¿Qué hace un hombre, que ya ha pasado de los 70, que tiene todo el prestigio del mundo, que no aspira a ningún cargo y cuyo curriculum, como los pantanos en años de demasía lluviosa, expulsa la materia excedente? ¿Qué hace, digo, un hombre que además seguramente es rico, a las 5 de la madrugada, cual un monje trapense en maitines? La respuesta es sencilla y hasta vergonzante: trabajar. A Mario Vargas Llosa la noticia del Nobel lo cogió a las 5 de la mañana, trabajando. El gesto, la circunstancia, explican meQué hace un hombre, que ya ha pasado de los 70, que tiene todo el prestigio del mundo, que no aspira a ningún cargo y cuyo curriculum, como los pantanos en años de demasía lluviosa, expulsa la materia excedente? ¿Qué hace, digo, un hombre que además seguramente es rico, a las 5 de la madrugada, cual un monje trapense en maitines? La respuesta es sencilla y hasta vergonzante: trabajar. A Mario Vargas Llosa la noticia del Nobel lo cogió a las 5 de la mañana, trabajando. El gesto, la circunstancia, explican mejor que una tesis doctoral toda una vida amarrado al duro banco de la dura galera de las letras. Despierto y somnoliento (imagino el olor a café y la luz concentrada de la lámpara), como un chaval que prepara oposiciones.jor que una tesis doctoral toda una vida amarrado al duro banco de la dura galera de las letras. Despierto y somnoliento (imagino el olor a café y la luz concentrada de la lámpara), como un chaval que prepara oposiciones.
El madrugón
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Álora (Málaga)1960. Profesor de Lengua en la Enseñanza Secundaria. Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Málaga. Colabora con artículos de opinión en prensa y en algunas webs. Publica, además, poemas y trabajos de investigación literaria, histórica y religiosa en algunas revistas.


