Karma

¿Es tan importante el premio como la motivación del logro?

Nos enseñan que recibir medallas, trofeos, condecoraciones, diplomas son los premios a una trayectoria en alguna meta realizada de la vida y sí claro que se siente satisfacción, orgullo propio y ajeno cuando alguien a quien admiramos o en algunos casos a nosotros se nos proporciona alguna distinción.

photo credit: loop_oh via photopin cc

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Pero no es igual recibir medallas y honores por haber fusilado personas que por haberlas salvado, no es igual haberlas salvado a costa de otras vidas inocentes, como no es igual recibir ovaciones por alcanzar una meta si a costa de esa meta se pisotea a alguien.

Algunas veces no se reciben esos premios, incluso se pierde pero al perder se aprende el valor de la humildad, el aprecio por el sacrificio propio y ajeno, la fuerza para volver a luchar por la meta, la resistencia, la sana competencia; cuando somos adultos se puede establecer esa diferencia, lo que realmente me entusiasma al analizar este tema es saber lo que nuestros jóvenes y niños están aprendiendo porque serán ellos las nuevas generaciones, los que de acuerdo con las conductas aprendidas y lo que hayan cultivado en su mente y su corazón serán ellos los que se motiven a ser un dictador o un demócrata, un agiotista o un economista que aproveche los recursos en beneficio propio y común; un deportista campeón admirable o un campeón tramposo y así puede trasladarse a cualquier rol o situación de la vida propia o que afecte el interés social de las diferentes comunidades humanas.

El premio puede ser para unos tangible: una casa, medalla, dinero, trofeo o puede ser el reconocimiento, la aceptación social, el escalar posiciones en algún grupo, más que el premio en sí mismo es el camino recorrido, la experiencia acumulada, el efecto propio y ajeno lo que produce la satisfacción pero que puede perderse en algún instante. Muchas veces no estamos prepararados para cuando se pierde y volver a luchar cuantas veces sea necesario; también para cuando se gane mantener el norte y no obnubilarse con vanidad, tiranía o egocentrismo que son los vicios que traen consigo la injusticia hacia terceros. Es mejor tener de resultado humano: un Gandhi que a un Hitler, aunque ambos hayan conseguido grandes metas. O tener por hijo a un humilde campesino que a un ladrón de cuello blanco. Quizá la vanidad no sea la misma pero de seguro la sociedad será mejor.

por Eugenia Castaño Bohórquez, escritora

Sobre el autor

Jordi Sierra Marquez

Jordi Sierra Marquez

Comunicador y periodista 2.0 - Experto en #MarketingDigital y #MarcaPersonal / Licenciado en periodismo por la UCM y con un master en comunicación multimedia.

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