Cultura

Tres cosas que se olvidan y se desagradecen cada 5 de abril en Norteamérica USA

Hoy, 5 de abril, yo sé que la gente tiene sus faenas,
ajoros, zozobras de sobrevivencia,
y por ellas justifica su profunda carencia
de consciencia histórica.
Todo se saca de la memoria para no sentir
ira, culpa, gratitud por los valientes,
odio por los cobardes,
para no sincerarse y ser mejor persona
con el prójimo.

Fuente http://ellietreagust.files.wordpress.com

Yo no voy a culpar, este cinco de abril,
a quienes el día de hoy no repasan el hecho
de que un tabaquero inglés, bastante mercenario,
pionero, quizás mundial, de la industria del tabaco
se llevó a una pobre indígena, la vistió de mona
y se casó con ella, para exhibirla como un cartel
de propaganda viviente y hacer su lucro
echando bocanadas de humo a su lado.

De hecho, los Walt Disney’s del mundo
hablan sobre, lucran, tergiversan en torno a
la pobre Pocahontas, hija de un cacique
de la tribu Powhatan. Supongo que, si él pudiera
hablar para el presente, no para 1614,
como padre estaría echando madre, maldiciendo ese día
en que el tabaquero John Rolfe de Jamestown,
Virginia, se llevó a su chiquilla
para hacerla propaganda de cigarros
y no traerla jamás. Puede que como otros virginianos
de esos que fuman Slim / Parliament / o Salem
o Marborough, terminará dándole una patada,
embarcarla pa’l carajo y que se muera en el viaje
el día que ella dijera: «Tengo nostalgia,
quiero ver a mi padre».

El hecho es que ella murió camino otra vez
a Virginia y supo lo que hizo cuando se fue:
evitar una guerra, admitir un matrimonio
con un desconocido. para que blancos e indios
no se enfrasquen en guerra y el mercader
de almas y cigarros hiciera el negocio lucrativo
de tratar su corazón como a un cigarro,
fumarle la colilla y tirar de nuevo
a los mares.

Pero la gente no agradece que ella sea
un símbolo de paz y no de humo,
una verdadera Madre de la Patria
(porque amó la convivencia entre culturas
más que a sus propios huesos,
[¡ay, bendita Pocahontas!] si supieras cómo han tratado al indígena
desde que te fuíste; un poco más y lo exterminan
al punto que no quedaría ni un especímen
para sus campos y reservaciones).

No voy a culpar al hombre de hoy
(pero sí les digo ingratos a decenas de generaciones
que, desde 1614, te olvidaron y preservaron
el dicho: «El mejor indio es el indio muerto».

2.

Un día, como hoy, gentuza como esa,
rednecks les llaman, se asustó
porque en decenas de ciudades el negro se echó
a las calles, quemó llantas, edificios, hizo añicos
vidrieras y comercios, porque mataron
a Martin Luther, el pacifista negro,
alguien que tenía un corazón como el tuyo,
Pocahontas.

Sí, desde el 5 de abril, año 1968, estremecieron
el olvido, la ingratitud, la cómoda impunidad,
la falta de consciencia y dijeron a los blancos:
«Agradezcan, cabrones, que hay gente de paz
en medio de su insolencia y su racismo,
gente que da la vida, organiza, educa,
restaura los valores con que ustedes se limpian
sus reverando anos, anglicanos, calvinistas,
luteranos, católicos y protestantes de mierda».
Agradezcan que Martin Luther King Jr.
no está en la droga, en la pandilla,
en el comercio político de guerra
y esa escoria moral que llaman ustedes
el neoconservatismo, mentís
a lo mejor que se abre paso en este pueblo,
un poco de democracia representativa
e inclusión, derechos civiles
para el más oprimido.
«Agradezcan, cabrones, porque enseñar
con esta ira es peligroso, y pone en riesgo
la vida de los inocentes».

3.

«Matthew was an optimistic and accepting young man
who had a special gift of relating to almost everyone»:
Matthew Shepard’s father

La pequeña nota, de apenas cuatro líneas,
sobre Pocahontas en sacrificio de paz por los Powhatans
y los blancos de la colonia de Virginia, se puso
en la edición del diario de la tarde
porque es el año de intenso cabildeo
por las tabacaleras y el consorcio de los Estudios Disney
sacó sus muñequitos que frivolizan de plano
la traviesa y romántica Pocahontas.
Ahora posan de multiculturales, amigos de lo diverso.
No la rememoran, sino tergiversándola, haciéndola
tan ñoña y tan pendeja para que no luzca
con dimensión política, potentemente madre de la patria.
Todo lo diseñan en pos de cancioncitas
y estribillos de duérmete, nene.

Y, en ese diario, hoy también, en fecha
fdel 5 de junio, año de 1999, se rememora
con breves líneas que un joven estudiante
de la Universidad de Wyoming fue torturado.
Se le asesinó cobardemente
por los patanes Russell Henderson
y Aaron McKinney. Ya el primero fue convicto
con dos perpetuas, pero el segundo se evade
y tiene una coartada, porque las novias
de estos asesinos no han aprendido a mentir
lo suficiente. Vacilan, temen, com esos juegos
canallas del miedo ante el chantaje.

Puede que no se mencione otra cosa
(por morbo, afán de escándalo) que la prensa se permite.
La víctima fue homosexual
(sí, gay, maricón, amanerado, como quieran decirlo),
pero también, más significativamente,
fue un ser humano, con consciencia política,
representante ante el Concilio Ambientalista de Wyoming,
con gran pasión por las causas de igualdad,
pero, a gritos de maricón, lo ultrajaron,
desbarataron su cráneo, le dieron una docena
de cuchilladas en el rostro. Y quedó en coma
y, en tal estado, que no se le pudo salvar
ni con médicos chinos ni milagros.
Ni con todas las vigilias de velas encendidas
a lo largo y ancho de las calles de Laramie.

Dos hombres lo llevaron a un área remota,
a punta de pistola lo robaron.
Practicaron las cosas que se olvidan
para que no se hablen: tortura y ausencia
de valores entre los hombres blancos, enfermos,
machistas, homofóbicos, cobardes…

¡Pobre Matthew, te voy a recordar
por los que olvidan a las pocahontas,
a los martin luthers, a los malcolm x,
en los 5 de abriles, año tras año!

No me eximiré esta vez de culpar a esos
dos asesinos. «Es demasiado reciente tu muerte
para que yo olvide, ejemplos que se desagradecen
como tu vida, desde 1995, año de tu excursión a Morocco,
reconstruyéndose de la homofobia del mundo
que desde entonces te hostigara,
deprimiéndote, sujetándote al pánico,
a tí que sólo deseaste un mundo armonizado
como el soñado por la india Pocahontas,
como el soñado ante multitudes por Martin Luther,
asesinado a la postre».

Leo la prensa. Busco las cosas
que se olvidan y se malagradecen.
Héroes o mártires. Por los que se dicen cansados
para dar un lamento, leo,
por los muy entretenidos, rememoro
y hasta culpo a quien no habla claro,
e ignora el fundamento y cree que la vida
es un jardín de rosas, cuando están los homicidas
en faena, los corruptores en ventaja,
los forjando impunemente su reino.

5 de abril de 1998 / De «El libro de anarquistas»

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Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.