos. Estas dos obras son absolutamente transparentes, porque así las diseñaron sus creadores. Aunque Beethoven denominó a los tiempos de su composición de forma académica (allegro, andante, etc.), también añadió una descripción realista de las escenas, como había ocurrido en obras emblemáticas anteriores, por ejemplo en ‘Las Cuatro Estaciones’, de Vivaldi. En ambos casos es obvia su vinculación a la naturaleza, a la que dedican los compositores sus mejores recursos creativos.

L. van Beethoven
L. van Beethoven

Considerando la ‘Sinfonía Pastoral’ de Beethoven en su totalidad, podemos afirmar que la consistencia, variedad y fuerza de esta música procede de alguien en constante comunicación con la naturaleza, de la que ha llegado a conocer los secretos de su movimiento y su reposo; a pesar de la violencia de sus tempestades, sabe que ella representa la paz y la felicidad.

El músico de Bonn indica, al empezar su partitura, que su obra es una evocación de sentimientos, más que una descripción de objetos o escenas, dejando que el oyente descubra por sí mismo las sugerencias contenidas en la música. Pero, al mismo tiempo, pone al principio de cada movimiento un título descriptivo.

En el primer movimiento, Allegro ma non troppo, se refiere a los apacibles sentimientos que despierta la contemplación del campo.

Una sencillez de carácter rústico impregna melodías y armonías. Las primeras frases, diáfanas y ondulantes, definen el ambiente de todo lo que sigue. Los sonidos de la naturaleza suelen repetirse, de modo que Beethoven reitera en este movimiento, por ejemplo, el canto de los pájaros.

Al segundo, Andante molto mosso, lo define como ‘Escenas junto al arroyo’. Las fuerzas de la naturaleza están representadas en el vigoroso impulso del tempo, pues nos habla no solamente de la quietud que se disfruta junto al arroyo y del eterno fluir del agua, sino también del poderoso e incesante movimiento cósmico.

El tercer movimiento, Allegro, queda descrito con gran claridad: ‘Fiesta campestre’. Aparecen los músicos populares que no acaban de dominar sus instrumentos, aunque consiguen marchar por fin juntos, organizando la fiesta y el baile.

Llega el cuarto, Allegro, ‘La tempestad’. De pronto, descarga la tormenta con toda su furia y la música adquiere una violencia inusitada. Muchos compositores han escrito sobre el tema de la tempestad y han imitado el retumbar del trueno y el chasquido del rayo, pero tal vez ninguno lo ha conseguido con tanta eficacia como Beethoven.

El último movimiento, Allegretto, es el himno de los pastores después de la tormenta, un canto de acción de gracias con el que el compositor expresa la concordia final de los seres humanos con los elementos naturales.

Igor Stravinski
Igor Stravinski

En un extremo significativamente opuesto está la ‘Consagración de la Primavera’ de Stravinski. Según refiere el compositor, en los primeros meses de 1910 tuvo una visión imaginaria que retrataba un solemne rito pagano: los ancianos sabios, sentados en un círculo, observaban a una muchacha que bailaba hasta morir. La estaban sacrificando para propiciar al dios de la primavera. Concibió la música para un ballet, que pusieron en pie el decorador Nicolai Roerich y el empresario y coreógrafo Sergei Diaghilev. Diaghilev captó de inmediato la idea para un ballet y les pidió a Roerich y Stravinski que elaboraran una ambientación adecuada.

La composición musical responde a una única idea: revelar el misterio y mostrar el poder creador de la primavera. La pieza no tiene un argumento definido en el sentido tradicional, pero los títulos de la sucesión coreográfica son muy elocuentes: desde el ‘Beso de la Tierra’ hasta la ‘Danza del sacrificio’ van sucediéndose escenas de gran densidad descriptiva, mostrando los elementos de la naturaleza desatados con los que interactúan los personajes que protagonizan la ceremonia.

Los contrastes son tremendos, desde el estrépito estremecedor de metales y percusión hasta las fluctuaciones más dulces del oboe, la flauta o el violín. El retrato de las fuerzas naturales es precioso y contundente. La maestría de los músicos alemanes y de su director resaltaron la excelencia de la partitura.

Al terminar el concierto encontré un señor mayor vivamente estremecido, con señales recientes de una emoción acuosa, que me confesó haber hecho, durante las casi dos horas de la sesión, un fastuoso viaje interior por la insondable profundidad de la naturaleza. Porque la propina final, incluso, con un amable fragmento de Leonard Bernstein, leído con extrema pulcritud y delicadeza, hizo retornar a su cauce sereno las aguas más encrespadas de la vida.

ETIQUETADO:música
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JavierAguirre
PorJavierAguirre
(Logroño, La Rioja, 1945). Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad Complutense de Madrid. Pertenece al Cuerpo Facultativo de Archiveros y Bibliotecarios del Estado. Fue director-gerente de Ediciones Albia (grupo Espasa-Calpe), en Madrid; y director de la Biblioteca Pública del Estado y del Archivo Histórico Provincial en Teruel . En la misma ciudad desempeñó el cargo de Director Provincial de Cultura y Educación durante la primera legislatura autonómica (1983-1987). Posteriormente fue jefe del Servicio de Archivos, Bibliotecas y Museos del gobierno de Aragón. Es miembro del Instituto de Estudios Turolenses . Ha publicado más de sesenta trabajos (libros, ponencias, artículos, etc.) de carácter profesional, destacando Aprender en la Biblioteca (Zaragoza, 1982) y Bibliografía de la ‘Miscelánea Turolense ’ y de la biblioteca del Instituto de Teruel (Zaragoza, 1993), así como cinco volúmenes de Catálogos de los Archivos Municipales Turolenses (Teruel, 1982-1990), hallándose en curso de edición el sexto. Ha traducido del francés, inglés e italiano una treintena de libros de temas históricos, musicales, filosóficos y literarios que han sido publicados por Espasa-Calpe, Albia, Iberonet y Obelisco. Como narrador tiene en su haber doce obras editadas en Madrid, Barcelona, Zaragoza y Logroño, destacando El Avispero (Madrid, 1977), Tres de cuadrilla (en colaboración; Madrid, 1990), Los duendes del Matarraña (Zaragoza, 1991), La última cena (Zaragoza, 1992), Magia en la fuente de Fonz (Zaragoza, 1993), Nuevas leyendas del Monasterio de Piedra (en colaboración con José de Uña ; Zaragoza, 2000), Operación Drake (Barcelona, 2001) y A ras de cielo (Barcelona, 2001). Ha colaborado en distintos periódicos y revistas, habiendo sido columnista de los diarios zaragozanos El Día y Heraldo de Aragón . Actualmente realiza la sección de música de la revista Trébede y es corresponsal en Aragón de la revista de música clásica y alta fidelidad CD-COMPACT.
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