La Primavera

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La primavera la sangre altera, pasión genera, y el amor acelera, el día crece, la noche se achica, acongojada, cede su lugar, pierde posiciones, se aleja, se viene, se va, para no volver, hasta después del verano, hasta octubre, hasta el otoño, hasta más ver.

La primavera esconde la noche, huye de ella, la teme, por alguna razón extraña, que se me escapa, estación esquiva, promueve el día, la vida diaria en detrimento de la nocturna, la vida social vence a la ácrata, la honestidad de la luz se sobrepone a la soledad de la nocturnidad, refugio de los poetas, de los artistas, y de los atracadores.

La primavera manda mensajes a las musas que escuchan o ignoran, que vienen o van, que se quedan o se alejan, todo depende de ti, de mí, del trabajo diario, de borradores rellenando una papelera de fracaso continuo y de fustigación genética.

La primavera incita al deseo, al anhelo, al desasosiego, castiga el relajo, la reflexión, la paz, busca la guerra de emociones, de sensaciones, de creación, la fusión del núcleo artístico, energía literaria, pictórica, musical, cinematográfica, energía al fin y al cabo.

La primavera ordena y manda, exige creación, no repara en mi mediocridad, cedo ante ella por temor, y creo, mediocre, pero creo, y, entonces, la primavera me sonríe, sabe que lo intenté, que me expresé, como supe, como pude, como mi limitación me dejó, y me respeta.

La primavera ya llegó y amenaza con quedarse, con guiar mis pasos día a día, mis composiciones sin piedad, criticando los mediocre, y apreciando lo excelso, si lo hubiere, que no se conoce, pero que pudiera llegar.

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