Enfrentar la crisis en beneficio no aplazado de la ciudadanía

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Islandia, en el noroeste de Europa, ha ignorado las “reformas estructurales” y “ajustes” que piden FMI, Comisión Europea, OCDE y demás gendarmes al servicio de la minoría privilegiada.

Tras la II Guerra Mundial, Islandia se desarrolló, prosperó e instauró un estado de bienestar con una distribución de riqueza semejante a la de otros países nórdicos. Pero en los ochenta y noventa empezaron a imponerse directrices neoliberales, suprimiendo normas y controles al movimiento de mercancías y capitales y, en 1998, se privatizó la banca pública. A principios del milenio, el neoliberalismo ya imperaba en Islandia: se redujeron impuestos sobre la renta y sobre el patrimonio de los más ricos y el impuesto de sociedades se redujo hasta ser de los más bajos de Europa.

Estalló la crisis y con ella el derrumbe a finales de 2008. Los bancos islandeses cayeron en bancarrota por sus abundantes trampas y enjuagues financieros. Enjuagues que no hubieran perpetrado sin la complicidad del Banco Central de Islandia. El FMI prestó 2.100 millones de dólares y quiso dirigir la economía islandesa. Para salvar el Banco Central islandés y rescatar a los bancos privados, pidió dinero público. Entonces miles de islandeses organizaron protestas continuas en la calle exigiendo al gobierno neoliberal que se fuera. El gobierno se fue y un gobierno provisional de izquierdas se hizo cargo del país.

El nuevo gobierno sometió a referéndum si había que pagar las deudas de los bancos con dinero de todos y el 93% de los islandeses votó que ni en broma. Se pospusieron las medidas de ajuste propuestas por el FMI y el gobierno empezó a investigar las canalladas financieras para que sus responsables pagaran. Liberados de la pesada rémora de la deuda bancaria, la recuperación económica ha sido posible con la pesca, el turismo y la exportación de aluminio como base. Islandia ha crecido un 1,2% en el tercer trimestre de 2010 y el paro se mantiene en un máximo del 8%. Forzado por una ciudadanía combativa, el gobierno islandés dejó hundirse a los bancos para ahorrarse el coste del rescate; ahora crecen las exportaciones, las familias gastan de nuevo y la economía funciona. Pero esto no sale en ningún telediario ni portada de periódicos. Podría haber contagio.

En la otra punta de Europa, en España, el gobierno de Zapatero ha firmado un pacto con sindicatos y empresarios que presenta como la purga de Benito que todo lo cura. Pacto que incluye una onerosa reforma de las pensiones públicas, aunque Zapatero pretende que es para recuperarse. Pero mientras Islandia sólo tiene un 8% de desempleo y la vida económica fluye de nuevo, el paro en España es de más del 20% (más de 4.200.000 desempleados), duplicando la tasa de desempleo de la Unión Europea. ¿Más diferencias? El gobierno y la clase dirigente española, incluidos banqueros, accionistas mayoritarios, grandes empresarios, más dueños y dirigentes de medios de comunicación, comulgan felices con las ruedas de molino de las reformas regresivas del FMI, Comisión Europea y OCDE: reforma laboral, reforma de pensiones públicas (hasta un 24% menos de dinero a cobrar por los pensionistas, según los sindicatos), recortes sociales, en sanidad, en educación…

El regreso a la caverna. Un retroceso hasta el primer tercio del siglo XX.

Ah, pero el gobierno dice que en 2012 se creará empleo. Lo malo es que llevan dos años diciendo que el año próximo se creará empleo.

Un exponente del retroceso democrático social y miseria ética que sufren los españoles es un editorial de El País (otrora antorcha de democracia), celebrando la reforma de las pensiones. A destacar el párrafo que dice que “el pacto sobre las pensiones públicas rompe con la perniciosa actitud hostil de los sindicatos, basada en la numantina defensa de derechosque la situación de la economía y el empleo no respaldan”.

Para El País, que los sindicatos defiendan derechos de los trabajadores es pernicioso y, además, el respeto de los derechos solo es posible si lo permite la economía. El propio editorial reconoce que “la reforma supone un recorte medio de las prestaciones de un 12% para el conjunto del sistema de pensiones públicas”. ¡Celebran que los ancianos cobrarán menos!

La crisis no se enfrenta complaciendo a quienes la provocaron. Islandia es un modelo a seguir.

Xavier Caño tamayo

Periodista y escritor

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